Abandonado, el principal destino turístico de la zona Centro de Guerrero

Socorro y su familia trabajan con palas, picos y escobas en la limpieza de la cabaña número 1, lamentan que desde la contingencia no haya ninguna autoridad que se acercara al lugar para conocer lo ...

Guerrero

El Borbollón y Santa Fe, los principales destinos turísticos de la región Centro de Guerrero enfrentan una situación de abandono, a 21 días de que su modesta infraestructura quedara destruida por la creciente que generó la tormenta tropical Manuel.

Ambos cuerpos de agua forman parte del circuito río Azul, que en el argot popular es conocido como el Acapulco de los pobres y pertenecen al municipio de Quechultenango.

Las afectaciones que sufrió la cabecera municipal captaron la atención de autoridades y medios de comunicación, ya que en las colonias ubicadas en la parte baja hubo más de un centenar de viviendas arrasadas, por eso los apoyos de organismos no gubernamentales y entidades de gobierno se focalizaron ahí.

La difusión sobre la situación de Quechultenango cobró tal fuerza que hasta el boxeador Saúl “Canelo” Alvarez acudió para apadrinar la reconstrucción de 85 viviendas, sin embargo nadie mencionó lo que se vive en los principales balnearios del área, que son la fuente de ingresos para parte importante de las comunidades Coscamila y Santa fe, principalmente.

Se manejó de manera aislada la versión de que ambas quedaron cubiertas por agua y lodo, sin embargo nadie acudió para verificar.

[b]Los cuerpos de agua[/b]

El borbollón es un manantial que las familias de Quechultenango visitan periódicamente para convivir, con regularidad estudiantes de la capital se organizan para realizar excursiones o lo utilizan para matar clase.

Son varios los grupos religiosos de tendencia protestante que acuden para celebrar el bautizo de sus nuevos feligreses.

El ambiente que ahí prevalece es de tranquilidad, aún con los sonidos que producen los niños cuando corren entre los chapoteaderos naturales.

El centro de recreación es una zona sombreada por tres amates gigantes, su agua es fría y en los últimos años los lugareños acondicionaron piedras para facilitar el camino, construyeron cercas de madera para delimitar el paso y levantaron negocios de comida para saciar el apetito de sus visitantes.

Es un centro de convivencia que reactiva la economía de parte importante del municipio, en donde además se fomenta la convivencia sana con la naturaleza.

De toda la infraestructura creada por los vecinos a lo largo de una década, durante las 72 horas de precipitaciones provocadas por la tormenta tropical no quedó nada.

Durante los días de la contingencia se le vio completamente cubierta por agua achocolatada, sin embargo la turbulencia ya disminuyó, el manantial recuperó su espacio natural y las aguas sucias corren 200 metros abajo.

Don Tomás Remigio es un hombre de aproximados 70 años, muy delgado y de 1.50 metros de estatura, él junto con otras cuatro personas trabajan en la limpieza del lugar, ya que es mucha la basura que llegó por la corriente del río.

Cuando se le pregunta, responde que hasta el momento no se ha acercado ninguna autoridad para ayudar en el trabajo de reacondicionamiento, por eso el avance en la recolección de basura es muy lento y la expectativa de que se reactive la percibe muy lejana.

Entrado en confianza refiere que a poca distancia del manantial había los restos de una vaca y tres chivos arrastrados por la corriente, ofrece conducir hasta el punto pero advierte que huele muy mal.

Al llegar solamente se observan algunos huesos tirados en piso, el anciano sonríe y comenta que seguramente los animales de rapiña ya hicieron su trabajo.

Toda su vida la ha pasado en la zona, nunca observó un comportamiento tan violento del rio y agradece el hacho de vivir para ser parte de la reconstrucción.

[b]El Acapulco de los Pobres[/b]

Santa fe es un balneario instalado sobre siete hectáreas a la ribera del río Azul, ahí se levantaron decenas de cabañas construidas con palapa, madera y algunas de material.

Las que se ubicaron a la orilla quedaron cubiertas en su totalidad por tierra y piedra, de algunas se observan los techos con gruesas raíces de árboles encima.

La señora Socorro Martínez Vázquez y su familia trabajan con palas, picos y escobas en la limpieza de la cabaña número 1, lamentan que desde la contingencia no haya ninguna autoridad que se acercara al lugar para conocer lo que ahí ocurrió.

La mujer hace una pausa para dialogar sobre su vivencia, recuerda que la noche del 14 de septiembre dormía cuando su esposo la despertó sumamente asustado y le ordenó correr para ponerse a salvo.

El Santa Fe de la comunidad y el campamento del gobierno estatal se enlazaba por medio de un puente colgante que ahora ya no existe, solamente quedaron sus puntos de inicio con algunos cables de acero que no mantuvieron a salvo sus peldaños de madera.

En la pared de la casita en que dormía, la señora conserva un cuadro con la imagen del ex gobernador René Juárez Cisneros tomando protesta.

Es un retrato en blanco y negro, el deterioro evidencia el tiempo que lleva colocado en el extremo dela vivienda, lo que muestra de que doña Socorro tenía confianza en los políticos.

Pero ahora su posición tiene una variación: “No nos han traído nada, si quiera deberían acercarnos algunas despensas porque el agua se llevó todo; mis cosas y hasta el maíz que habíamos sembrado, nada más nos quedamos con dos mudas de ropa”.

Al pueblo de Santa fe la corriente del Azul no llegó, sin embargo los daños causados a la infraestructura del río representó un golpe que los asfixia económicamente.

El 14 de septiembre los propietarios de negocios compraron carne y bebidas porque esperaban muchos visitantes el domingo 15 de septiembre, seguros de que la gente acudiría para celebrar el grito de la independencia.

Solamente Manuel llegó con millones de metros cúbicos de agua, los que formaron un caudal que derribó puentes y arrastro árboles gigantes a pesar de sus gruesas raíces, también mató decenas de animales que no pudieron escapar.

De las cabañas levantadas por los lugareños 24 todavía permanecen bajo tierra, al otro lado del río se mira un grupo de hombres cortando con motosierras los troncos de árboles que serán utilizados para la elaboración de cercas.

En la orilla de enfrente existen parcelas de maíz, frijol, cacahuate, calabaza, verdura, sandía y flor.

El señor Aurelio Martínez Jerónimo perdió una hectárea de maíz, inició la siembra el 9 de agosto y esperaba una buena cosecha, sin embargo la lluvia los dejó sin el producto de su trabajo.

Federico Avilés es un campesino que durante tres meses cuidó su tierra de cultivo pero ahora no tiene nada, es familiar de un hombre que escoba en mano pretende reacondicionar una cabaña de paredes cuarteadas y cimientos socavados.

Ambos lamentan la ausencia de apoyo institucional y piden que cuanto antes se tome en cuenta a los campesinos y turisteros del circuito río azul, que llevan 21 días en el absoluto abandono.