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Martes , 19.06.2018 / 23:26 Hoy

[Función Dominical] La lírica del terror

"Sin regreso" parece un homenaje o, mejor, una mala imitación de "Cuéntame tu vida", de Alfred Hitchcock.

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Fernando Zamora

El 7 de julio del 2008 en la revista Entertainment Weekly, Stephen King escribió: “Explicar una película o los sucesos en ella es antitético de la lírica del miedo. El miedo que perdura es el que permanece inexplicado”. Para King la lógica de la vida (con todo y fantasmas) es insípida. Yo estoy de acuerdo y por desgracia Sin regreso, del australiano Michael Petroni, ofrece más explicaciones que misterios. La “lírica del terror” revienta como un globo ponchado. Aún así los fanáticos del terror irán a verla. Estas películas tienen a un público religiosamente fiel. Mucha gente se entretiene con la vieja idea de que los muertos sin justicia no pueden descansar.

Con todo y todo, al menos al principio Sin regreso promete. Poco a poco, sin embargo, uno descubre que hay aquí una cópula fallida entre El sexto sentido y Sé lo que hicieron el verano pasado. El director pierde su rumbo, me parece, porque enajenado con la quimera del éxito económico no se permite explorar un tema realmente importante para él: la culpa infantil. En 2012 Petroni escribió The Dangerous Lives of Altar Boys. En ella un niño travieso se metía en un lío que terminaba con la vida de uno de sus compañeros. Esta trama, que tiene en común con Sin regreso el sentimiento de culpa infantil, es un asunto que el director Michael Petroni debería explorar porque se nota que le interesa: esa culpa que se incrusta en nuestras vidas cuando somos tan niños que no podemos asimilarla. Expiación, deseo y pecado, de Joe Wright, es en este sentido la mejor película basada en la culpa que una niña tiene que cargar hasta la vida adulta.

Pero como decía, Petroni parece haber querido como tantos otros conseguir con su primera película un rotundo éxito económico. No se da cuenta de que los grandes realizadores comienzan explorando los temas que los atañen poco a poco; escribiéndolos, digiriéndolos y examinándolos antes de coquetear con el cine que realiza el gran capital.

Además del tema de la culpa, el director de Sin regreso desperdicia a un buen actor. Adrien Brody en el papel de psiquiatra atormentado no convence. Su tragedia resulta anecdótica y ni siquiera tiene consecuencias reales en el desarrollo de una trama abultada con todos los clichés del cine de terror. Hay tantos lugares comunes que por momentos Sin regreso parece un homenaje o, mejor, una mala imitación de Cuéntame tu vida, de Alfred Hitchcock. Y es que el despistado Adrien Brody por momentos sufre las paranoias de Gregory Peck en el clásico de 1945. Como Peck, Brody padece un recuerdo que lo consume y no lo deja vivir.

La comparación con Hitchcock por supuesto, resulta desmesurada. Sin regreso se parece a casi cualquier película en que haya suspenso psicológico. Y sin embargo, ahí donde está la debilidad está su fortaleza, por lo dicho, los amantes del terror irán a verla sea como sea. Lo hacen así cada semana: buscan un filme de miedo. Tal vez la única cualidad de estas películas estribe en que en la oscuridad de la sala es fácil abrazar al novio o a la novia so pretexto del susto en una función dominical.

Sin regreso (Backtrack). Dirección y guión: Michael Petroni. Fotografía: Stefan Duscio. Con Adrien Brody, Sam Neill, Bruce Spence, Robin McLeavy. Australia, 2016.

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