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Jueves , 21.06.2018 / 05:43 Hoy

Despiden a Zabludovsky en panteón israelita

Familiares, amigos, así como el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y Angélica Rivera, esposa del presidente Enrique Peña Nieto, acudieron al funeral del periodista.


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Juan Pablo Becerra-Acosta M.

Poco después de la una de la tarde, el periodista Jacobo Zabludovsky fue enterrado en el antiguo Panteón Judío, ubicado en el poniente de la Ciudad de México, entre las avenidas Constituyentes y Observatorio, a tan solo unos cientos de metros del lugar donde falleciera esta madrugada, el Hospital ABC, víctima de un derrame cerebral luego de que padeciera una severa deshidratación.

Antes de que los restos del también locutor de radio partiera hacia el panteón, decenas de familiares y amigos se dieron cita en un inmueble localizado en la calle Sur 138, a unos metros del sitio donde sería enterrado, donde el cuerpo de Zabludovsky fue preparado para el funeral como marca el rito judío.

Ahí llegaron muchos de los periodistas que se formaron con él desde hace décadas, como Joaquín López-Dóriga, Adela Micha, Jorge Berry y Amador Narcia, quienes le dieron el pésame a su viuda, Sarita, así como a sus hijos, el también periodista Abraham, y Jorge y Diana.

También acudieron el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, quien iba acompañado de la esposa del Presidente de la República, Angélica Rivera, Emilio Azcárraga Jean, Miguel Alemán, el rector de la UNAM José Narro, el ex rector Juan Ramón de la Fuente, el priista Emilio Gamboa, el izquierdista Porfirio Muñoz Ledo, el actor César Costa y el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, entre otras personas.

Cuando el féretro salió del lugar cargado por seis personas de la comunidad judía, empezó a llover intensamente. Fue difícil que el pequeño cortejo de alrededor de 70 personas avanzara, por la cantidad de camarógrafos y fotógrafos que querían tomar imágenes.

Diez minutos después finalmente ingresó al antiguo panteón, a donde se prohibió la entrada de quienes portaran cámaras y de inmediato el ataúd de madera simple, cruda, que estaba cubierto por una manta negra con la estrella judía, fue depositado en una tumba. En medio del agua, los sepultureros apresuraban las paletadas de tierra y un rabino cantaba y oraba.

Media hora después concluía el ritual con algunos de sus familiares y amigos lanzando pequeñas porciones de tierra sobre el ataúd.

El hombre de la corbata negra ya había sido enterrado y dejaba de llover.

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