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Miércoles , 12.12.2018 / 11:52 Hoy

'Los bañistas', una apuesta por la solidaridad

Con una producción independiente, el primer largometraje escrito por la actriz Sofía Espinosa y dirigido por Max Zunino busca reflejar la compleja circunstancia de la capital mexicana.

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Flavia tiene un mal que muchos tienen, un mal de nuestros tiempos. Sin saber bien qué quiere y para qué, solo se concentra en lidiar con la rutina desde la comodidad de una vida resuelta. “Está enferma de egoísmo”, dice su creadora, la actriz y guionista Sofía Espinosa, “y esa enfermedad es una epidemia en nuestro país y en el mundo”.

Los bañistas, el primer largometraje escrito por Espinosa y dirigido por Max Zunino, no es la historia de la indiferencia de Flavia hacia su entorno, sino del momento decisivo en que volteó a ver al otro para descubrir que podía ser solidaria. La historia se desarrolla en un viejo barrio de clase media, que se ve acorralado por manifestaciones y plantones. Desde su ventana en el quinto piso, desde la distancia del privilegio, Flavia observa a los manifestantes como si fueran seres extraños y ajenos a su realidad. “Es muy simbólico que al principio de la película siempre los mira hacia abajo”, dice Harold Torres, quien interpreta a Sebastián, uno de los inconformes, “pero luego baja de ese pedestal y empieza a verlos de frente. Tal vez a todos nos falta hacer eso de vez en cuando”.

Pero dar ese salto no es sencillo. Ni para Flavia ni para nadie. Ahí empiezan los conflictos con su vecino Martín, interpretado por Juan Carlos Colombo, un hombre mayor que vive solo y ha perdido su empleo. “Una de las maravillas de la película es que muestra cómo esta crisis no solo afecta a los pobres y los marginados, sino a todos, jóvenes y viejos”, dice Torres, “Flavia y Martín podrían pensar que no tienen ellos mismos razones para protestar, pero su situación es muy parecida, entre ellos y con los manifestantes. Eso es lo que queremos despertar: el encuentro con el otro”.

Sofía Espinosa, quien recientemente interpretó a Gloria Trevi en la película biográfica de la cantante, escribió el guión junto con Max Zunino pensando en el México de hoy pero tratando de retratar un problema universal. “No es ninguna coincidencia que ese México ficticio sea tan parecido al de los periódicos actuales, pero más que de un país, hablamos de un modelo económico y social en el que el valor radica en la productividad. Si no eres productivo no sirves”, explica el director, “Y eso tiene graves consecuencias, en la realidad y en el mundo de Flavia, que se colapsa”.

Para Sofía interpretar ese papel fue confrontarse con sus propias aversiones, encarnar a una personaje que no solo es muy distinta a ella sino que le parece detestable. “Ella es muy odiosa y hasta molesta. Es egoísta, va por la vida dando codazos para conseguir lo que quiere, no la soporto”, cuenta la actriz, “pero cuando toda su estrategia le deja de funcionar, cuando no tiene qué comer y se queda en la calle, hay algo en ella que la vuelve más humana. Recibe ayuda de extraños y esto hace que se identifique con ellos y construya nuevos lazos solidarios. Esta es una historia de amor fraternal en un contexto muy hostil, pero siempre hay una esperanza.

Y en Los bañistas la solidaridad llegó más allá de lo que muestra la pantalla, pues al ser una producción completamente independiente, todos los participantes aportaron algo para hacerla una realidad. “Teníamos la idea, queríamos contar esta historia y no queríamos esperar tres años a conseguir los recursos para realizarla y otros tres años en lograr exhibirla, así que nos aventamos a hacerlo por amor al arte”, dice Sofía.

Su madre, la escenógrafa y directora de arte, Gloria Carrasco, fue también productora de este proyecto que define como “familiar”, más allá de los lazos sanguíneos. “Aquí nadie hizo dinero, al contrario. La película le pidió recursos a todos los que se involucraron en ella: dinero, trabajo, cosas en especie”, dice, “todos estábamos ahí porque creímos en la película, porque nos apasionaba conseguir que la gente la viera y nos convertimos en una familia de verdad”.

Para Max esta fue una forma de completar el ciclo que inició con una idea, con una imagen de personas cruzando frente a un plantón sin inmutarse. “La solidaridad está dentro de la historia, pero también fuera, porque si quienes hicimos esta película no hubiéramos sacrificado tiempo, dinero y talento en nombre de algo más grande, esto nunca se hubiera logrado. Y aquí estamos”.

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