Fundan danmificados por 'Manuel' nueva comunidad

Las familias fundaron la comunidad nueve meses después de la devastación provocada por la tormenta ‘Manuel’, y ahora tienen una segunda oportunidad.
Las 48 familias que aproximadamente a las 07:00 horas del 15 de septiembre de 2013 tomaron lo poco que pudieron de sus pertenencias, cargaron con sus hijos y subieron cerro arriba para observar como sus pequeñas casas erar desmanteladas y arrastradas por la creciente.
Las 48 familias que aproximadamente a las 07:00 horas del 15 de septiembre de 2013 tomaron lo poco que pudieron de sus pertenencias, cargaron con sus hijos y subieron cerro arriba para observar como sus pequeñas casas erar desmanteladas y arrastradas por la creciente. (Notimex)

Guerrero

Nueves meses después de la devastación provocada por la tormenta tropical Manuel, 48 familias anuncian la fundación de la comunidad de El Renacimiento de Agua Hernández, en honor a que la mañana del 15 de septiembre de 2013 volvieron a nacer, pues lograron escapar de una creciente que arrasó con casas, escuelas, tierra de cultivo y animales de crianza.

La tragedia comenzó la mañana del 15 de septiembre del año pasado, cuando la lluvia de tres días dejó incomunicadas a por lo menos seis pueblos de la sierra de Chilpancingo, sin embargo se agudizó cuando el Río Chiquito superó sus dimensiones; alimentado por la lluvia  tomó tal fuerza que se llevó 48 viviendas y colapsó lo que todavía quedaba en pie de la escuela primaria.

Felipe Carbajal García, un hombre de 60 años, bajito de estatura y delgado es parte de los 48 jefes de familia que desde hace 20 días permanecen instalados en un predio conocido como Los Cimientos, ubicado entre Coacoyulillo y Agua Hernández, en la sierra de Chilpancingo.

Los Cimientos son una pequeña porción de tierra ocupada desde hace casi cuatro semanas por viviendas improvisadas, elaboradas a base de madera y lámina de cartón, aunque también se observan en el lugar dos casas de campaña donadas por un grupo de socorristas franceses.

Don Felipe Carbajal tiene nueve hijos, cinco varones y cuatro mujeres, entre todos sumaron fuerzas para levantar una pequeña construcción de adobe, en la que hay un par de cuartos y una cocina con su horno de lodo; lo más habitable que se observa en el campamento. 

La división

Agua Hernández en los hechos está dividida en dos grupos, las familias cuyas viviendas todavía no son afectadas por la creciente del Río Chiquito ni se sienten amenazados por los cerros, razón por la que solamente sufrieron de incomunicación cuando la tormenta tropical Manuel les cerró sus caminos.

El otro grupo está integrado por las 48 familias que aproximadamente a las 07:00 horas del 15 de septiembre de 2013 tomaron lo poco que pudieron de sus pertenencias, cargaron con sus hijos y subieron cerro arriba para observar como sus pequeñas casas erar desmanteladas y arrastradas por la creciente.

“Ese día volvimos a nacer todos, estamos seguros porque si el río crece más en la madrugada, antes de que saliéramos a trabajar pues nos morimos arrastrados por el río”, anota.

En Agua Hernández no pudieron levantar otras viviendas, lo que no está ocupado de tierra son pequeñas extensiones ubicadas en las faldas de los cerros, que durante los días 14, 15 y 16 de septiembre se desgajaron y representan el riesgo de un colapso similar al de La Pintada.

Por eso decidieron moverse, se instalaron en Los Cimientos y aunque todavía se asumen como habitantes de Agua Hernández, saben que en los hechos ya están divididos por cuestiones ajenas a su voluntad.

Entre las familias ya se platica sobre la nueva denominación que darán a la porción de tierra que ocupan, pues mantener solo el nombre de Agua Hernández genera confusión y la poca ayuda que llevan grupos independientes se va hasta el pueblo y no entra al campamento, en donde aseguran que está la verdadera necesidad porque carecen de todo.

“Queremos tener un nombre que nos permita hacer la diferencia, pero tampoco nos queremos desvincular completamente de Agua Hernández, porque ese es nuestro pueblo de toda la vida y nunca pensamos dejarlo. La lluvia nos obligó a desplazarnos”.

Es entonces cuando plantea el nombre que ya genera consenso entre los lugareños: “Ya pensamos seriamente en llamarnos El Renacimiento Agua Hernández, porque el 15 de septiembre prácticamente todos, adultos y niños volvimos a nacer”.

Como hace nueve meses

Tanto en la comunidad de Agua Hernández, como en la nueva extensión de Los Cimientos la percepción que se tiene es de abandono.

Los pobladores de ambos núcleos refieren que hasta el momento solo han recibido visitas muy aisladas de parte del ayuntamiento de Chilpancingo, la Secretaría de Desarrollo Agrario Urbano y Territorial (Sedatu), del Registro Agrario Nacional (RAN) y de Protección Civil.

Protección Civil llevó un grupo de especialistas que tomaron imágenes de las afectaciones, los daños en las viviendas, la escuela del lugar y el estado en que permanecen los cerros.

Hasta el momento no se emite un dictamen de riesgo, en el que se indique si la reubicación es obligatoria o procede la reutilización de sus predios devastados hace nueve meses.

Los habitantes de Agua Hernández viven principalmente de la siembra de maíz y frijol, en menor proporción se dedican a la crianza de chivos y pollo. La mañana del 15 de septiembre el río se metió a la comunidad y lo mismo se llevó cultivos que animales crianza.

En Los Cimientos ya consiguieron prestados y en renta pequeñas porciones de tierra para sembrar, lo que les permite aspirar a obtener grano suficiente para el autoconsumo.

Ni para hacer tortillas

Teodora Vargas Dircio, madre de familia reubicada en Los Cimientos que sostiene que el ritmo de vida cambió de manera radical con el arrastre del río, “a veces tenemos que pedir prestadas hasta las cosas para moler”.

Indica que ocasionalmente los vecinos de Coacuyulillo e Izcuinatoyac, pueblos que no resultaron tan afectados por la lluvia los socorren con lo que pueden.

Ella es jefa de una familia con cinco niños, los que se atemorizan cada que se registra una lluvia fuerte en la zona, porque lo improvisado de sus cabañitas permite el paso del agua, en ocasiones sus techos de lámina se levantan y eso provoca la realización de maniobras en medio de los aguaceros para evitar más daños.

Juan Jerónimo Pérez, ex comisario de Coacoyulillo es un gestor nato, que lo mismo apoya desplazados de Agua Hernández que a los pobladores del Rincón de Alcaparroza que permanecen incomunicados desde hace un par de semana.

“La verdad para esta gente fue muy difícil, pues les quitó maíz, casas y si bien nos apoyamos entre nosotros, pues no es suficiente porque necesitamos que los tres niveles de gobierno nos echen la mano”, indica el hombre de 55 años, robusto, moreno, de voz firme y pelo cano.

Se platica con él después de que cruza el río caminando, midiendo la profundidad para establecer su hay condiciones para que una maquina con mano de chango cruce y ayude a liberarle el paso a un camión de volteo que se quedó embancado en el lodo.

El refiere que solo en Agua Hernández hay un promedio de 300 damnificados, más 500 del Rincón y otras familias que ni siquiera aparecen en los padrones de Sedatu ni de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol).

Los pueblos afectados se ubican a 3.5 horas de camino, la mayor parte del recorrido es terracería ascendente y lodosa, se entra por la zona del Valle del Ocotito y a nueve meses de distancia, poca información se tiene sobre los niveles de afectación que sus habitantes padecen.