• Regístrate
Estás leyendo: Historias reinventadas
Comparte esta noticia
Viernes , 21.09.2018 / 13:14 Hoy

Historias reinventadas

Función Dominical

Publicidad
Publicidad

La música al inicio de La leyenda de Tarzán recuerda a El rey León, de 1994. Escuchamos cantos africanos y por más que uno crea que lo que va a ver es puro entretenimiento, pronto se sumerge en una ficción bien fotografiada, bien actuada y bien escrita. La verdad es que resulta difícil no abrigar prejuicios contra una nueva versión de Tarzán. Resulta imposible no hacer comparaciones con Johnny Weissmuller. Además están la nostalgia por las novelas de Edgar Rice Burroughs y la extraordinaria versión que dirigió Hugh Hudson en 1984. Pero si uno cree que verá el típico revival de un súper héroe avejentado en esta función dominical, dese permiso de sorprenderse con esta secuela de Greystoke, la leyenda de Tarzán.

Desde las primeras escenas disfrutamos a Christoph Waltz en su papel de “el malo de la película”. Con su acentito alemán, Waltz nos introduce en la trama de una venganza que se está fraguando contra Lord Greystoke, quien como se sabe, había dejado la selva para regersar, casarse con Jane y vivir la vida de un buen burgués. Lo que no sabe Tarzán es que hay otro simpático personaje que va a convencerlo de volver al Congo. Que George Washington Williams haya existido en la vida real y que haya peleado contra Maximiliano I de México es lo de menos, lo de más es la interpretación de Samuel L. Jackson, quien con acento de afroamericano de hoy persigue al noble Graystoke por una selva en la que nuestro héroe aún tiene que arreglar uno o dos problemas familiares… con gorilas.

David Yates, director de esta versión de La leyenda de Tarzán pasó de la televisión al cine con las películas de Harry Potter. El realizador parece haber aprendido su lección. Sabe bien cómo dar a los niños y a sus padres lo que quieren sin ser demasiado obvio. El grito de Tarzán, por ejemplo. El que hizo famoso a Weissmüller. Si Yates hubiese abusado del nuevo aullido de la selva y si este no fuese tan novedoso, no sería capaz de ponernos la piel de gallina. El secreto de Yates parece estar en que sabe preparar a su público como un cantante que cuando ya tiene a todos boquiabiertos suelta el tema musical que todos han venido a escuchar.

Es cierto que hay dos o tres secuencias más o menos gratuitas en La Leyenda de Tarzán. Los ataques a la Iglesia resultan tan gratuitos y fuera de lugar como el rosario que sirve al “más malo de la película” para ahorcar a sus enemigos. Yates, su guionista y los productores no necesitaban introducir problemáticas del siglo XXI para dar peso político a la verdadera lucha de Tarzán: la reivindicación de África.

Por último, Yates aprendió de Tarantino a cambiar la historia. Si en Inglorious Basterds Hitler fue asesinado, ¿por qué África no iba a poder desterrar a una sanguijuela tan atroz como Leopoldo de Bélgica? Aunque en la historia real, el Congo sufrió la opresión más brutal en la historia humana de manos de sus verdugos belgas, la verdad es que en el cine siempre es posible crear un mundo mejor.

La leyenda de Tarzán (The Legend of Tarzan). Dirección: David Yates. Guión: D. Yates, Adam Cozad y Craig Brewer basados en la historia de Edgar Rice Burroughs. Fotografía: Henry Braham. Con Alexander Skarsgard, Margot Robbie, Christoph Waltz, Samuel L. Jackson. Estados Unidos, 2016. @fernandovzamora

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.