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Miércoles , 14.11.2018 / 10:00 Hoy

El pintor al que Madonna despreció

La Reina del pop sedujo a legiones de fieles para convertirse en un clásico de la música; sus provocadores desplantes alcanzaron incluso al pintor mexicano José Alberto Gironella y Ojeda.


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“Madonna es la belleza convulsiva; es la duda. Una sensación del pecado que me ha apabullado y cada día la seducción se convierte en algo enfermizo. Madonna me causa desazón, es como una pesadilla, the nightmare; la yegua de la noche a la que deseo y detesto, quiero y odio al mismo tiempo. Me ha ganado. Es decir, me pasé de dosis. Creo que me he comprometido a tal grado como artista que mi obra gira en torno a ella. Obviamente que la quiero, es más, la adoro, estoy dando mi pellejo, mi vida, a veces mi patria por ella”, confiesa el pintor (en voz de Pedro Armendáriz Jr) en el documental Alberto Gironella: Lo mío es el loco intento de pintar el tiempo, dirigido por Luisa Riley y Ariel García, estrenado en 2004 por el Canal 22 y presente en la plataforma YouTube.

Nacido en 1929, de padre catalán y madre yucateca, Gironella estudió Letras pero se retiró pronto de la escritura tras aceptar que carecía del talento suficiente para llegar tan lejos como sus maestros. Al año siguiente incursionó en las artes gráficas, sin claudicar de la fuerte influencia que le significaban los dos Ramones: Gómez de la Serna y Valle-Inclán.

Gironella admiraba y tenía relación con Luis Buñuel, pero trepó a la torre del surrealismo hasta la primera vez que expuso en París, en el pasillo de un cine. Esa vez, André Bretón lo adoptó como uno de los suyos y plasmó en un periódico la fascinación que su obra le causó: “Viva Gironella. El surrealismo no ha muerto”. El gesto no pasó desapercibido para el pintor, quien buscó al francés e inició una amistad con él solo interrumpida por la muerte del escritor en 1966.

Y aunque en México a Gironella lo ubicaban como uno de los mayores exponentes de la generación de La Ruptura, él mismo se sentía más identificado con los surrealistas, pues entre su declaración de principios sobresalía el de escandalizar. Tan conocida era su locuacidad que no hubo reproche alguno cuando expresó: “Madonna más que pop es la última surrealista, quien toma el relevo de Bretón y Buñuel (especialmente el de éste último) que estarían encantados con ella por el uso que ambos hacen de la iconografía católica con un elemento muy propio de fin de siglo”.

En las tardes de soledad en su estudio, Gironella descubre que la cantante seduce a San Martín de Porres en el video de “Like a Prayer”. Lo impacta que aborde con humor los temas religiosos pero también que inyecte de mística ese abismo donde pocas veces conviven sensualidad y fe. Y mientras el mundo se enfrasca en las discusiones sobre la pertinencia o no de las sacrílegas explosiones madonescas, e incluso la posibilidad de penalizarlas, El barón de Beltenebros (seudónimo robado de El Quijote), defiende la idea de que ella hace un favor a la humanidad, pues acerca las ideas religiosas al sexo, pisoteando cartabones históricos y morales. Eso lo altera pero, sobre todo, lo inspira.

NACE UNA FIJACIÓN

Como único mexicano invitado a participar en una retrospectiva de André Bretón en el Pompidou, con el óleo Francisco Lazcano en su taller, Gironella y su hijo Emiliano arriban en mayo de 1991 a París. Por esos días se estrena en aquella ciudad Truth or Dare (En la cama con Madonna), film que retrata los sexuales entretelones de la más reciente gira de la cantante, y Gironella hijo, sabedor de los gustos de su padre, lo invita a la proyección. Ese par de horas en la sala desencadena la fijación del viejo por La Reina del pop, en ese momento plena y frondosa a sus 33 años. Madonna venía de filmar Dick Tracy y de tener un affaire con el protagonista, Warren Beatty, pero también de su Blond Ambition World Tour —criticado acremente por grupos religiosos—, pero destacado por Rolling Stone como el mejor show de 1990 (“gracias a sus elaboradas coreografías y su extravagante y provocativa sensualidad”).

Durante los siguientes dos años y medio, el también llamado Procónsul de Valle de Bravo no hace otra cosa que pensar en la intérprete. Y decide pintarla, le dedica collages, le manda mensajes o colecciona libros y revistas. Todo cuadraba: el origen italiano de la cantante con su indumentaria llena de crucifijos, y las Madonnas de Da Vinci y Rafael. La muestra surrealista a la que fue invitado en París y el estreno en la misma ciudad del citado film. Parafraseando al homenaje recibido por Bretón, Gironella ahoga un grito: “Viva Madonna; el surrealismo no ha muerto”.

“Mi papá no era melómano, no le interesaba mucho la música y más que la fortaleza lírica de las letras de Madonna, le interesaba la capacidad de la cantante para provocar”, apunta Emiliano, quien también describe a su padre como un seductor nato, encantador, gran conversador y proveedor; aunque también lo revela como alguien que con el tiempo se volvía insoportable, como genio que era.

En homenaje a Marcel Duchamp, Alberto crea La ambición rubia, donde coloca a Madonna junto a un urinario y la viste con corsé para hacer la simbiosis con Frida Kahlo. La rodea de latas, corcholatas, caracoles, cotorras disecadas y botellas de champaña. La pinta como calavera y viste como Cristóbal Colón durante los festejos por los 500 años del Descubrimiento de América. En Arco 92, en su exposición Trampatojos o la verdadera historia del disparate, muestra por vez primera un collage dedicado a ella: Me encontré con la yegua de noche. También pinta su cara sobre un balero extra grande y al pivote que ensarta el juego le coloca un condón. “Por ejemplo, a Gloria Trevi no se me antoja pintarla sobre un balero”, decía.

“Considero que Madonna es un misterio y no deseo quedarme así. Creo que tampoco ella sabe muy bien de qué se trata todo esto. Mi Madonna seguramente es diferente a la verdadera”. El pintor recibe alumnos, colegas o periodistas en su estudio y durante ese tiempo no existe otro tema de conversación que no sea el de La chica material. Son los albores de 1993 y el creador ya acumula una docena de obras alusivas a la cantante. “Todo esto tiene el fin de seducirla”, se sincera.

“El único ser vivo con el que se enfrenta cotidianamente es la mujer, que representa para Alberto el gran conflicto, el más profundo misterio, el objeto de sus deseos. Alberto depende de las mujeres, las adora y las detesta”, dijo su amigo el crítico José Pierre.

QUE COMIENCE EL SHOW

Noviembre de ese mismo año es la fecha marcada para el debut de Madonna en México, durante el The Girl Show World Tour, espectáculo en el que viste como dominatrix y canta junto a bailarinas en topless. En un show previo en Puerto Rico, la cantante pasea la bandera de ese país entre sus piernas lo cual provoca indignación no solo entre los boricuas.

Comandado por el presidente de Provida, Jorge Serrano Limón, en México se forma un frente anti-Madonna bajo el argumento de que “atenta contra nuestros valores”. ¿Su misión? Impedir los tres conciertos de la cantante. El debate llega hasta la Cámara de Diputados dónde el priista Sebastián Lerdo de Tejada (el mismo que se ganó el aplauso póstumo al morir en mayo del 2015 en un hospital del ISSSTE y no en uno privado como todos los políticos), propone se nieguen los permisos para los shows. Los diputados del PRI Silvia Pinal y Julio Alemán piensan lo contrario argumentando que “quien no quiera ir pues que no vaya”. Nino Canún realiza un programa de tv con el tema “¿Es inmoral Madonna?”. La Reina del pop es declarada “enemiga de la Virgen de Guadalupe” y la presentación se tambalea por el empuje del conservadurismo.

En un pueblo del Estado de México, un Quijote enamorado lucha contra esos mitos y desde su trinchera defiende a su Dulcinea de las calumnias. Da entrevistas y provoca controversias por oponerse a la campaña anti-Madonna lo que provoca que sus vecinos en Valle de Bravo le dejen de hablar. “Cretino radical”, llama Alberto Gironella al diputado Lerdo de Tejada en plena campaña por la defensa del derecho a ser hereje.

En otro frente, el pintor y sus amigos conspiran para que la expo, con 14 obras dedicadas a Madonna en la galería Zona, se inaugure durante las fechas en que el tour pasaría por México. De algún modo busca tener el colofón perfecto para esta disfuncional pero hermosa historia de amor, en algo que habría resultado ideal para alguna secuencia del nuevo cine mexicano: Madonna arribando al humilde pero muy sincero homenaje que un fan que casi le doblaba la edad, le prodigaba.

Pero, lamentablemente, eso no se cumple. Incluso hasta se teme que durante la exposición, un fanático religioso ataque al pintor, quien se coloca una camiseta con la foto de Madonna estampada para que el matón no se equivoque. A través de los responsables de organizar el concierto, Gironella le manda a su Reina del pop un cuadro por su cumpleaños 36 y varios mensajes cuyo fin era una eventual reunión. En respuesta la producción de la cantante envía al sexagenario el boleto número 000 para mirar el espectáculo.

Instalado en su asiento VIP, Gironella celebra que la prohibición muera al presentarse Madonna ante la masa chilanga en perfecto español: “Mexicanos cabrones, ¿les gusta mi culito?”. Recuerda Emiliano que “mi papá quedó desilusionado pues nunca había ido a un concierto de masas en su vida”. Tampoco fue ese el motivo por el que en las siguientes semanas le bajara la fiebre por la solista más exitosa en la historia de la música.

Luis Cardoza y Aragón describió a Gironella como “un pintor de desafíos y profanaciones” y lo fue hasta el 2 de agosto de 1999, día que concluyó la opereta pop que fue su vida. Un gran codependiente del misterio femenino que con la fuerte carga sensual de Madonna cayó redondito a sus pies. “Seguramente soy el viejo que nunca tuvo infancia, entonces me divierto como enano con estas cosas”, decía en relación a los juegos estéticos que ensayó con la que fue su musa más global.

“Buñuel, Bretón, Lowry, Joyce y Madonna, todos ellos están a la misma altura”, confesó el pintor a Rubén Bonet en una entrevista pasada por alcohol.

Madonna ahora descansa, pero retomará su gira el 6 y 7 de enero del 2016 en la Ciudad de México. Cuando llegue, notará que ya no se habla de prohibiciones ni profanaciones. Ella ahora se acerca a la edad que tenía Gironella cuando la amó.

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