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Lunes , 15.10.2018 / 14:55 Hoy

André Rieu conquista a ocho mil tapatíos

El show que se llevó a cabo en el Auditorio Telmex, se grabó y será utilizado en un álbum en vivo


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El violinista holandés, conquistó los corazones tapatíos tras presentar un singular espectáculo definido por la gracia y la impecable ejecución musical de su Johann Strauss Orchestra en lo que fue su primera de dos presentaciones en el Auditorio Telmex.


Un telón digital y dos pantallas laterales recibieron a más de 8 mil personas que se daban puntual cita en el auditorio para ocupar sus asientos. Los sigilosos murmullos esperaron con paciencia la hora pactada para que el recital comenzara.


Fue así como en punto de las 21:00 horas, André Léon Marie Nicolas Rieu salió de entre las butacas abarrotadas vestido en un elegante traje negro; él y su Johann Strauss Orchestra recorrieron la sala para ascender al escenario mientras eran precedidos por su primera gran ovación de la noche.


Una vez que los más de 40 músicos ocuparon su lugar en la elegante tarima, el director holandés rompió el hielo con una gran sonrisa y las siguientes palabras:


“¡Buenas noches señoras y señores! Buenas noches es lo único que hablo en español”, las modestas risas inundaron el aforo para ceder nuevamente la palabra al violinista que a continuación presentaba a la intérprete que traduciría sus próximas palabras, Atala Sarmiento, quien lucía un llamativo vestido rojo.


“Tendré una hermosa mujer que me ayudará con su bello idioma, Atala. La música es muy importante para todos nosotros en la vida, ciertamente en esta época tan difícil para México. Acabamos de grabar un álbum y estará pronto en el mercado mexicano para destinar los fondos a la causa” decretó el también director orquestal para culminar con un trío de la frase ¡Viva México!, misma que fue replicada por el público.


Al compás de las palmas, el músico de 67 años marcó el ritmo para continuar con su preciso manejo del violín, instrumento que ya había dado vida a tres de sus clásicos temas.


Una escenografía decorada con finos detalles transformó la atmósfera en diferentes locaciones; la imponente pantalla de prominencia horizontal fue el elemento visual y tridimensional que apoyó la magnífica interpretación de la Johann Strauss Orchestra y el violín del compositor


El recital no sólo deleitó con la potencia instrumental del séquito orquestal, la radiante simpatía del músico y sus singulares gestos y artimañas convirtieron cada pieza en una experiencia teatral que reclamó además las carcajadas del público presente.


Los más de 40 músicos, en su mayoría damas, lucieron ataviados en coloridos trajes y vestidos. A ellos se les unieron distintas figuras dedicadas a la interpretación de determinados temas.


Tres tenores originarios de Tasmania, Hungría y Francia salieron tras bambalinas con tal seguridad que hizo que André Rieu anunciara la siguiente melodía; la química entre los cuatro caballeros dio pie a un sarcástico intercambio de miradas que terminó por desatar las risas de los asistentes.


En una de sus muchas intervenciones, el director musical mencionó que recordaba que el público más musical del mundo vive en Guadalajara, él preguntó “¿es cierto?”, acto seguido prosiguió con la organización de un concurso improvisado que consistió en la afinación del público tapatío.


Dividió el aforo en sopranos, altos y bajos para dirigirlos a coro, el neerlandés denominó a la multitud reunida como “el coro de las monjitas de Guadalajara”.


Uno de los momentos más emocionantes llegó cuando en la pantalla aparecieron elementos característicos del folclor mexicano. Estos adornaron la puesta que Rieu preparó para la interpretación del emblemático tema de “Cielito Lindo”. A falta de voces, los más de 8 mil espectadores volvieron a entonar sus gargantas para cantar las entusiastas estrofas. Como recompensa, el maestro hizo saber que el concierto había sido grabado, asegurando que esta noche estaría presente en su próximo álbum en vivo.


El director tomó el brazo de la conductora para dejar el escenario, dando fin a la primera parte del recital. Un breve intermedio dio tiempo a los invitados para la segunda y más emotiva sección del espectáculo.


El talento y carisma del compositor quedó impreso en el escenario con todas y cada una de las piezas que dirigió, para justificar lo anterior, éste argumentó que tanto su música como su equipo los escoge con el corazón.


Bastó un sólo acorde para que “Think Of Me” de El Fantasma de la Opera hiciera derramar lágrimas por la potente y celestial voz de la soprano encargada de los tonos. El recinto se elevó en completo silencio para entrar en un trance que sólo superó con el termino de la melodía.


La interacción con el público comenzó a hacerse más presente con el avanzar de la noche; cuando el vals de “Sports Palace” comenzó a sonar, los asistentes siguieron las instrucciones de una de las instrumentistas. Con un humor digno de película medieval motivó al público para que en cada estribillo la acompañaran con un chiflido.


El clímax de la noche se hizo presente cuando el maestro anunció la ejecución del “El Danubio Azul”, el cual levantó de sus asientos a decenas de parejas. Éstas tomaron los pocos espacios disponibles en los pasillos para bailar con delicadeza el exquisito vals que con tanto cariño estaba tocando el director holandés.


Asimismo sonó “Bolero”, tema que ya anunciaba el fin de la velada. Sin embargo, la apoteosis se presentó minutos después con una esencia clásica y definitiva.

Luego de casi tres horas de deleite musical, la fiesta de André Rieu despidió a sus invitados con cientos de globos coloridos que cayeron desde las alturas.

André Rieu se presenta este domingo de nueva cuenta en el auditorio Telmex.

MC

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