• Regístrate
Estás leyendo: ¿A dónde se han ido las flores?
Comparte esta noticia
Domingo , 17.06.2018 / 18:28 Hoy

¿A dónde se han ido las flores?

El cantante estadunidense Pete Seeger murió en Nueva York el 27 de enero de 2014 convertido en una leyenda del folk de su país.

Publicidad
Publicidad

Hugo Roca Joglar

“¿Adónde se han ido las flores? El tiempo pasa demasiado rápido. ¿Adónde se han ido todas las flores?”, canta Pete Seeger (3 de mayo de 1919-27 de enero de 2014). Es casi un niño. Tiene un alma vieja su voz demasiado joven; hay algo que llora en su expresión elástica, y una inexplicable furia seca, anterior a sí mismo, late en el fondo de su inocente sonido. “¡Fueron las mujeres: ellas las han arrancado todas! ¿Cuándo van a aprender; cuándo vamos a aprender?”.

Pete, adolescente, lleva un libro de José Martí en la mano. “¿Adónde se han ido las mujeres? El tiempo pasa demasiado rápido. ¿Adónde se han ido todas las mujeres?”. Le obsesiona la idea del odio como motor de la historia de Estados Unidos. Los descendientes de esclavos hablan de reconciliación con rencor en los ojos y los hijos de racistas defienden la democracia con miedo en sus corazones. Unos y otros saben que deben darse la mano, quieren hacerlo, pero el odio es un maligno dios ubicuo: les palpita en las venas; pueden olerlo. “¡Todas las mujeres se han buscado marido! ¿Cuándo van a aprender; cuándo vamos a aprender?”.

La música de Pete suena extraña. Escogió el banjo de cuerpo rápido y color histérico como instrumento. Las pisadas fugaces, el velocísimo rasgueo. Su canto contrasta: la voz estable y profunda, viril y grave. “¿Adónde se han ido los maridos? El tiempo pasa demasiado rápido. ¿Adónde se han ido todos los maridos?”. Las canciones que Pete canta son de protesta. Protestan contra los látigos y protestan contra las mentiras. En una (“Little Boxes”, de Malvina Reynolds), por ejemplo, habla sobre un sistema de gobierno, el capitalista, que encierra a la gente en cajitas, apiladas una tras otra, donde los humanos adquieren formas idénticas y viven bajo costumbres iguales. El banjo ágil; la voz acerada; palabras pletóricas de valentía y poética resistencia. Es música que conmociona y desconcierta. “¡Todos los maridos se han vuelto soldados! ¿Cuándo van a aprender; cuándo vamos a aprender?”.

Pete, adulto, habla en sus conciertos sobre democracia. La compara con la religión: no ha sido plenamente probada. ¿Quién está dispuesto a afirmar una igualdad completa? Que negro es igual a blanco es una idea. Solo una idea. ¿Qué otra cosa puede ser cuando hay blancos que siguen matando negros, cuando hay ricos que ponen cara de asco cuando ven a un pordiosero en un teatro? Pete canta con la convicción de que en la música eso cambia: existen canciones capaces de provocar en el corazón humano la aceptación de una dimensión sin divisiones, donde no hay negro ni blanco, ni África ni América, ni mujeres ni hombres, ni judíos ni cristianos.

“¿Adónde se han ido los soldados? El tiempo pasa demasiado rápido. ¿Adónde se han ido todos los soldados?”. Pete es un anciano. Vive en una cabaña de madera que ve hacia el Hudson en lo alto de una colina. La construyó con sus manos. Vive ahí con su esposa Toshi Aline. Ella está enferma: un continuo dolor en el bajo vientre. Juntos ven el río. Pasan horas inmóviles con la mirada fija en el agua. Barcos yendo y viniendo; puentes, pescadores, piedras y bañistas. “¡Todos los soldados están en cementerios: han sido enterrados! ¿Cuándo van a aprender, cuándo vamos a aprender?”.

La voz de Pete se ha oscurecido mucho. Perdió el vigor. Desaparecieron los agudos y cuando sostiene una nota el sonido bambolea como si saliera de una tuba ya muy vieja. “¿Adónde se han ido los cementerios? El tiempo pasa demasiado rápido. ¿Adónde se han ido todos los cementerios?”. Es un canto que mucho tiene de hablado. Entre el sermón y la melodía, las palabras suenan tiernas y pesadas; adquieren un extraño poder de efecto incontestable, parecido al que tienen los profetas cuando expresan su mensaje de inspiración divina. “¡Todos los cementerios se han convertido en flores!; ¿cuándo van a aprender; cuándo vamos a aprender?”.

En la cama matrimonial Toshi muere a los 91. Pete es un viudo destrozado que sigue cantando. Canta con la barbilla levantada agresivamente y los ojos cerrados dirigidos hacia cielo. “¿Adónde se han ido las flores? El tiempo pasa demasiado rápido. ¿Adónde se han ido todas las flores?”. Aunque su voz casi no tiene sonido, todo el tiempo quieren entrevistarlo. Le preguntan sobre el futuro y él insiste en el odio: el odio continúa rodando entre las generaciones; es una herencia vigente. La música da esperanza porque a veces consigue anularlo. Y, sin embargo, Pete muere en completo silencio, de cansancio, a los 95 años, afirmando que se empieza donde se termina y es cíclico el sentido de la vida: “¡Fueron las mujeres: ellas las han arrancado todas! ¿Cuándo van a aprender; cuándo vamos a aprender?”.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.