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Sábado , 18.08.2018 / 14:16 Hoy

El Santo Oficio

Gustavo García

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La noticia llega como una flecha al corazón: murió Gustavo García. La mañana del jueves 7 de noviembre se nubla y al cartujo se le escapan las lágrimas, era su amigo.

Nunca compartieron aventuras ni noches de copas, excepto durante la reseña cinematográfica de Acapulco en 1987. Pero Gustavo no solo era reconocido como crítico e historiador del cine mexicano, sino también por su excelente sentido del humor, por su franqueza y la pasión desplegada en cada uno de sus trabajos, de sus proyectos. Por eso era fácil respetarlo y quererlo.

Hablaron por última vez cuando él ingresó a un hospital de la colonia Del Valle, del cual, al día siguiente, sería trasladado al Ángeles del Pedregal y luego al López Mateos, del ISSSTE, al complicarse su estado de salud. Colaborador de Dominical MILENIO desde el primer número, llamaba para disculparse:

—Hoy si te voy a fallar —dijo con la voz alegre de siempre. Al preguntarle el motivo habló de una cirugía menor. Era el lunes 1 de julio y, según lo pronosticado, el miércoles estaría de regreso en su casa. El monje le propuso:

—Pues entrégame tu texto el jueves.

—Así, sí. Cuenta con ello, te lo entrego.

Lo de siempre, algunas bromas, los buenos deseos y el compromiso de llamarse el jueves. Nadie lo imaginaba, pero Gustavo comenzaba una prolongada, desesperada lucha contra la adversidad. Los precios exorbitantes en el Ángeles forzaron su cambio al López Mateos, donde poco a poco los estudios fueron revelando males agazapados en un cuerpo en apariencia sano y fuerte.

En los setenta del siglo pasado, en las páginas de la revista Su Otro YO Gustavo hacía la crítica cinematográfica y el futuro amanuense escribía de temas relacionados con los deportes, los espectáculos, la cultura o cuanta cosa se le ocurría a Vicente Ortega Colunga, director de esa legendaria publicación. Ahí se conocieron.

El prestigio de Gustavo lo llevó a otros espacios, a la radio, a la televisión. Fundó revistas de cine y escribió varios libros, el último de ellos Al son de la marimba. Chiapas en el cine, un homenaje a su tierra natal, aunque más bien parecía norteño por su forma de hablar y vestir.

En 2001 el trapense creó en Milenio el suplemento extraVagancia y llamó a Gustavo para hacer la crítica de cine. El 7 de septiembre, en el primer número escribió sobre Réquiem por un sueño, la excelente película de Darren Aranofski. El texto salió cortado por la mitad. En vez de hacer un escándalo, al comentar el error solo advirtió con seriedad fingida: "Con que no se vuelva a repetir" y comenzó a reír. Sabía de los problemas de ser editor y a pesar de su ya innegable fama, no asumía poses de estrella.

Los últimos meses fueron difíciles no solo para Gustavo sino también para su familia. Afortunadamente todo el tiempo estuvo acompañado por su esposa Claudia Ojesto y el sábado se reunió por una hora con su hijo Ángel, quien ese día cumplió 10 años. Adoraba a su hija Alejandra, nacida en su primer matrimonio, y todos lo queríamos a él.

Queridos cinco lectores, El Santo Oficio los colma de bendiciones. Amén.

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