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Domingo , 09.12.2018 / 21:09 Hoy

[Función Dominical] La güera y el tiburón

'Miedo profundo' tiene dos o tres cabos sueltos y la actuación no es magnífica, pero hace mucho que no aparecía en cartelera un tiburón con tanto carácter como el de esta función dominical.

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Aunque Blake Lively no termina por cautivar en Miedo profundo, la verdad es que nos mantiene interesados de principio a fin. El éxito de la película está en un guión que sin echar mano de artificios extravagantes sigue la estructura de 127 horas, de Danny Boyle. Como en 127 horas, Lively es una deportista que en busca de emociones extremas se enfrenta con la soledad y la naturaleza. En la película de Boyle un corredor queda atrapado en una roca en medio del desierto, en Miedo profundo una surfista queda atrapada en una roca en medio del mar. La acecha un tiburón. En ambos casos la soledad es casi total.

Hay que decir que Miedo profundo tiene dos o tres cabos sueltos y la actuación no es magnífica, pero hace mucho que no aparecía en cartelera un tiburón con tanto carácter como el de esta función dominical. Lo es porque el director y su guionista han sabido llevar una historia de suspenso y de superación personal hasta el terreno en el que se mueven mejor: el horror.

Y es que la verdad, la situación no podía ser más espantosa. La rubia se desangra en una roca y sabe que, en cuanto suba la marea, se encontrará con la muerte. El guionista Anthony Jaswinski y el director catalán Jaume Collet-Serra acentúan el tono onírico con detalles que resultan incluso surrealistas. La chica en apuros, por ejemplo, tiene como único acompañante a una gaviota. Se trata, sin duda de un personaje mucho más entrañable que Wilson, la ridícula pelota de voleibol que acompañaba a Tom Hanks en la desatinada película Náufrago de Robert Zemeckis, obra que recordamos solo por la desmedida publicidad que la precedió. Miedo profundo también tiene algo de Robinson Crusoe y aunque ha sido mucho menos publicitada ofrece un producto mucho mejor que el de Zemeckis.

La película se filmó en Australia. De hecho una de las cosas que no terminan por explicarse es por qué el director decidió trasladar esta historia de tiburones a México, donde no suele haber escualos de ese tamaño. Los paisajes son espectaculares y, aunque Lively no deja de ser nunca la mujer despampanante que no pierde el estilo aunque se esté desangrando, Miedo profundo se sostiene gracias a la mancuerna de Jaswinski y Collet-Serra, quienes de inmediato desechan la posibilidad de contar uno de esos infumables falsos documentales que se han puesto tan de moda. En efecto, en la primera escena un niño recoge una cámara y a uno lo asalta el malestar. Es posible creer que volveremos a ver La bruja de Blair aunque esta vez con tiburones, pero no. El guionista pronto sigue otros rumbos y llega incluso a las alturas de Cuando todo está perdido, aquella magnífica película en que Robert Redford se enfrenta solo al vaivén del océano en un yate a punto de naufragar. Como siempre, el mar y el naufragio tienen algo de simbólico. Lo que caracteriza a los personajes solitarios en esta clase de películas minimalistas es que su enfrentamiento con la naturaleza recuerda que ante la muerte siempre nos hallamos solos. Bajará la marea y la playa de olas verdes dejará de ser un paraíso. Se volverá una pesadilla.

Miedo profundo (The Shallows). Dirección: Jaume Collet-Serra. Guión: Anthony Jaswinski. Fotografía: Flavio Martínez Labiano. Con Blake Lively. Estados Unidos, 2016.


VJCM

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