Nueve horas de tregua entre las 300 pandillas

La llegada del papa Francisco logró lo inimaginable para quien vivió lo peor de esta guerra que sigue haciendo gotear sangre en Ciudad Juárez.
“El Punto”, espacio a un costado del río Grande, donde se efectuará la misa.
“El Punto”, espacio a un costado del río Grande, donde se efectuará la misa. (Octavio Hoyos)

Chihuahua

"El Punto", le llaman. Es el espacio que a un costado del río Grande recibirá a 250 mil peregrinos y habitantes de Ciudad Juárez. Todo está casi listo. Al menos 500 elementos de las fuerzas federales circulan constantemente observando detenidamente a quien se acerca al parque público de El Chamizal.

Entre ráfagas de viento que los espolvorea, dos mil manos se han encargado de acondicionar este árido terreno para el gran evento de mañana. Francisco, el jefe de la Iglesia católica pisará el desierto chihuahuense.

Jornadas de 18 horas ininterrumpidas que se aguantan solo por fe, pues la paga es la misma de toda la vida: 500 pesos por jornada como obrero de la construcción. Al menos para Octaviano, un veracruzano que llegó a estas tierras hace 45 años y es de los pocos juarochos que se mantuvieron firmes a pesar de la guerra contra la violencia iniciada en el sexenio anterior, la ilusión de que le otorguen un boleto para él y su esposa lo mantiene atento a las labores. Los organizadores no les prometieron nada, pero confía en su buen corazón, “al menos que sepa quién se encargó de construirle este altar”, dice.

Los 20 mil lugares más cercanos a Bergoglio en “El Punto” serán los seleccionados que han padecido la violencia. Padres de hijos desaparecidos, levantados desde 2008 cuando la parábola de la violencia se disparó en esta frontera, migrantes varados que nunca pudieron continuar su camino y desposeídos de México y Centroamérica. También grupos vulnerables de Estados Unidos serán los afortunados en estar en las sillas cercanas al altar desde donde Bergoglio oficiará la misa transfronteriza.

Se anuncia la llegada de peregrinaciones que vienen desde Chicago, Nueva York. Hoy cruzarán por este paso. Desde ayer iniciaron el cruce algunos grupos, como el de unas trabajadoras domésticas mexicanas que laboran en El Paso, Texas, que estuvo por unos momentos en esta ciudad para pedir, como cientos, ser escuchadas. Enviarán un documento con sus exigencias sobre discriminación y abuso.

A 100 metros de “El Punto” cruza el río Grande, la barrera física más corta, pero social más grande entre dos países. Una ciudad ansiosa por recuperar la esperanza y perder el miedo. La ciudad de los 10 mil muertos en cinco años y 3 mil desaparecidas que no han dejado rastro.

Muchas historias de dolor, de muerte que mañana esperan ser tomadas en cuenta. Al menos mencionadas en el discurso del líder religioso. Albina tiene perdido el rumbo, dice, desde que sus dos hijos fueron asesinados en la siniestra colonia Anapra, al este de la ciudad y su hija nunca volvió de la maquila. Pero sigue luchando por encontrar algún rastro. Recita un fragmento del Levítico: “No haréis para vosotros ídolos ni esculturas, ni os levantaréis estatuas, ni pondréis en vuestra tierra imagen de piedra para inclinaros ante ella”. Firme de voz, pequeña de cuerpo, no tiene fe en las autoridades de las que siempre, dice, ha recibido maltrato. Tampoco venera ciega al papa, pues para ella “no hay hombre en la tierra que cure mi dolor”.

El Juárez que Francisco encontrará se encuentra en la línea roja de la miseria. Del millón 332 mil habitantes que la habitan, 440 mil viven en situación de pobreza y cerca de 64 mil en pobreza extrema, pese a la derrama económica que se genera con las maquilas.

“El Punto” es resguardado desde ayer por el Estado Mayor Presidencial. La seguridad en ambos lados de la frontera está lista también. Ejército, Marina, Policía Federal patrullan las calles de la ciudad. Del otro lado la Border Patrol, agencias de inteligencia y el Servicio de Administración y Aduanas hacen su trabajo.

Ciudad Juárez es de nuevo controlado por las armas, pero esta vez, de manera muy distinta a la que padeció hasta hace un par de años. Llega una tregua momentánea de paz.

Las autoridades habilitaron un call center, el *2232 para incluso pedir asilo durante la visita del líder religioso. Entre las calles los rumores sobre la tregua entre las 300 pandillas que pelean territorio, eso sí, todas guadalupanas es tema de café y conversación.

Las escuelas primarias y secundarias cerraron desde ayer, hay niños y jóvenes vagando por todos lados. Lo inimaginable para quien vivió lo peor de esta guerra que sigue haciendo gotear sangre a esta ciudad pero que ahora, por nueve horas, olvidará la pena y el sufrimiento que ha vivido por años. Aunque nada cambie en realidad.