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Miércoles , 15.08.2018 / 04:44 Hoy

Oaxaca es un semillero de músicos: Susana Harp

La cantante habla de su apoyo a nuevos talentos y de la necesidad de una legislación para evitar el plagio a los artesanos.

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A los 15 años Susana Harp emprendió su camino por las comunidades indígenas de su natal Oaxaca y poco a poco fue descubriendo la riqueza y talento de su gente, a la que a la fecha apoya a través de su Asociación Cultural Xquenda, para que sus capacidades florezcan y sean conocidas por el mundo.

El objetivo en el que trabaja actualmente, a la par de sus compromisos como cantante, es en la recaudación de fondos para la Escuela de Música del Centro de Capacitación Musical y Desarrollo de la Cultura Mixe, (Cecam), del que destaca “es un semillero de grandes artistas que debemos apoyar”, por lo que ha preparado el espectáculo Sones de tierra y nube, que el próximo sábado presentará en El Palacio de Bellas Artes.

“En una función doble, pues la primera que teníamos programada para las 19:00 horas se agotó de inmediato; y afortunadamente en Bellas Artes se autorizó una segunda función para el mismo día a las 16:00 horas; así que esperamos que la gente nos apoye”, enfatizó la cantante, quien no solo trabaja por el desarrollo de los potenciales artistas de su estado, sino también para que el trabajo artesanal en prendas de sus paisanos se respete, ante el constante plagio del que son víctimas.

¿Cómo surge la idea del concierto en Bellas Artes?

La intención es ayudar a la Escuela del Cecam, con la que tengo que ver hace 25 años, y en especial desde que hicimos la Asociación Cultural Xquenda. En 2003 empezamos a trabajar con ellos, hicimos el primer disco que se llama Sones de tierra y nube volumen 1, lo produjo el maestro Héctor Infanzón, y desde un principio decidimos que lo que sacáramos de los discos y de los conciertos que lográramos hacer en vivo siempre serían para la Escuela de música Cecam, que está en la Sierra Mixe de Oaxaca, en una localidad maravillosa que se llama Santa María Tlahuitoltepec.

¿A quiénes apoyan en esa escuela?

El Cecam es una escuela de música y pueden entrar niños desde cinco años de edad a aprender solfeo y a encontrarse con la música, a tener un instrumento en su mano; pero si tú tienes 18 años o 22 y te acabas de dar cuenta que de verdad lo tuyo, lo tuyo es la música, aunque no sepas ni una sola nota, te aceptan.

Es una escuela que nació para la región mixe, pero se ha ido abriendo y desde hace mucho tiempo reciben a muchísimas etnias, muchísimas comunidades de Oaxaca y también de otros estados de la República.

¿Ya hay egresados que estén trabajando?

Sí, claro, muchos de ellos son parte de orquestas filarmónicas. Una de las egresadas estará con nosotros (Fernando de la Mora, Horacio Franco, Héctor Infanzón) en el concierto del próximo sábado. Se llama Conchita Hernández, ella salió del Cecam, terminó en bachillerato musical, que es el máximo grado que se puede hacer en esa escuela; se vino para acá (a la Ciudad de México) y ahorita está en la Orquesta del Politécnico Nacional, dirigida por el maestro Enrique Dimecke, lleva dos años como primera flauta y como Conchita hay muchísimos casos.

Cuando hablas de la escuela, de la gente, de la labor que haces por esos chicos lo haces con mucha emoción…

Sí, porque me da muchísimo orgullo. Algún día alguien tendrá que hacer un estudio de qué cosas pasan en Oaxaca. Porque de verdad mi tierra es un semillero de músicos. Yo digo, un poco en broma, que no nacen con torta bajo el brazo, sino que nacen con flauta bajo el brazo, porque es impresionante, hay regiones donde la música instrumental es como lo básico, como en las sierras, mixe y la sierra Juárez; hay otros lugares como el Istmo de Tehuantepec o en la costa, donde lo que se dan son grandes compositores, como Álvaro Carrillo o Chuy Rasgado; y en Valles centrales, donde hay músicos de la talla de Macedonio Alcalá, de Amador Pérez, llamado Dimas, con su danzonera Dimas, que luego ya se instaló en la Ciudad de México, pero es oaxaqueño.

Ese es otro tema, el del desconocimiento de los autores de las canciones, ¿verdad?

Sí, por ejemplo, cuando oyen el “Nereidas”, del que todo mundo ha oído el “tararararan…”, y dicen: ‘ ¡Ah!, sí el autor es cubano o veracruzano, no saben que es oaxaqueño.

Sí hay mucho desconocimiento. Parte de mi proyecto se trata de eso, de ir presumiendo esas cosas, que aparentemente son tan obvias y luego no tenemos ni idea.

“Mi producción anterior como cantante se llama Misterios gozosos, cantos de ida y vuelta, porque son piezas superconocidas, que cuando la gente sabe de dónde salieron se queda sorprendida. Y voy desde el “Cielito lindo” hasta “El huapango de Moncayo” y es un disco muy personal, y lo mismo trato de hacer cuando hacemos este tipo de apoyos comunitarios, poner sobre la mesa cosas emblemáticas. Como, por ejemplo, ahora en Bellas Artes, tocaremos “Dios nunca muere”, “La llorona”, “La zandunga”, cosas muy conocidas.

Pero también habrá piezas de compositores oaxaqueños contemporáneos que vale la pena apoyar, porque lo que están haciendo es una obra increíble, que merece sonar en Bellas Artes, y más tocada por la banda de niños y jóvenes, que cuando escuchen, se les va a derretir el corazón de emoción, porque son buenas noticias. Como muchas que México tiene que ofrecer y de las que tenemos que estar orgullosos; porque de pronto estamos muy obsesionados en la parte podrida que tenemos como sociedad, que no podemos negar, pero está lo otro, lo bueno, que parece que no existiera, pero vale la pena voltear y sonreír porque México tiene cosas increíbles.

¿Cómo surge la inquietud de ayudar a los demás?

Desde los 15 años ando metida en comunidades indígenas, nací en Oaxaca, pero no entendía la dimensión del estado en el que había nacido, hasta que empecé a ir a las comunidades. A los 15 años quieres ir a salvar al mundo, según tú. Y al final, la vida te tiene un regalo preparado, porque quien te salva es el mundo a ti, cuando te das cuenta de la existencia de estas comunidades emblemáticas, maravillosas, donde la ética se aprende día a día, no en los libros.

¿Cómo fue ese camino hasta el día de hoy, cuando a través de tu posición puedes hacer aún más por tu comunidad?

Empecé desde el 96, que hice la primera recopilación, en el 97 logré tener la primera producción, lo hice con un fin académico; jamás pensé que se iba a vender. Así empezó la posibilidad de creer que había un camino por recorrer de manera profesional y que no estaba tan loca.

Así fue como empecé a dobletear, porque seguía trabajando en lo que había trabajado siempre, en mi carrera de psicología; y a la par seguí en una fundación social trabajando; después sopesé hasta que decidí dedicarme a la música. La parte de hacer investigación y recopilación me apasionó muchísimo, y fue cuando decidí abrir la Asociación Cultural Xquenda; aunque siempre había estado metida en organizaciones civiles haciendo proyectos sociales, solo que ahora le puse el elemento cultural. Ya tenemos 19 años trabajando con Xquenda, el próximo año vamos a cumplir 20 años.

No solo has defendido a los nuevos valores de la música, también he escuchado de tu defensa del trabajo de los artesanos, ¿no es así?

Sí, ese es un tema muy importante porque no hay una legislación que defienda los diseños artesanales y eso ha provocado el plagio que sufren nuestros artesanos. Hace poco me encontré una blusa de Santa María Tlahuitoltepec en una tienda en Estados Unidos en Neiman Marcus, creyendo que le estaban dando un espacio a la gente de Oaxaca y resulto que decía colección primavera verano Isabel Marak y vi la etiqueta y decía Made in India, y la blusa no era parecida, era absolutamente idéntica a la tradicional de esa comunidad.

Desde ese momento hemos empezado a hacer ruido, para que la gente voltee; pues en este año nos han plagiado cuatro diseños más, por lo que urge una legislación sobre este punto, porque no es nada más decir declaramos patrimonio tangible la ropa tradicional oaxaqueña, ese no es un marco legal para ir a pelear con una empresa, hay que hacer mucho más que eso.

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