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Jueves , 13.12.2018 / 15:22 Hoy

Saborear el triunfo ajeno

Función Dominical.

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Hay un niño que tiene un sueño, un padre castrante en un entorno de pobreza europea (clase media mexicana), una madre consentidora y un buen amigo. Hay un joven gordito que lo suyo es cantar. ¿Algún otro cliché? No creo, porque Mi gran oportunidad parece contenerlos todos, pero lo que más sorprende es que, sin embargo, funciona.

Y funciona entre otras cosas porque el guión está bien escrito. No se me malinterprete, no digo que el guión sea una obra maestra, pero las escenas caminan, los personajes están bien construidos y sobre todo, los diálogos están llenos de sentido del humor y a veces, incluso, de profundidad. Uno en particular me gustó mucho. Nuestro héroe está a punto de cantar para Luciano Pavarotti y está terriblemente nervioso, el divo le pide un instante y dice: “Mira, para hacer ópera tienes que robarte al público y para robarte al público justamente tienes que ser un ladrón, tienes que tener los nervios firmes de un buen ladrón”.

Por otra parte es cierto que Mi gran oportunidad parece calcada a la letra de Billy Elliot aquella famosa película de un niño que era inglés pobre (clase media mexicana) un papá castrante, un buen amigo y el sueño de ser… bailarín. Basta sustituir la palabra “bailarín” por “cantante” para cambiar la sinopsis de Billy Elliot por la de Mi gran oportunidad.

En la vida real Paul Potts es un hombre de Gales que a pesar de haber estudiado ópera en Venecia, no pudo salir de su pueblo para vivir el mundo. Potts sobrevivió vendiendo celulares hasta que la magia de la televisión vino y lo lanzó a la fama con un programa que en México ha sido imitado en el peor de los sentidos. Si Mi gran oportunidad es la muestra viviente de que se puede imitar con destreza y robar el corazón del público “como un ladrón”, la televisión mexicana demuestra día a día justamente lo contrario. En fin que Potts se volvió famoso con el programa Britain’s got Talent (algo así como La Academia pero con gente que efectivamente sabe cantar) y ahora se ha hecho una película sobre su vida. “Nada mal ¿verdad?”, afirma el protagonista hacia el final de la cinta y es cierto. Nada mal.

Dirigida por David Frankel y escrita por Justin Zackham, Mi gran oportunidad es esa clase de comedia ligera que a menudo llaman “drama.” La verdad, drama no hay mucho. Director y guionista han aprendido (muy probablemente gracias a la televisión) que para mantener contento al gran público hay que hacerlo sufrir, pero solo un poco; hay que prometerle un final feliz, un momento musical, variados chistes buenos y un romance a toda prueba. Director y guionista saben que, para apasionar al gran público, a ese que busca algo bueno para irse a meter a su función dominical, lo mejor es una historia ligera de aspiraciones, esto es, una de esas historias en las que la gente descarga sus frustraciones imaginando que la vida de nuestro héroe de dientes rotos puede un día ser su vida propia. Que esta historia le puede suceder algún día, que vendrán unos productores de televisión para hacer que la vida triste de un obrero se transforme en una gran oportunidad.


Mi gran oportunidad (One Chance). Dirección: David Frankel. Guión: Justin Zackham. Música: Theodore Shapiro. Estados Unidos, Gran Bretaña, 2014.

@fernandovzamora

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