• Regístrate
Estás leyendo: La maternidad oculta de Sara Montiel
Comparte esta noticia
Sábado , 22.09.2018 / 01:10 Hoy

La maternidad oculta de Sara Montiel

Una hija que nunca conoció.

1 / 2
Publicidad
Publicidad

El primer amor de la actriz Sara Montiel fue el dramaturgo Miguel Mihura. Comenzaron una relación cuando ella tenía 17 años y él 41. “A Miguel fue el primero que quise, el hombre que me hizo mujer y el hombre al que volvía loco en la cama y lo dejaba como un trapo”, me dijo en octubre de 2012, durante una larga entrevista para El País. Poco después de que la actriz manchega comenzara su carrera cinematográfica en España, Mihura la recomendó con los productores de Hispamex, quienes la contrataron enseguida para protagonizar Furia roja, junto a Arturo de Córdova. Así que Sara Montiel y su madre no tardaron en hacer las maletas y juntas llegaron al Distrito Federal en abril de 1950. “¡Ay qué país el que me encontré! Maravilloso. Qué sitios, qué comida. Una industria cinematográfica muy profesional, en plena época de oro. ¡Y la gente se podía divorciar!, una realidad que contrastaba con la España ‘cutre’ que teníamos entonces. Y al instante me hice famosa”, recordó con entusiasmo en aquella conversación que mantuvimos en su casa de Madrid, rodeados de numerosos cuadros, objetos de cerámica, cristal y mármol.

En cuatro años, Sarita (como comenzaron a llamarla en México), filmó 14 películas (tres al lado de Pedro Infante: Necesito dinero, Ahí viene Martín Corona y Vuelve Martín Corona), le concedieron la nacionalidad mexicana, compró una casa en Cuernavaca y convivió con la plana mayor de los españoles que habían llegado al país como refugiados a causa de la Guerra Civil. Gracias a su amistad con José Puche, quien había sido ministro de Sanidad en la República de Juan Negrín, Sara Montiel comenzó a verse rodeada de varios intelectuales. Ella, que nunca fue “mujer de escuela y universidades”, que hasta entonces apenas sabía leer y escribir, tuvo de pronto “al mejor maestro”: el poeta León Felipe. “León no soportaba que yo no supiera leer bien, que fuera tan ingenua e inculta. Me daba libros de historia de México. Y yo los leía y los copiaba. También me puso a estudiar teatro. Y… se enamoró de mí. Pero yo no. Y creo que lo decepcioné. A sus tertulias acudían personas como Alfonso Reyes o Pablo Neruda. Jamás me imaginé estar entre gente como ellos”, agregó en aquella entrevista.

El mes pasado, la protagonista de El último cuplé y su “vida mexicana” volvieron a la actualidad española. La revista Lecturas, un semanario especializado en cotilleos de famosos, publicó que Sara Montiel había tenido una hija en México. Lo contó en una entrevista José De la Rosa, peluquero y amigo de la actriz durante 50 años. “La niña nació por cesárea, muy larga y muy complicada. Cuando Sara despertó de la anestesia, le dijeron que había tenido una niña que había nacido muerta. Ella era muy joven y siguió adelante con su vida y su carrera”, declaró De la Rosa. No dijo quién fue el padre, pero sí que años después de aquel parto, Sara Montiel se enteró de que la niña estaba viva, que había sido entregada en adopción a un matrimonio de Valencia y que no hizo el menor esfuerzo por recuperarla. Una semana después, en la misma revista, el periodista Carlos Ferrando afirmó que la propia Sara Montiel le confesó que el padre de aquella niña fue Ramón Mercader, el asesino de León Trotsky.

Siempre según la versión de Ferrando, Mercader era un preso privilegiado en la cárcel de Lecumberri, al que le permitían recibir constantes visitas “de personajes de primer nivel.” Corría el año número 11 de su condena cuando Sara Montiel fue a verlo por primera vez. Quien la llevó a la prisión para presentárselo fue Juan Plaza, comunista manchego en México, a quien la artista conoció a través de León Felipe, “para que interactuara con alguien de su tierra”.

En un país donde las intimidades del mundillo de la farándula y el jet-set son analizadas microscópicamente, la noticia causó revuelo. La actriz y cantante Marujita Díaz, íntima amiga de Sara Montiel (y habitual en los programas televisivos del corazón), le dijo al diario ABC: “Yo lo sabía, porque ella me lo contaba todo. Pero era un secreto. Ahora que lo han dicho no tengo más remedio que confirmar que es verdad. Pero el asesino de Trotsky no es el padre. Sara me dijo que el padre era un hombre muy, muy importante en México. Quizá un político. No me dijo el nombre, pero debía de tener mucho poder y no le convenía el escándalo. Lo único que sabemos es que la niña fue adoptada por un matrimonio valenciano. Sara lo supo cuando regresó a vivir a España. Pero ella no quiso saber más. En esos años el escándalo hubiera acabado con su carrera”. Por su parte, el periódico La Vanguardia dejó entrever que la relación entre Ramón Mercader y Sarita pudo haber existido pues, en el documental Asaltar los cielos, que Javier Rioyo hizo sobre el asesino en 1966, ella afirmó, entre otras cosas, que “aunque Mercader cometió un asesinato, no era un hombre malo”.

El 8 de abril se cumplirán dos años del fallecimiento de Sara Montiel y, hasta el momento, nadie de su entorno ha aportado algo más a la historia. Tampoco ha aparecido la supuesta hija para reclamar parte de la cuantiosa herencia de la artista y el guión de este melodrama post mortem permanece incompleto. Lo que se sabe es que, por más que lo intentó, la protagonista de La violetera no tuvo hijos biológicos y, por ello, adoptó dos hace más de 30 años, cuando se casó con el empresario mallorquín Pepe Tous. “He tenido 11 abortos. El último, a los 51 años. Intenté e intenté parir, pero no pude. Hubo una vez que casi lo lograba. En el 59, cuando ya tenía una panza enorme de ocho meses, me caí al salir del estudio de mi marido (el director estadunidense) Anthony Mann, en nuestra casa de Los Ángeles. Caí de culo, sentada, y empecé a reírme: “Pero ¿será posible?, ¿seré tonta?”. A las cuatro horas empecé a sangrar como un cochinillo al que le rajan el cuello. Me llevaron al hospital y me hicieron una cesárea. El bebé se murió en el momento en que caí. El doctor que me atendió me dijo que tendría secuelas debido al Edema de Quint, y así fue. Me quedaba embarazada pero a los tres, cuatro, cinco meses…, los perdía a causa de una inflamación en los tejidos blandos”, me contó ella misma en 2012.

Entre los dimes y diretes de maternidades ocultas o malogradas, cabe recordar que la propia Sara Montiel estuvo a punto de no nacer. Cuando su madre supo que estaba embarazada por segunda vez, decidió que era mejor “que el niño no viniera al mundo”. Los tiempos de la posguerra española “estaban muy difíciles” como para que la familia creciera tan rápido y, a escondidas, salió de su pueblo para abortar. Pero nadie se dio cuenta de que en el vientre tenía dos placentas. Le sacaron una y la otra siguió creciendo. La arista no tuvo una gemela o gemelo, pero sus padres se encargaron de que ella tuviera suficiente presencia. Por eso, a la hija que se convertiría en la primera española en actuar en Hollywood, le pusieron María Antonia Alejandra Vicenta Elpidia Isidora Abad Fernández. Luego ella se lo cambió por el que permanece en el recuerdo del público: Sara Montiel.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.