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Domingo , 21.10.2018 / 13:04 Hoy

Obsesión, terror y zombis

FUNCIÓN DOMINICAL

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Una virtud tiene Avenida Cloverfield 10: el inicio es intrigante. Tanto, que ofrece la tentación de compararla con grandes películas. Con Psicosis por ejemplo. La ilusión se rompe pronto, pero es verdad que Dan Trachtenberg nos introduce en la trama con sorprendente agilidad. Aprendemos de inmediato lo único que necesitamos saber: que la protagonista acaba de dejar a su novio, que es caprichuda e independiente, que vive cerca de Los Ángeles.

Después de la primera secuencia, uno se pregunta si habrá caído en un refrito de Misery, película de Reiner en que Kathy Bates atormentaba a un pobre tipo durante 90 minutos. No. La posibilidad entonces es que Avenida Cloverfield 10 sea la versión ligera de todas esas películas de pervertidos que raptan a una muchachita para volverla su esclava sexual. No. ¿Acaso estaremos de nuevo en el Hostal de Eli Roth? ¿Ese que, basado en una idea de Quentin Tarantino, ofrecía al respetable el placer de mirar cómo un tipo sádico torturaba con refinamiento medieval a dos adolescentes calenturientos? No. Dan Trachtenberg afronta el reto de sorprendernos con un final más bien muy extravagante. Y es que el cine de terror tiene un repertorio de tramas que, aunque amplio, está ya muy usado. Los guionistas en su inextinguible necesidad de asombrar van dejando aquí y allá tantos cabos sueltos que pierden la verosimilitud por completo.

Puede que a los fanáticos del terror la verosimilitud los tenga sin cuidado, pero a la mayoría de los amantes del cine les importa. Estos últimos, llegado el final exclamarán con fastidio. Avenida Cloverfiel 10 en menos de dos horas echa mano de todos los recursos hollywoodenses: la fotografía construida con atmósferas opresivas y tristes, la música con acordes aumentados que estallan en el momento justo, y un buen actor. Un gran actor a decir verdad. John Goodman es el tipo ambiguo y aterrador. Ese que vive en el campo y que, por su simplicidad, ofrece tanta sospecha a la gente de la ciudad.

Y es que Avenida Cloverfield 10 explota todos los prejuicios de la clase media con respecto a quien vive rodeado de vacas y graneros. El cine de terror suele confirmar al espectador que sus prejuicios son reales: el gordito amigable tal vez sea uno de esos a quienes la lectura de libros y revistas de teoría de la conspiración les ha secado el seso, pero ¿si el gordito tuviera razón? Lo dicho, todo es posible en una película de terror. Así lo confirma esta trama que fluctúa entre las referencias a la violencia familiar y un Big Brother en que la protagonista está siendo observada en sus momentos más íntimos.

Ahora bien, los recursos del cine de terror se agotan muy rápido cuando no hay detrás de ellos una cuidadosa exploración del alma de los protagonistas: su psique. Cerca del final, Trachtenber se encuentra ya sin giros y sorpresas. Lo que resulta es tan jalado de los pelos que si uno no es un auténtico fanático del cine de terror más le vale buscar en otra parte su función dominical.

Avenida Cloverfield 10 (10 Cloverfield Lane). Dirección: Dan Trachtenberg. Guión: Josh Campbell, Matthew Stuecken, Damien Chazelle. Fotografía, Jeff Cutter. Con Mary Elizabeth Winstead, John Goodman, John Gallagher Jr. Estados Unidos, 2016. @fernandovzamora

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