Batalla de pescadores y "piratas" por el pulpo maya

Marineros de Isla Arena, Campeche, acusan a yucatecos de Celestún de incurrir en prácticas desleales durante la recoleccción del molusco; esta situación genera encono entre las partes, que llega a ...
El cefalópodo es comerciado en el extranjero a precios elevados.
El cefalópodo es comerciado en el extranjero a precios elevados. (Héctor Téllez)

Yucatán y Campeche

Los primeros días de la temporada de pesca no pudieron comenzar peor. Sin excepción y como nunca antes, las barcas volvían casi vacías, los cangrejos que sirven como carnada indemnes y felices por no haber sido devorados por sus enemigos mortales, los pulpos. Por toda la dársena de Isla Arena —y el resto de la costa de Campeche— el comentario parecía ser el mismo: ¿Adónde se fue el molusco?

La respuesta a esta pregunta la tiene Jorge Schmidt, un peculiar pescador de Isla Arena, justo en la frontera entre Campeche y Yucatán. “Nos lo chingaron los buzos piratas”, dijo. “Los yucatecos vinieron y se lo llevaron todo”.

Por supuesto, esa es solo una de varias teorías en torno al misterio de la desaparición del pulpo maya. Hay otras: Que si el clima cambió. O que si cruzaron la frontera hacia aguas yucatecas. O que si la casi extinción del pepino de mar ha hecho que el molusco busque mejores llanuras…

Pero la más socorrida de las teorías apunta a eso, un robo masivo subacuático. Podrá sonar extraña, pero forma parte de una especie de surrealismo tropical que ha descendido sobre las aguas de la península de Yucatán, donde ahora hay batallas navales entre lancheros (con arpones y bombas molotov a manera de artillería) y barcos de guerra del gobierno federal tienen que patrullar la zona para poner orden. Como colofón, varios pueblos pesqueros están enemistados a muerte, dispuestos a incendiar lanchas a la más mínima provocación.

Y para alimentar aún más el ambiente surrealista, vía vox populi se acusa que buzos piratas se llevaron al pulpo maya.

Sí. Buzos piratas.

Aunque el nombre remite a imágenes de hombres con tanques de oxígeno, aletas y mascarillas, en realidad se trata de algo más rudimentario: pescadores que usan compresores de aire para sumergirse y buscar el pulpo a la mala, que no es otra cosa sino volando con explosivos los corales en los que se reproduce.

“Vienen y lo agarran con el arpón o explotan la roca. No les importa matar hembras aunque eso signifique que no se va a reproducir ya la especie”, dijo Schmidt, un tipo mal hablado y risueño, cuyo momento estelar en la vida fue hacerse compadre de Tomás Chan, El hombre liga de Campeche, un personaje que podía estirar su rostro de forma extraña y que en el estado tiene estatus de celebridad.

Pero de vuelta al pulpo.

Por partes: la pesca del pulpo maya, una de las industrias más importantes y lucrativas de Campeche, se encuentra hoy en crisis. La captura del molusco, conocido también como oro rojo por su elevado precio en el extranjero, experimenta un colapso inédito en su historia que ya ha desatado tensiones sociales en el estado.

Una escena que bien sintetiza el ambiente que hoy pesa en la entidad ocurrió a mediados de agosto pasado, cuando decenas de pescadores enfurecidos tomaron las calles de Campeche y amenazaron con quemar la sede de la Secretaría de Agricultura y Pesca. Acusaban inacción de las autoridades para frenar la pesca pirata desde Yucatán, en particular desde el pueblo de Celestún, algo así como la superpotencia pesquera de la región. Sus flotas de lanchas son casi leyenda, tanto como las camionetas del año de las que se han hecho muchos de sus pescadores. De ellos se dice de todo: que si tienen los mejores motores, o evaden a las interceptoras de la Marina, o depredan pulpo campechano a manos llenas, o ganan 700 dólares diarios pescando pepino de mar…

En lo que no hay debate es que las cosas se han calentado y que la enemistad Celestún-Isla Arena es solo una pequeña muestra de un fenómeno de mayor envergadura en el Caribe mexicano. Pese al patrullaje de la Marina-Armada, la frontera entre Yucatán y Campeche es ya una zona de nadie. Cruzar de un lado a otro sin permiso equivale a detonar verdaderas batallas campales.

En tanto, las batallas se multiplican —la última ocurrió hace un mes—, el consenso es que las cosas marchan mal y que pulpo no hay, por lo que ya ha comenzado la búsqueda de culpables, ubicados por muchos convenientemente en el lado yucateco de la frontera. “Empezamos muy bajos este año. Muchos pescadores lo achacan al daño que ha producido la depredación de los buzos que pescan furtivamente pepino y pulpo”, dijo Fernando Sadek, secretario de Pesca y Acuacultura del gobierno estatal. 

“Ojalá”, matizó, “que la temporada mejore pronto, con algunos temporales se podrían acercar más pulpo a la costa”.

Una acusación popular entre pescadores y autoridades apunta a que las existencias de pulpo maya se han desplomado a niveles históricos porque los buzos yucatecos cruzan aun durante la veda, que va de diciembre a finales de julio, lo que haría que la biomasa —el total de moluscos—haya descendido ya a niveles insostenibles.

Entre las teorías e hipótesis en torno al colapso pulpero, datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca permiten pintar de cuerpo completo el tamaño de la crisis.

La Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca (Conapesca) reporta que, a un mes de haber arrancado la temporada de pesca de pulpo, las seis zonas pesqueras en que se divide Campeche sufren pérdidas inéditas, algunas con caídas de hasta 75 por ciento en relación al año pasado, lo que perfila al estado a su peor temporada en una década. De no revertirse el mal fado, el efecto sobre las comunidades costeras se sentirá en cascada. De un año malo se derivan deudas. Pero de uno pésimo vienen quiebras, créditos atrasados e hipotecas no pagadas sobre lanchas y equipo.

La zona cero de esta crisis se encuentra en el litoral que comparten Isla Arena y Celestún. En la comunidad campechana, pescadores locales advierten que este año la captura de pulpo maya se colapsó en 90 por ciento.

El hecho de que los rivales en Celestún estén pescando a manos llenas (llevan 119 por ciento más de pulpo que el año pasado) no está ayudando a distender las cosas.

“De allá vienen los ladrones”, dijo Felipe Narváez, un marino que ahora se llama a sí mismo “un pescador autodefensa”. Se dedica a proteger la zona de incursiones piratas.

Señalaba hacia el norte, a la frontera yucateca.

II

En la báscula para pulpo de Isla Arena, el punto al que acuden todos los pescadores a pesar las miserias de este año, Isaías Pech, un lanchero de 33 años, cuenta que los celestuneros han comenzado a utilizar ladrillos huecos con sistemas GPS en su interior, lanzados desde sus barcos. Los pulpos, atraídos por el hueco —y el infaltable cangrejo en el interior—deciden hacer ahí su nido.

Y listo. Pulpo ubicable vía satélite. 

Que estos son tiempos de vacas flacas fue más que evidente hace unos días, en una jornada común y corriente en Isla Arena. Las barcas de la comunidad retornaron al puerto con sus contenedores casi vacíos.

La derrota se vio puntualizada aún más por el elevado número de cangrejos usados de carnada para la pesca del pulpo que sobrevivieron al día. Seguían meciéndose apaciblemente en sus jimbas. Eso quería decir que pocos moluscos picaron.

—¡No hay nada!— lamentó Pech. Para remarcar su argumento mostró la hielera que usa para enfriar las cervezas y conservar la pesca. No venía ni a la mitad de su capacidad. Aseguró que hace un año el recipiente se habría desbordado con decenas de  tentáculos, ventosas y cabezas alargadas, un revoltijo que le habría garantizado varios cientos de pesos.

La queja fue general. Conforme atracaron los demás pescadores, a lo largo de la dársena solo se oyeron lamentos: “no hay”… “jodido”… “mala pesca”… “sin pulpo”… “muy malo”… “es porque se llevaron el pepino”.

Se escuchó también la amenaza que encapsula las tensiones socioeconómicas que hoy recorren toda la región: “la culpa la tienen los piratas de Yucatán”.

Pero lo cierto es que tanto unos como otros gustan de la pesca clandestina. Tanto en Campeche como en Yucatán autoridades locales, estatales y federales denuncian que incursiones piratas se han vuelto una cosa cotidiana y que los yucatecos no tienen la exclusividad sobre el fenómeno.

En total, desde 2010 la Armada de México ha detenido a 288 personas por pesca furtiva en las aguas de nadie, esa zona fronteriza entre dos estados que hoy está más caliente que nunca.