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Jueves , 16.08.2018 / 23:06 Hoy

El terremoto es una crisis familiar

Función dominical

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Terremoto: La Falla de San Andrés es la típica película de desastres que cada dos o tres años aparece en cartelera. Tsunamis, volcanes, epidemias, un meteoro o una invasión. Lo que importa es ver al mundo estallar. No es cuestión de mucha ciencia imaginar que Terremoto es una película más bien tonta. Merece sin embargo un comentario por esto: ¿Alguien ha notado que en toda película de desastres el colapso que subyace es familiar?

La película comienza con el placer dudoso de ver a una güera rica despeñándose en cámara lenta. En mis tiempos, los primeros en morir eran negros o latinos. ¿Cómo olvidar La aventura del Poseidón, Infierno en la torre o toda la serie de Aeropuerto? El mesero negro y el bailarín latino tenían escrito en la cara “soy el primero que morirá”. Las cosas han cambiado en este sentido. Tanto que hoy la familia ideal está hecha de quienes antes sucumbían. Un hombre negro y una mujer latina son los padres que se están divorciando.

No han pasado ni diez minutos de película y nos encontramos ya un poco aburridos. No da ligereza a la pantalla ni siquiera el profesor chiflado que cuenta a sus alumnos lo que es La Falla de San Andrés. A decir verdad lo más desesperante en el cine de desastres es que uno ya sabe lo que sucederá y por supuesto espera que suceda lo antes posible. Diez minutos y no ha vuelto a temblar, “la película se está poniendo lenta, ¿cómo irán a hacer los productores de este churro para llenar dos horas con un desastre que no hayamos visto?”, se dice uno. En la ciudad de Los Ángeles está la clave. Ya antes vimos (en 1997) a un volcán que aparecía en el centro de la ciudad. La película se llamó así: Volcán. Ahora la ciudad se parte en dos. Entramos en el helicóptero de nuestro héroe al piso treinta y tantos de un rascacielos justo cuando todo comienza a quebrarse.

El cine de desastres ofrece al espectador la posibilidad de ver cómo se desmorona lo que más amamos. Algunas de las mejores secuencias de este tipo de películas incluyen la destrucción del Coliseo, la Torre Eiffel hecha un jirón y las pirámides egipcias volcadas de cabeza. El Capitolio en Washington ¿cuántas veces lo hemos visto caer?

Pero hay más: la crisis familiar. Aún la imponente película Melancolía de Lars von Trier, relaciona el desastre con una crisis familiar. Esta es mi propuesta: todo el cine de desastres es en realidad la puesta en escena de algo mucho más profundo; algo que en esta sociedad escinde a los niños con el terror de ver que lo que más quieren se rompe así: divorcio. Películas como Terremoto: La Falla de San Andrés apelan al inconsciente de los adolescentes a quienes va dirigida y les muestra que el intocable monumento de La Familia es tan frágil como el obelisco de Washington. Lo verdaderamente terrorífico en el cine de desastres es descubrir que o la familia ideal nunca existió o que en todo caso, más temprano que tarde, caerá como caen los edificios de Los Ángeles en esta mediocre función dominical.

Terremoto: La Falla de San Andrés (San Andreas). Dirección: Brad Peyton. Guión: Carlton Cuse, Andre Fabrizio y Jeremy Passmore. Fotografía: Steve Yedlin. Con Dwayne Johnson, Alexandra Daddario, Carla Gugino, Ioan Gruffudd. Estados Unidos, 2015.

@fernandovzamora

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