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Jueves , 21.06.2018 / 08:26 Hoy

Romper estereotipos en México, impensable: Keyla Wood

La actriz advierte que por sus rasgos físicos no la contratan aquí en muchos proyectos, mientras que su tipo es muy solicitado en producciones de todo el mundo y su calidad dramática ha quedado probada en ese ámbito

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Marysol García Camargo

Keyla Wood, actriz mexicana de piel morena, ojos negros y cuerpo de modelo, considera que romper con los estereotipos sociales en este país es impensable, y pone un ejemplo: “Mi carrera oscila entre dos extremos: sirvienta o amante”, a pesar de que cuenta con una reconocida trayectoria actoral en Estados Unidos.

La primera aparición de Wood (Ciudad de México) en la escena actoral fue en 2002 como doble de Salma Hayek, en Frida, y desde entonces ha sumado a su carrera más de una docena de películas de corte independiente, obras de teatro y cortometrajes.

Egresada de la Facultad de Filosofía y Letras, Wood ha trabajado con personalidades como Graham Norton y Eva Longoria, además de diversos directores independientes. Su trayectoria actoral abarca cine, teatro y modelaje, así como telenovelas mexicanas y extranjeras.

Su último proyecto cinematográfico es La castración, ópera prima del cineasta Iván Löwenberg, que fue premiada como Mejor Película Extranjera en los Winter Film Awards de Nueva York en 2013, así como el Premio del Jurado en el Festival Mundial de Cine Extremo.

En entrevista con Dominical MILENIO, Wood habla de lo “inconcebible” que es destacar en este país para una actriz con sus rasgos físicos, de los estereotipos de la televisión mexicana y su predilección por los personajes de cine independiente.

¿Por qué trabaja en cine independiente?

Es lo que me ha tocado y para lo que me han escogido, porque tengo un perfil de gente real, y porque me apasiona el cine de autor. El autor que cuenta una historia como se le da la gana me atrapa, me atrae esa capacidad de ver el mundo como yo lo veo.

¿Alguna vez te han rechazado en un algún papel?

Miles de veces. Pero lo más curioso es que me han rechazado más en México que en el extranjero. En el extranjero he tenido un desempeño muy digno, del que me siento orgullosa, y nunca he sufrido un rechazo como aquí. Y es inaudito, siendo que afuera soy una actriz que actúa en otro idioma, que tiene acento y con todos los contras.

¿Cómo te han tratado en el extranjero?

He hecho audiciones, por ejemplo, en Nueva York y en Los Ángeles, donde actué en el Comedy Store con las productoras Eva Longoria y Kiki Meléndez, y el trato siempre ha sido el mismo: antes de ver si soy latina o si tengo estas facciones, ellos sabían que era una actriz por la manera en la que leo. Entonces, yo me pregunto cómo es posible que en México me digan “es que no das el tipo”, “híjole, es que te vez de tal manera…”. Hay todo un estereotipo y los papeles son muy predecibles para mí como actriz. En mi carrera siempre hay dos extremos: o me la dan de amante o de sirvienta, y es que en la mente de muchas personas no puedo parecer otra cosa. Es inconcebible que en este país una actriz con rasgos mexicanos como yo pueda destacar.

Entonces, ¿ha evolucionado la imagen de los latinos en Estados Unidos?

Mucho más que en México. Fue otra época en Estados Unidos cuando te distinguían por tu acento. Ahora la televisión y las películas están llenas de gente que habla “raro”, ese país ya es más incluyente en razas, géneros, acentos, procedencias, y la gente entiende que puede quedarse con su autenticidad sin tratar de ser estadunidense. Yo puedo jugar en el personaje que sea, pero al final saben que soy mexicana y eso es algo que no importa.

Iniciaste en la actuación doblando a Salma en la película Frida, esto ¿te abrió las puertas o te ha creado un estigma?

Si me ha estigmatizado no lo he sentido; si me ha abierto puertas, no fue lo único. Yo trabajé con Salma en esta película y luego ella me llevó a hacer unos comerciales, en este sentido me abrió las puertas para conocer cómo es una producción de ese nivel desde dentro y formar parte de un proyecto muy especial, no solo porque fue en Hollywood, sino también le dio una proyección mundial a México.

Tus actuaciones han sido más bien discretas, ¿qué te hace falta para dar el salto a las grandes producciones?

Más oportunidades de trabajar con la gente que se identifique conmigo y que quiera una actriz como yo.

Tienes una larga trayectoria en películas de corte independiente, ¿no te incomoda trabajar en telenovelas?

Mi sustento es la televisión y con el dinero que me paga puedo hacer 10 proyectos como el de La castración; en el cine independiente claro que me pagan, pero es algo significativo. La televisión es una fuente de trabajo constante para un actor hasta que ya de plano cobre muy bien por hacer cine independiente. Al final ahí estamos todos y de ahí comemos, unos en series, otros en telenovelas.

¿Entonces la televisión para ti es un medio, no un fin?

Es un medio para mantener vigente mi carrera. También te puedo decir que los grandes directores de cine son los de televisión; un director hace una película cada 10 años, pero mientras ya se hizo ocho novelas, y eso es lo que mucha gente no sabe. Directores como Walter Doehne, que realizó La Reina del Sur, me dirigió en la telenovela Huérfanas y ahorita él está haciendo otra novela; Chava Cartas, que es otro director de cine, también me dirigió en Amor cautivo y así hay varios.

¿Qué opinas de la televisión que se hace en el país?

La televisión no es de autor, es una maquinaria que está hecha para que te anuncies, te compren y vean un programa, entonces lo que a veces sus críticos no entienden es que en la tele se trabaja con esquemas ya establecidos que determinan cómo funciona, cómo debe ser, claro, entre esos esquemas hay niveles. Entonces a esos directores les dan para hacer eso y hacen milagros con lo que les dan.

Cuéntanos sobre la película La castración.

Fue una experiencia increíble trabajar en un proyecto pequeño en presupuesto, pero grande en calidad. Estuvimos en Colombia, Guatemala, Panamá y nos fue muy bien. El guión te plantea que hay un problema en un personaje cuya causa es una deficiencia emocional, y yo pienso que cualquier problema, sea de la índole que sea, viene en un engranaje de tus emociones.

¿Y tu personaje Victoria?

Es un personaje catalizador. Victoria hace que Lourdes, la protagonista, pierda el miedo a vivir, y se dé cuenta, en un acción espejo, de lo que está haciendo con su vida. Además es un toque fresco en esta historia que es muy cotidiana, muy realista, pero también entrañable. Tenemos este toque fresco todo el tiempo, que es de casi comedia involuntaria.

¿Qué buscas en un guión?

Le busco el corazón, la entraña, la víscera y no solo en una película, siempre lo rescato incluso en proyectos televisivos. En esa parte visceral del guión o del personaje es donde está la veracidad de mi trabajo, la verdad escénica.

¿Qué proyectos tienes en este momento?

Ahorita estoy en la novela Prohibido amar y tengo dos proyectos de cine que voy a empezar y otro de teatro donde me va a dirigir Carlos Quintanilla.

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