El Papa revolucionario

Una de las características que más resaltan en Francuisco es su trabajo social, pero también, político: desde reordenar las finanzas del Vaticano y sacudir la burocracia católica.
El Papa roció cenizas sobre las cabezas de prelados, monjas y feligreses durante la misa del Miércoles de Ceniza en la Basílica de San Pedro.
El Papa roció cenizas sobre las cabezas de prelados, monjas y feligreses durante la misa del Miércoles de Ceniza en la Basílica de San Pedro. (AFP)

Marcelo Larraquy, historiador y periodista argentino autor del libro Recen por él, es uno de los expertos que más han estudiado el perfil político del Papa quien, explica en entrevista, ha involucrado a la Santa Sede en una agenda social nueva.

¿Qué hace a Bergoglio tan diferente a otros Papas de la historia?

En el primer aspecto, es que es un Papa de la globalización. Juan Pablo II era hijo de la Guerra Fría, del enfrentamiento bipolar entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Benedicto XVI casi no participó en el escenario internacional y se preocupó por la defensa de la doctrina, la agenda moral y buscar remediar los males internos de la Iglesia, hasta que fue desbordado.

Francisco puso a la Santa Sede en los conflictos del mundo, que son multipolares, con diferentes actores, según cada región. Por otra parte, con su mirada a las periferias, con una agenda social nueva: los inmigrantes, los refugiados, y los excluidos del mercado, que son víctimas de la “esclavitud moderna”. Demostró su intención de comprometer a la Iglesia con las situaciones reales no solo de sus fieles, sino de todos los seres humanos.

¿De dónde viene su mandato de sacudir la burocracia en el Vaticano y cuál es su estrategia para hacer frente a la resistencia?

Su estrategia fue ponerse al comando de la Iglesia con un consejo de asesores (Comisión de Cardenales, C9) y prescindir de la burocracia vaticana siempre preocupada por la mundanidad. Las vació de contenido y de poder interno, aunque sus murmullos siempre generan ruido. Su mandato se hizo explícito desde la Conferencia de Aparecida y en el Pre Cónclave de 2013: poner a la Iglesia en estado de misión y sacarla de la autorreferencialidad. Eso, internamente, fue una revolución.

En el Sínodo de las Familias, buscó impulsar ciertos cambios importantes, sin embargo hubo mucha resistencia. ¿Continuará Francisco impulsando estos cambios?

El Papa abre el proceso de debate, va generando espacios. Quizá sean necesarios diez sínodos para que se generen cambios, pero la piedra en el lago ya la tiró. Este año hará una encíclica de la familia, en la que seguramente tomará como base las conclusiones de los dos sínodos de 2014 y 2015. No tomará determinaciones fuera de esos parámetros, pera buscará que los cambios se susciten en base a un consenso. Para ello, como dijo, se tienen que abrir las mentes y refrescar los corazones, y atender las nuevas realidades familiares.

En México visitará la tumba de Samuel Ruiz, el sacerdote reconocido por ser mediador en conflictos latinoamericanos y polémico, entre otras cosas, por seguir la teología de la liberación, ¿puede ésta ser una visita incómoda para los grupos más conservadores de la Iglesia?

El Papa siempre incomodó a los tradicionalistas e incluso a los movimientos de militancia eclesial que se consideran una élite de la Iglesia. Su teología es la Teología del Pueblo, que busca la inculturación del Evangelio en la propia fe del “pueblo fiel”, nunca fue la teología de las corrientes liberacionistas clásicas de los años setenta u ochenta. Sin embargo, desde su pontificado reconoció la acción pastoral de aquellos mártires de la Iglesia, como el obispo

Romero, asesinado en 1980 ó el jesuita español asesinado en Bolivia, Luis Espinal, a quien homenajeó en su visita a ese país. La visita a la tumba del padre Samuel Ruiz se inscribe en esa línea.

¿Es Francisco un Papa reformador?

En su esencia, es un reformador. En su estilo, es un revolucionario.