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Lunes , 18.06.2018 / 01:06 Hoy

A 25 años de desaparecido reivindican al Frente Rockero

Jaime López realizó el documental “Frente Rockero. 25 años después”, el cual presentará el martes 13 en las Salas de Cine de Arte del Complejo Cultural Universitario (CCU).

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Moisés Ramos Rodríguez

Primera mitad de los años noventa: Salón los Ángeles. El Frente Rockero (FR) organizaba una tocada con un promotor independiente y la gente había respondido muy bien en el sitio de la Colonia Amor, al poniente de la Angelópolis. Todo iba bien hasta que El Diablo metió la cola: jóvenes supuestamente enviados por él, armados con navajas, cuchillos, cuellos de botellas rotas reventaron la tocada.

Más de 30 heridos resultaron de esa acción, que dejó al baterista Carlos Rojas herido de muerte: con el vientre abierto de lado a lado, en la entrada del Motel Las cuatro milpitas, vio la desbandada de los asistentes y de su propia vida.

El Diablo no era una metáfora: era un personaje que organizaba conciertos de rock y vio en los del FR una amenaza: se organizaban ellos mismos, cobraban entradas baratas y, en esa ocasión habían traído a las bandas más populares de rock urbano de la Ciudad de México.

Músicos que organizaron aquel concierto auxiliaron a Carlos: desde de un teléfono público llamaron a una ambulancia y ésta llegó para llevárselo, sólo para que horas después muriera en un hospital.

Ese fue el final del FR que, recuerda en entrevista Gabriela Benítez, fundadora y promotora activa de él, se formó a iniciativa de músicos de rock, artistas plásticos, escritores y “chavos banda” reunidos alrededor de sus incipientes trabajos y el deseo de ser incluidos y escuchados, pero también en torno a un psicólogo de la UAP, Fernando Villafuerte, quien en su natal Ciudad de México había trabajado en el tema, especialmente con Los Panchitos.

Sobre esa experiencia, el periodista y documentalista Jaime López hizo un documental, “Frente Rockero. 25 años después”, el cual presentará el martes 13 en las Salas de Cine de Arte del Complejo Cultural Universitario (CCU).

Se trata de un documento, expresa López, que inició como el posible homenaje a un músico muerto, Guillermo Mijangos, por parte de sus compañeros de camino, pero que, replanteado terminó siendo una mirada a una empresa autogestora que fue cortada de tajo con el asesinato de Carlos Rojas.

Benítez logró reunir a la mayoría de los sobrevivientes de las bandas de rock urbano, punk, trash metal y otros estilos hace poco, para una tocada conmemorativa de ese cuarto de siglo del FR; López, por su parte grabó el encuentro y lo incluyó como complemento al cortometraje en el que ofrece entrevista con algunos de esos músicos y otros protagonistas de un proyecto que, explica la entrevistada, no tuvo un impacto masivo pero sí muchos logros visibles.

Lo anterior, pese a que el asesinato del baterista Carlos Rojas los paralizó, los confundió y desmembró finalmente hace más de un cuarto de siglo.

Coordinación roquera

Gabriela Benítez es coordinadora y productora ejecutiva del documental “Frente Rockero (FR). 25 años después”, y confiesa: “La idea inicial fue José Luis Galindo, pero yo pensé que podría hacerse ‘algo más grande’ pues conocía a un buen fotógrafo y a un documentalista (Jaime López) del Colectivo Poblano de Cine y Video; y conseguimos recursos del Pacmyc”.

Detalla: “En el FR, de 1993 a 1995, éramos como una familia, antes que otra cosa: jóvenes con los mismos gustos, ideales, problemas pero, principalmente que nos latía el rock; queríamos un lugar en el cual identificarnos con otros como nosotros, considerados antisociales, mariguanos, punketos, vagos, consideración que se tenía hacia todos los roqueros en los años noventa”.

Recuerda: “Éramos familia, amigos de donde salieron camaraderías. Éramos un grupo de personas que buscábamos a alguien que nos hiciera eco. Se logró hacer tres encuentros roqueros, decenas de tocadas en la Plaza del Tigre en 4 Oriente y Bulevar 5 de Mayo; en Xonaca y Pueblo Nuevo. Hicimos tres fanzines. Los encuentros fueron en el Salón Ferrocarrilero del sindicato de esos trabajadores, gratis, multidisciplinario, con ‘artezánganos’, músicos, artistas plásticos, poetas, con 500 o hasta mil asistentes”.

Detalla: “Éramos, además de jóvenes inexpertos en organización, Fernando Villafuerte, psicólogo, nos dejaba hacer; por ética nunca impuso nada, y llegó el momento en que no supimos qué más hacer, hacia dónde caminar; se debilitó la organización, algunos se fueron. El rompimiento total fue el asesinato de Carlos Rojas, del grupo Ruta 100, de Galindo. Ahí se nos acabaron las ganas de hacer más cosas”.

Explica: “En el vídeo está todo documentado. Es el registro del intento de una lucha, y es un trabajo colectivo; aunque se quedaron fuera horas y horas de materiales importantes, pero no sé puede hacer un documental de cinco horas. Sólo hicimos 80 copias. Es un documento muy familiar y para estudiosos de estos fenómenos”.

Logros del FR hubo, afirma: “Hay grupos, música y gente que los reconoce, a los que les gusta su trabajo… Aunque el público es difícil. Y en la parte empresarial, los empresarios buscan lana, y esto es cuestión de corazón, más subterráneo, y así debería quedarse. Después del FR sigue la vida, todos estamos trabajando, con hijos, sin ellos, enfermos… otros ya se murieron”.

Hoy, informa, hemos tratado de apoyar a otros colectivos, grupos, para seguir luchando por espacios y no dejar que el rock muera. Reflexiona, 27 años después de la formación del FR: “El rock en Puebla no despegó porque es un oficio muy difícil, para el cual se requiere muchísimo talento y algo muy especial para pegarle a nivel masivo”.

Realidad documentada

José Luis Galindo es uno de los pocos integrantes del Frente Rockero (FR) aún en activo. Quería hacer un homenaje a Memo, su compañero; había dos opciones: un vídeo estilo quincena, o un documental en forma, revela Jaime López, director del trabajo sobre el FR. “Yo antes había hecho ‘Invisibles’ sobre la marcha de la diversidad, y una ficción, ‘Karma con h de hijo’. Tuvimos que hacer una recopilación de materiales, Gaby Benítez tenía fotos y videos, pero estos eran en formato Beta, que fue muy difícil pasar a digital. Necesitábamos fanzines, y del montón de bandas reunimos a doce”.

Explica: “La idea era contar los logros del FR, sus antecedentes: aglutinar a bandas de diferentes estilos, pero también las cosas tristes, las negativas. Queríamos, sobre todo que fuera un documental participativo; nosotros grabamos, pero ellos supervisaron el montaje. Tuvimos un año, duración del apoyo del Pacmyc”.

Acepta: “Primero lo más difícil fue conjuntar a los miembros y bandas, muchas ya desperdigadas; no podíamos abarcar a todas, había que hacer una selección sin herir susceptibilidades. La coordinación la tuvimos que hacer a través de Gaby. Una de las cosas más difíciles fue complacer a todos los del FR. Pero el objetivo se logró; hacer un documento que ya es histórico”.

Mauro Castro, que tocaba y cantaba en La pérgola, grupo hecho en la prepa Enrique Cabrera, cuenta que de los congregados en el FR “la mayoría eran universitarios, de la clase obrera. Representaban a los variles frente a los fresas y tocaban con el PRD aunque no les pagaran; o con la Unión de Barrios. El FR fue la oportunidad de ensayar y tener instrumentos con El Goyo, de Mala conducta, en la Colonia del Maestro Federal”.

Acepta: “El rock no despegó por falta de continuidad, lo que mata a todas las bandas. Yo tocaba con Nube Gris, que tocó con Bostik y El Tri. Te pagaban poco y con unas chelas y ‘el favor’ de darte a conocer. Técnicamente no había una buena ejecución, aunque teníamos muchas ganas. Algunos se dedicaron a estudiar técnico en música, otros una licenciatura, otros se hicieron padres muy jóvenes y otros se murieron. Quedan los necios que siguen, como yo”.

25 años después “la reunión del FR mostró que la nostalgia vende. Fue interesante ver qué hacen los demás: al principio lo veía más como una cuestión romántica, pero muestra lo difícil que era rocanrolear y que muchos desertaron. El video es anecdótico y muy emocional, pero muestra lo que había alrededor de la música”.

El Diablo, César Juárez, vivía en el Infonavit La Rosa; no era músico, pero organizaba tocadas; supuestamente él, ahora ya muerto mandó a atacar a los asistentes al Salón Los Ángeles, donde tocaban Lira ‘n’ roll, Bostik, Charly Montana y Heavy Nopal de Ciudad de México; de Puebla Ruta 100, Nube Gris y Calle 8.

Nube Gris había acabado de tocar, celebraban tomando unas cervezas cuando los músicos vieron una estampida: chavos y no tan chavos habían acuchillado o herido a, por lo menos 30 personas, una de ellas Carlos Rojas, quien todavía salió vivo del Salón Los Ángeles y esperó, desangrándose, frente al motel Las cuatro milpitas. A las tres de la mañana del día siguiente al que había estado en su última presentación, murió en el hospital, y con él, de algún, modo el FR. En la calle, aquel día lluvioso, quedó agua y sangre. Era 1995.

ARP

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