REPORTAJE | POR EUGENIA JIMÉNEZ CÁLIZ

Francisco, un Papa reformador

Francisco se ha destacado por buscar reformar a la Iglesia católica: desde limpiar las finanzas del Vaticano, destacar el papel de la mujer, y la inclusión de divorciados y homosexuales, hasta una crítica sobre el actual modelo económico y político global.


Durante el Sínodo de las Familias celebrado en octubre en El Vaticano se abordaron temas polémicos como el divorcio, la homosexualidad y la dignificación de la mujer. Al final los obispos redactaron un documento de 94 acuerdos.
Durante el Sínodo de las Familias celebrado en octubre en El Vaticano se abordaron temas polémicos como el divorcio, la homosexualidad y la dignificación de la mujer. Al final los obispos redactaron un documento de 94 acuerdos. (Foto: AP)

El Papa Francisco, el primer Pontífice latinoamericano, el primero en llamarse Francisco y el primer jesuita con su discurso pastoral y reformista, con un estilo basado en la humildad y la apertura, ha logrado una amplia legitimidad a nivel mundial aunque al interior de la estructura de la Iglesia católica enfrenta a enemigos que se resisten a un cambio, acostumbrados a permitir que el Pontífice reine, pero no gobierne.

En los casi 3 años de su pontificado inició una reforma a la curia vaticana y ha escrito dos encíclicas: Lumen fidei (2013) y Laudato si’ (2015).

Ha impulsado a 39 cardenales, entre ellos al mexicano Alberto Suárez Inda, arzobispo de Morelia durante el consistorio celebrado en febrero de 2015. Ha canonizado a más de 800 personas, entre las que destacan los pontífices Juan XXIII y Juan Pablo II. El 12 de mayo de 2013 canonizó a la mexicana María Guadalupe García Zavala y anunció la canonización del niño mártir cristero, José Luis Sánchez del Río.

Su pontificado ha estado marcado por iniciativas para imprimir su sello pastoral, servir a los más necesitados y para lograrlo ha iniciado una serie de reformas en la curia vaticana, como son la reestructuración del Instituto para las Obras de Religión (IOR) conocido como el Banco del Vaticano; la creación de la Secretaría de Economía (con el fin de combatir la corrupción y purificar los asuntos financieros), además de los cambios al Código Penal para adecuar la legislación del Vaticano a la internacional, en temas como el lavado de dinero y el terrorismo.

El Papa asciende con un mandato claro: poner orden en la Igleisa, reformar un rol excesivamente centralizado de poder y poner orden en las finanzas ante la opacidad, señala el investigador Bernardo Barranco al considerar que las reformas que ha implementado, “no son ocurrencia de él, no es una acto voluntarioso de una persona, sino un mandato que tiene desde que fue elegido”.

Para Barranco, esta reforma no ha sido sencilla, que enfrenta resistencias, pero que se “necesita hacer una limpieza a fondo, sacudir burocracias y principescos privilegios que han derivado en corrupciones seculares, especialmente financieras como la asociación con grupos criminales y lavado de dinero”.

Jorge Mario Bergoglio ha iniciado “una reforma de gran calado que sería una reforma estructural de la Iglesia. La reforma al banco ha tenido fracasos muy grandes porque no puso en las personas adecuadas las finanzas”, agrega Barranco.

En el libro “Avaricia” Emiliano Fittipaldi revela documentos de las fortunas del Vaticano y asegura “la voluntad del Papa de revolucionar las costumbres de la banca no se pone en discusión... pero en el Vaticano existen fuertes núcleos de resistencia al mantra de la transparencia absoluta”.

Pontificado verde... y político

La segunda encíclica del Papa Francisco, Laudato si (Alabado seas), utiliza un lenguaje sencillo, directo, sin excesivos tecnicismos teológicos, ni doctrinales, y, en tono crítico, aborda la interconexión entre contaminación y cambio climático, la pérdida de la biodiversidad, la gran desigualdad entre regiones ricas y pobres, así como la debilidad de políticas insuficientes ante la catástrofe ecológica.

Para Bernardo Barranco, en materia económica Francisco cuestiona los fundamentos de la economía mundial como responsables no solo de los daños ecológicos irreversibles, sino de la lacerante desigualdad entre los países y los criterios obsoletos que se siguen para gobernar el mundo.

En la encíclica se menciona que “la producción no siempre es racional, a menudo está vinculada a variables económicas que dan al producto un valor que no se corresponde con el real. Esto provoca a menudo la sobreproducción de ciertos bienes, con un impacto ambiental, al mismo tiempo perjudica a muchas economías”.

Respecto a los endeudamientos, el Papa establece que “la deuda externa de los países pobres se ha convertido en una herramienta de control, pero no es lo mismo que ocurre con la deuda ecológica”, por lo que plantea la necesidad de que los países desarrollados contribuyan a la solución del límite para el consumo de energía no renovable con la deuda “y traer recursos a los países más necesitados para promover políticas y programas de desarrollo sostenible”.

Una de las críticas más fuertes que hace Francisco en su texto es que muchos de los países que más recursos y poder económico o político tienen, parecen concentrarse en los problemas superficiales y en ocultar los síntomas, de esta forma tratan de “minimizar los efectos negativos del cambio climático. Pero muchas señales indican que estos efectos pueden ser peores si seguimos con los actuales patrones de producción y consumo”.

Muchas propuestas, pocos cambios

En octubre, durante tres semanas, los obispos reunidos en el Sínodo debatieron sobre los temas que afectan a la familia, pero la discusión estuvo rodeada de presiones de grupos conservadores.

La oposición a las visiones que se presentaban provocaron que un grupo de 13 cardenales participantes elaboraran una carta en donde acusaban que se pretendía manipular el resultado al concentrarse demasiado en cuestiones como el acceso a los sacramentos a los divorciados que se vuelven a casar.

En el discurso final del Sínodo, el Papa Francisco, señaló que “el primer deber de la Iglesia no es distribuir condenas o anatemas, sino proclamar la misericordia de Dios, llamar a la conversión y conducir a todos los hombres a la salvación del Señor”.

Así, el trabajo de los cardenales concluyó en un documento de 94 puntos. Uno de los temas polémicos fue el caso de las personas divorciadas que se han vuelto a casar civilmente y que quieren recibir los sacramentos nuevamente, el Sínodo propone que un sacerdote les ayude a formar la conciencia y a descubrir en qué situación están ante Dios.

En el fondo, la situación de los divorciados vueltos a casar no cambió, pues no podrán comulgar, son aceptados por la Iglesia y para entenderla se les recomienda conversar con un sacerdote sobre lo que les obstaculiza participar plenamente en la vida católica.

Otro tema donde los grupos conservadores presionaron fue el de los homosexuales. En este se recordó que Cristo “amó y murió por cada persona, sin excepciones”, por lo que “cada persona, independientemente de su tendencia sexual, debe ser respetada en su dignidad, y acogida con respeto, evitando cualquier marca de injusta discriminación”.

Sobre el proyecto de equiparación con el matrimonio de las uniones entre personas homosexuales, se estableció que “no existe fundamento alguno para asimilar o establecer analogías, por remotas que sean, entre las uniones homosexuales y el plan de Dios para el matrimonio y la familia”. En este tema, El Papa se mantuvo la posición tradicional de la Iglesia: no son aceptados los matrimonios del mismo sexo, pero no se debe discriminar ni excluir a homosexuales.

Además, en el Sínodo se destacó que “la dignidad de la mujer necesita ser defendida y promovida” ante la creciente violencia que se da, incluso, en el seno familiar. En el texto final, los cardenales advirtieron sobre la “explotación de la mujer” y la violencia que se ejerce en contra de ellas a través del aborto o la esterilización forzada. Las autoridades eclesiásticas condenaron los vientres de alquiler, así como el mercado de embriones y la desigualdad que existe entre hombre y mujer, no solo desde el aspecto económico, sino también cultural.

El Papa Francisco ha destacado la importancia del papel femenino, no solo dentro de la familia, sino también en la sociedad, por lo que considera se debe promover la presencia eficaz de las mujeres en ámbitos como la vida pública, laboral y en los lugares donde se toman las decisiones importantes.

Por eso, considera que todas las instituciones, incluidas las comunidades eclesiales, deben garantizar la libertad de elección de la mujer, para que tengan la posibilidad de asumir responsabilidades sociales y dentro de la Iglesia.

Un jubileo extraordinario

Francisco anunció la celebración del Año Santo de la Misericordia

En la celebración de su segundo aniversario como Pontífice, en marzo de 2015, Francisco anunció que se celebraría un Año Santo extraordinario con el Jubileo de la

Misericordia que concluirá el 20 de noviembre de 2016. Esta celebración consiste en un perdón general, una indulgencia abierta a todos los fieles. “Estamos viviendo el tiempo de la misericordia”, dijo el Papa durante el anuncio, “hay tanta necesidad hoy de misericordia, y es importante que los fieles laicos la vivan y la lleven a los diversos ambientes sociales”.

Los Jubileos suelen celebrarse cada 50 años, el último fue en el año 2000 con Juan Pablo II como Sumo Pontífice. Sin embargo, Francisco consideró necesario la celebración del Año Santo extraordinario pues “la Iglesia vive un tiempo de nueva evangelización”.