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“El teatro es como una artesanía”: Daniel Gómez Casanova

Entrevista

El productor, quien presenta El Cartero en el teatro San Jerónimo, habla de su pasión por los escenarios, de cómo logró la confianza de actores como Ignacio López Tarso y de lo difícil que es lograr el éxito en su negocio.
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En más de una década de dedicarse al teatro, Daniel Gómez Casanova —en quien surgió esta pasión siendo apenas un niño de seis años— se ha anotado varios éxitos: basta citar algunas de las obras que ha producido, como Pájaro negro, Buenas noches mamá, Un Picasso y El Cartero.

Sin embargo, el joven productor jalisciense destaca que para lograr el éxito en el teatro “no hay fórmulas” y por ello “nunca se sabe” hasta que “se abre el telón y se aprecia si va o no la gente”.

Aunque lo que sí es una realidad, al menos en su caso, es la pasión y la entrega que aporta a cada una de sus producciones, de ahí que ha logrado hacer equipo en sus elencos con gente tan reconocida como Ignacio López Tarso (en El cartero, Un Picasso y Aeroplanos) o con estrellas tan cotizadas como Araceli Arámbula (Un Picasso).

Callado, casi inadvertido, Gómez Casanova está en un extremo del escenario del teatro San Jerónimo, donde actualmente presenta la reposición de El cartero con Ignacio López Tarso y Helena Rojo, cuando sorprendido accede a la entrevista.



¿Cómo surge tu gusto por el teatro y los escenarios? 

El teatro me encanta desde niño y ahora que me dedico a él, sé que hay que estar trabajando constantemente para ofrecer proyectos nuevos al público y estar buscando elencos y textos. 

Una de las características de tus producciones son los elencos, pues siempre trabajas con gente muy reconocida; siendo tan joven, ¿cómo le has hecho para que gente tan experimentada como López Tarso acepte tus propuestas?

Son los proyectos los que atraen a los elencos; hemos tenido la suerte de trabajar con grandes personalidades. López Tarso en los últimos seis o siete años de mi vida ha sido un personaje básico de mi carrera. Ha sido un gran maestro de teatro, mi mayor maestro de teatro. Lograr elencos interesantes, más que un logro mío, se debe a actores que son muy inteligentes. En el caso de Araceli es una gran actriz, que nos sorprendió a todos en

Un Picasso;

y en segundo lugar, es una gran persona, nos hicimos superamigos, y más que la convocatoria que uno pueda tener como productor es lograr que un actor lea un texto y diga: ‘Por supuesto que lo hago’. Y no importa ni la parte económica, ni si el teatro es pequeño es grande, ni quien dirige, simplemente lo lee y dice: ‘Esto sí lo hago’. Y ella tuvo ese ojo, de elegir proyectos muy acertados para su carrera; esa es la razón por la que realmente lo hizo.

Dices que desde niño te atrapó el teatro, ¿cómo descubres que es precisamente el teatro a lo que te quieres dedicar?

Yo soy de Guadalajara y un amigo muy cercano de mi papá era dueño de un teatro; entonces, cuando lo inauguraron, me llevaron y fue la primera vez que fui a un teatro, yo estaba muy chico, tendría unos seis o siete años, y desde esa noche me acerqué a ese amigo de mi papá y le dije: ‘¿Puedo venir siempre?’ Y me dijo: ‘Sí, ven a los montajes, ven a las obras’. Terminaba la escuela y mis papás me llevaban al teatro. Me llamaba mucho la atención los montajes, los ensayos y poco a poco fui amando el teatro; y a los años, la vida me dio la oportunidad de hacerlo profesionalmente. Más que un trabajo es una pasión para mí.

¿Cuál fue la primera obra que produjiste? 

Como productor profesional fue Pájaro negro, una historia que llevamos al Teatro Libanés con Humberto Zurita y Kate del Castillo. Y en esas fechas también pusimos una obra que se llama The Pillowman, que estuvo en el Foro Polanco con Kuno Becker.

Empezaste muy bien…

Tuve la fortuna de empezar así y el tercer proyecto fue Buenas noche mamá, con Edith González; el cuarto fue La retirada, con Rogelio Guerra, y así ya llevo más de 20 obras de teatro en 12 años más o menos.

¿Es buen negocio el teatro? 

A veces sí a veces no, pero finalmente es el arte más antiguo, así que de alguna forma continuará.

Además del teatro, ¿tienes alguna formación, una carrera alterna? 

Estudié Administración de Empresas y maestría en Mercadotecnia, y prácticamente esto es manejar un negocio y vender un negocio.

Estabas en el Libanés y ahora en el San Jerónimo, ¿qué tan complicado es tener un escenario para montar tus obras? 

Es acercarse a quienes administran los espacios; he tenido la suerte de llegar en momentos muy precisos, montar una obra, y que la relación ha sido muy positiva. Es difícil conseguir escenarios en México, hay pocos espacios, pero ahora tenemos la fortuna de estar en este teatro, de poder trabajar con el IMSS, que en los últimos años ha invertido a sus teatros y ahora tienen unos inmuebles de primera. Solo queda agradecerle a la vida. 

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