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Sábado , 21.07.2018 / 14:55 Hoy

El luto se convirtió en una fiesta

La plaza de Garibaldi le rindió un sentido homenaje al cantante y compositor, quien se encuentra representado por una estatua, acompañada por Pedro Infante y José Ángel Espinoza, Ferrusquilla.

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Humberto Ríos Navarrete

El luto se convirtió en fiesta y la voz de Juan Gabriel empezó a escucharse por todas partes, desde los puestos de discos piratas hasta la Plaza de Garibaldi, donde los mariachis interpretan sus canciones; y alrededor de su efigie bailan y cantan sus admiradores, quienes esparcen rosas y colocan veladoras, que empezaron a derretirse desde lunes, y entonces la parafina comenzó a desparramarse sobre la base del pedestal que inmortaliza a esa figura flanqueada por las de Pedro Infante y José Ángel Espinoza, Ferrusquilla, que parecen escoltarlo en esa hilera en la que también están Lola Beltrán, José Alfredo Jiménez, Javier Solís y otros clásicos de la música ranchera.

Y llegan más admiradores.

Poco a poco.

Hombres y mujeres se aproximan con cierto temor, la curiosidad contenida, o será porque vienen de provincia, eso dicen, o porque prefieren guarecerse en las orillas, pues la inamovible masa, no obstante la resolana, se adueña de los alrededores, mientras tararea canciones del Divo de Juárez, quien murió el pasado domingo en su residencia de Estados Unidos, y ahora aquí, en la Plaza de Garibaldi, se desata un espontáneo homenaje de gente que echa porras y canta, incluso “Las Mañanitas”, quién sabe por qué, como si fuera el cumpleaños del ausente cantautor que anda en boca de todos.

Y aquí está el maestro Gustavo A. Santiago, arreglista de algunos clásicos, quien resalta las composiciones de Juan Gabriel, su amigo, quien canta y componía “séntidas” canciones, dice este hombre que en el año 1997 colaboró en el disco Juntos otra vez, en el cual hacían dúo Juan Gabriel y Rocío Dúrcal.

Santiago, que colaboró con Javier Solís, arregló “Así son los hombres”, interpretada por Rocío Dúrcal, y “La incertidumbre”, a dúo con Juan Gabriel, que también interpretaron “Te he escrito otra canción”, en 2006, año en el que también trabajó para Isabel Pantoja. “Era un gran intérprete y compositor”, dice el arreglista.

“Muy moderno, muy musical, muy poético”, sintetiza Gustavo Santiago, refiriéndose a Juan Gabriel, mientras que Lupita Juárez Magaña, de 82 años, quien vive en el tercer piso de un edificio de la calle Honduras, frente a la estatura erigida al cantante, recuerda bien el día que la develaron, pero antes se jacta:

—Yo conocí a todos los que están en esas estatuas; yo los iba a ver al Blanquita y al Teatro Follies.

—¿Y cuando develaron la placa?

—Sí, vinieron varios; yo bajé y me metí. Sí –recuerda emocionada–, yo llegué primero que Juan Gabriel; cuando él llegó estaba yo formada, esperándolo. Recuerdo que él me pisó y se disculpó, pero yo le dije: “no se preocupe, pues para qué vengo a la bola”. Sí, me pisaron, me aventaron, pero yo lo ví así de cerquita.

La niña Omixys Miranda, de 11 años, interpreta canciones de Juan Gabriel, rodeada de familiares, amigos y curiosos. “Desde que yo tenía 3 años”, dice muy segura, “yo soy su fan número 1; yo le vengo a cantar por amor”.

—¿Y cuántas te sabes?

—Bueno, muchas, no las he contado, pero de Rocío Dúrcal, como unas 30– dice esta pequeña, siempre sonriente, de estirpe de cantantes, incluidos algunos de ópera –. Mi bisabuela es Celia Cruz.

—Sería un error que no te dedicaras al canto.

—Bueno —se encoge de hombros y vuelve a reír —, pues sí, me gusta mucho desde que yo escuché a mi papá que cantaba sus pistas de Juan Gabriel. Así empecé.

Y allá vienen más.

Salen de todas partes. Hombres y mujeres. Niños y adultos. Muchos de ellos vecinos de las colonias Centro y Guerrero, que se apersonan alrededor de la estatua del autor de “Querida”, y aquellos prefieren mirar de lejos, como para decir que estuvieron ahí, presentes, en un momento de la historia de un exponente de la música mexicana, cuyo nombre y canciones se repetirán siempre.

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