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Tenemos un buen nombre en el mundo teatral: Federico González Compeán

ENTREVISTA

El director de la división internacional de CIE habla del éxito de Los Miserables, de la necesidad de cultivar el público para atraerlo al teatro, de reponer La bella y la bestia y del reto de unir a la compañía.
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Apenas acaba el protocolo por la develación de las 100 representaciones de Los Miserables en el teatro Telcel, y luego de que logra escapar del elenco y amigos que asistieron a la función especial y desean felicitarlo, Federico González Compeán, director de la división internacional de CIE, se da tiempo para compartir detalles de la historia que ha protagonizado desde 1997, cuando se estrenó en la producción de musicales con La bella y la bestia.

Se ve muy feliz…

Lo estoy, en realidad estoy muy conmovido, porque esta obra no solo es ver a los actores cantar, reír, sino que con sus actuaciones provocan muchas emociones, veo gente llorar, suspirar, reír… y eso es muy satisfactorio.

“En Ocesa estamos muy orgullosos de haberle quitado el pasaporte y el boleto de avión a la gente, porque con esta puesta tiene la posibilidad de ver una obra exactamente igual como la podría estar viendo en Londres”.

¿Le ve larga vida al montaje?

Creo que sí, está sana, con sus funciones de jueves a domingo, tiene buena asistencia, tiene buen de boca en boca, se está recomendando bien, y ahora que voy a Londres estamos planeando una campaña que le dé una refrescada, porque hemos detectado una oportunidad con un público joven.

¿Atraer a los jóvenes es el reto de Los Miserables?

Sí, claro. Yo creo que además el público se cultiva, hay que traerlo para que después lo puedas cosechar. Hay que sembrarlo, apapacharlo, consentirlo, buscar segmentos, para que aquellos que no han venido, que creen que es una cosa lejana para ellos, vean que no es así, que es más cercana de lo que se pueden imaginar, porque tiene que ver con el alma, con el corazón, con una historia de amor.

“Por eso quien ve Los Miserables se lleva una muy bonita experiencia, y estoy buscando que ese público venga, que no se la pierda. Porque una vez que ven este musical, estoy seguro de que se van a aficionar al género”.

¿Va a Londres a ver una obra en especial, ya hay un título que le interese traer a México?

Hace rato que no voy, tengo en mente un par de obras que voy a ver, pero no, por ahora no sabemos, no tengo un plan para la siguiente obra. Ésta (Los Miserables) tiene una larga vida, espero que nos dure un tiempo importante. Ha sido fuerte la inversión, el trabajo que hacemos, y hay que cuidarla, mimarla y mantenerla”.

¿En cuánto tiempo considera que se recupere la inversión?

Yo creo que a mediados de octubre, noviembre estaríamos ya recuperados de la obra, y eso nos permite tener otra inversión, realizar una campaña diferente para atraer público nuevo y darle una vida larga.

¿Fue fuerte la inversión?

Sí, estamos como en 100 millones de pesos.

Con las obras de Ocesa le dieron vida a los teatros del Centro Teatral Manolo Fábregas, incluso tras nueve años sigue su éxito con Mentiras, ¿hay planes para seguir haciendo mancuerna?

Sí, siempre tenemos una cosa planeada. Ahora lo que sigue es Hello, Dolly!, con Daniela Romo y Jesús Ochoa en su nueva versión (la primera versión la protagonizaron Libertad Lamarque y José Gálvez en 1968 y posteriormente en 1996 la realizó Silvia Pinal e Ignacio López Tarso en el teatro Silvia Pinal).Estamos a nada de empezar los ensayos, aunque ese musical va para el teatro Insurgentes a partir de octubre.

“Pero siempre estamos con cosas que hacer. Hoy mi responsabilidad directa es ésta obra (Los Miserables), que espero que dure un año o año y medio”.

¿Qué representa que la historia que inició con Ocesa con La bella y la bestia en el teatro Orfeón en 1997 lo tenga ahora en el teatro Telcel hablando del éxito de Los Miserables?

Mucha satisfacción. La bella y la bestia fue la primera obra que hice en el teatro Orfeón, fue con lo que Ocesa empezó su aventura de los musicales. Yo le tengo mucho cariño, fue la primera que produje.

¿La repondría?

Creo que para finales del año que entra estaremos viendo una nueva versión de La bella y La bestia, y la idea es que tenga la posibilidad de viajar, porque tenemos una deuda con el interior del país. Deberíamos estar en Guadalajara, Monterrey, Puebla, Mérida, en todos esos teatros, con una infraestructura con la que ya cuenta el país. Creo que esa sería la siguiente meta.

¿Qué tiene México para que los creativos y productores internacionales que participan en los montajes en Londres y Nueva York quieran venir a participar en las versiones nacionales?

La comunidad teatral es pequeña, tanto en Londres como en Nueva York, y en general en Argentina, Brasil, México, España, que son países con los que tenemos relación. Y tenemos un buen nombre, como Ocesa, y un buen crédito, en el sentido que lo que decimos, lo cumplimos. Somos muy apasionados en lo que hacemos. Ellos siguen encontrando el gusto por venir a México, porque somos confiables en ese sentido. Tenemos un buen nombre en el mundo teatral.

De acuerdo a su experiencia, ¿qué le ve a una obra para que considere que es una buena opción para montarla en México?

Un día descubrí algo que me permitió dormir tranquilamente, porque distingo las historias entre la obra de teatro que me gusta y que creo que vende, la que me gusta y que no vende, y la que no me gusta y vende. Y cuando hice esas tres categorías, dije: ‘¡Ya! Resolví mi vida’; entonces hago de las tres.

Pero han sido más las que le gustan y se venden...

Sí, claro, claro. Y hay algunas que hay que hacer, porque le gustan a uno aunque no hay un público cautivo, pero hay que conseguirlo, hay que sembrarlo, cultivarlo, cosecharlo. Y hay otras que no me encantan, pero el público tiene un gusto por ellas y eso es importante, por eso hay que ponerlas, porque también tenemos que pagar la nómina de cada obra.

¿Hay consentidas?

Todas tienen una cosa especial, por alguna razón u otra; todos son hijos, entonces son queridos de alguna manera u otra. A todos se les quiere por igual, pero puedo decir que La bella y la bestia tiene un significado especial, fue la primera que hice. El rey león, porque lo esperé 17 años, Los Miserables, porque fue la primera que vi. Todas tienen una razón o un motivo.

¿Qué es lo más difícil a la hora de montar una obra?

Conformar el equipo, no solo al principio, sino durante toda la temporada, porque lo difícil es mantener la mística y el gusto por lo que hacemos, y que la compañía se mantenga unida y contenta de venir todos los días a trabajar. Ese es el reto, porque la convivencia diaria en viernes, sábados, dos funciones, todo el día aquí metido, es una experiencia como de la prepa; entonces, se llena de pasiones, de enojos y de cosas y de errores, por eso lo más importante es mantener sano al equipo humano.

¿Qué lo llevó a adoptar el camino de los escenarios?

Al principio de Ocesa, decíamos: ‘Qué más podríamos hacer, además de los conciertos, y junto con Alejandro Soberón, presidente de la compañía, descubrimos que en el teatro había un nicho, donde había oportunidad de hacer las cosas diferente; y fue la primera vez que nos lanzamos por los derechos de La bella y la bestia, entendimos que para poder hacer una producción gigante había que dividirla en cuatro países. El problema era cómo hacíamos una inversión de ese tamaño desde Ocesa para una producción que tuviera este tamaño. La solución fue agarramos a Argentina, España, Brasil. Salimos a construir teatros en esos países y compramos los derechos de esas obras, y la escenografía la ocupábamos en esos países. Lo que invertíamos en 10 pesos, los sacábamos en 2.50 en cada país y así convenía… con ello empezó la historia.


Adriana Jiménez Rivera
Twitter @Adriana_jiramil

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