Hay tumbas que rebosan de recuerdos; otras, en el abandono

De distintas maneras, poco a poco, suman ya siglos de tradición.
Los altares u ofrendas se distinguen por su colorido.
Los altares u ofrendas se distinguen por su colorido. (Tania Contreras)

Naucalpan

"La sal es para deshidratar y evitar la corrupción del muerto, el ocote y el incienso purifican el altar y las veladoras iluminan el camino para que el alma del difunto no se pierda en el camino" explica Carlos Soto, un hombre de 35 años de edad que junto con su familia se traslada a la tumba de sus abuelos, la noche del uno de noviembre, para esperar la llegada de sus muertos. Agrega que, cada año, son menos las personas que se concentran en el cementerio.

"Nosotros llegamos desde la noche del primero de noviembre, colocamos las cirios y recordamos a nuestros muertos". Toda la familia asiste para velarlos una vez más como el primer día de su muerte, como cada año, después de 15 años que fallecieron los abuelos".

Hoy la muerte se celebra de distintas maneras, poco a poco, sin sentir, suman ya siglos de tradición que han situado dos fechas fundamentales: el 1 de noviembre como el día de Todos los Santos (o día de los angelitos), cuando se recuerda a los niños finados.

Y el 2 de noviembre, cuando tiene lugar la fiesta de los Fieles Difuntos, donde es costumbre visitar los cementerios y honrar con comida y rezos la memoria de aquellos fallecidos que tan solo esa noche regresan a la tierra para compartir con los suyos la pan y la sal.

No hay colonia, barrio, escuela, fraccionamiento residencial, en donde no se lleve a cabo la celebración del Día de los Fieles Difuntos, cuando se mezclan el olor distintivo y dominante que prevalece en el ambiente del cempasúchitl, de las flores color litúrgico.

"Hay que conservar las tradiciones de aquí, mis nietos ya no saben que hay que ponerle un caminito rodeado de flores de cempasúchitl para ayudar a los muertitos a encontrar el camino, la mía tiene los cuatro escalones que debe tener una buena ofrenda y puse flores blancas, la nube y el alhelí, que son las que se les ponen a los niños el día primero", dice don Artemio.

Una tradición que lucha por sobrevivir cada año, en el cementerio concesionado Jardines del Recuerdo, donde algunas tumbas inundan de alegría a muertos y vivos; mientras otras permanecen en el abandono. Es Día de Muertos.