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Miércoles , 17.10.2018 / 14:14 Hoy

[Función Dominical] El lobo del hombre

Que el hombre es el lobo del hombre es un refrán viejo y cierto. Al menos en La persecución, película que hoy recomiendo en este espacio.

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Que el hombre es el lobo del hombre es un refrán viejo y cierto. Al menos en La persecución, película que hoy recomiendo en este espacio.

Hay en La persecución una moraleja: el fastidiado pueblo de Estados Unidos está siendo objeto de una cacería por parte de los millonarios que ponen a su país en manos de China. La historia se desarrolla con simplicidad meticulosa. Esa que mantiene al borde del asiento. Ben es un guía del desierto. La novia se le ha ido lejos de este mundo de escorpiones y coyotes y él vive nostálgico hasta que aparece un día un hombre que quiere cruzar el desierto. El hombre es Michael Douglas, un empresario bien vestido que a todas luces respeta solo una cosa: el dinero. Ése que dicen, todo lo puede comprar.

Por razones que no hay que contar aquí, el guía termina por volverse objeto de caza del millonario sin escrúpulos. La persecución se transforma así en la metáfora que ya mencionaba. El joven héroe estadunidense sufre la caza de un millonario que se ha creído que, en efecto, sus deseos son órdenes.

Películas como La persecución asombran en México por su simplicidad. Demuestran que para hacer buen cine no son necesarios grandes efectos especiales. El interés y, en suma, el arte de esta película, está basados en dos pilares: guión y actuación. En el rubro de las actuaciones tenemos a Ben, el guía que interpreta Jeremy Irvine. Este chico con cara de niño tiene la capacidad de transformarse y ser a veces el muchachito y a veces el hombre que olisquea el desierto como un coyote. Irvine va sorprendiendo a Douglas (y por tanto al respetable) con las artes de quien conoce esta inmensidad mejor que una serpiente, pero eso sí: no se arrastra. Ante un millonario, Ben no se arrastra.

Por otro lado, está nuestro querido Michael Douglas. Aquí lo vemos ya un poco cansado. Viejo y mal peinado. Usa la barba rala. Douglas es poco más que un cazador que enloquecido decide matar al muchacho que originalmente se ofreció para dirigirlo por el desierto. Su personaje representa en realidad al capitalismo que no sabe de escrúpulos; él es el hombre que solo sabe cubrir crimen con crimen y que cree que en sus venganzas Dios vive con él. Armado con tecnología de punta, con un automóvil alemán capaz de surcar dunas igual que de preparar un Martini, Douglas tiene, además, un rifle extraordinariamente preciso con el que, al inicio de la película, comete un crimen. A partir de este momento la historia no permite respirar. Los eventos se suceden con el vértigo de quien vive un sueño de perseguidores y perseguidos. Douglas es el malo perfecto en esta historia en que el hombre es asesino del hombre; historia que denuncia un capitalismo salvaje, inhumano. Capitalismo de persecuciones en el desierto y que con simplicidad demuestra que en Estados Unidos hace tiempo que el sueño americano dejó de funcionar. En efecto el hombre es el lobo del hombre en el desierto de este mundo. La persecución es una recomendable metáfora para esta función dominical.


La persecución (Beyond the Reach). Dirección: Jean-Baptiste Léonetti. Guión: Rob White basado en la novela de Stephen Susco. Fotografía: Russell Carpenter. Con Michael Douglas, Jeremy Irvine, Patricia Bethune, Hannah Mangan. Estados Unidos, 2014.

@fernandovzamora

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