La violencia no se resuelve encarcelando: Papa

Ante 700 reos del penal en Ciudad Juárez y tras escuchar el testimonio de una interna, Francisco dijo que la misericordia nos enseña a romper los círculos de la violencia y la delincuencia.

Ciudad de México

La violencia e inseguridad no se resuelven encarcelando a las personas, dijo el papa Francisco ante 700 reos, incluidas 250 mujeres, del Centro de Readaptación Social Estatal número tres de Ciudad Juárez, Chihuahua.

"Ya tenemos varias décadas perdidas pensando y creyendo que todo se resuelve asilando, apartando, encarcelando, creyendo que solucionan los problemas", dijo, "nos hemos olvidado de nuestra verdadera preocupación, las vidas de las personas, sus vidas, las vidas de aquellos que también han sufrido".

Dijo que "pareciera que las cárceles se propone incapacitar a las personas a seguir cometiendo delitos", cuando deberían promover la reinserción social.

Ésta, explicó, "comienza enviando a los hijos a las escuelas, con trabajos dignos para las familias, con espacios públicos para el esparcimiento y con acceso a los servicios básicos".

Evelia Quintana, una de las internas del penal, agradeció la visita del jerarca católico pues, es "un llamado para aquellos que se olvidaron que aquí hay seres humanos".

Le expresó que ante la vulnerabilidad y soledad que sienten los reclusos, "la visita que recibe un interno se convierte en un alimento que nos nutre de fe y esperanza de pronto volver a casa y reencontrarnos con los nuestrosa".

El papa Francisco pidió a los presos contar su historia para romper con el círculo de la violencia y la exclusión.

"Luchen desde acá dentro por revertir las situaciones que generan más exclusión", dijo, "trabajen para que esta sociedad que usa y tira a la gente no siga cobrándose víctimas".

A ritmo de tango y a bordo de un carrito de golf, el pontífice recorrió el patio del penal y visitó la capilla del Cristo Salvador. En su encuentro con los reos, saludó a 30 hombres y 20 mujeres, quienes destacaron por su buena conducta, y recibió como regalo una férula labrada a mano y una vasija artesanal de Paquimé.

Al obsequiar un crucifijo de cristal a la capilla, dijo que "el cristal es lo más frágil y se rompe enseguida, y Cristo es lo más frágil de la humanidad", pero "con esa fragilidad nos ayuda, nos salva, nos abre la puerta de la esperanza".

El Papa llegó al penal de Juárez a bordo de un papamóvil, que salió del aeropuerto y recorrió avenida Tecnológico y calle Barranco Azul, donde desde las 6:00 de la mañana había voluntarios haciendo valla humana.

Antes de entrar en el reclusorio, saludó a las familias de los reos y fieles que lo esperaban.

El penal fue remodelado para la visita del Papa; los internos restauraron la capilla, explanada y banquetas, e instalaron un domo.