Trabajando de sol a sol; oficios que arden

Las altas temperaturas registradas en los últimos días en la Ciudad de México, no son excusa para evitar jornadas laborales de hasta 12 horas con el termómetro marcando 34 grados.
Ángel Cortes prepara tortas dentro de una cabina en donde el termómetro registra  33.8 grados.
Ángel Cortes prepara tortas dentro de una cabina en donde el termómetro registra 33.8 grados. (Liliana Cavazos)

Ciudad de México

Apenas faltan dos horas para que pegue el sol de mediodía en el centro de la Ciudad de México y el calor ya es tema de conversación; en las calles la temperatura es de 25 grados mientras que abajo, en el Metro, el display de un termómetro digital revela 31 grados.

Para quienes trabajan con la ventaja de techo y ventilación, el tema del calor solo refiere a los trayectos, pero para los que laboran en el exterior, bajo el sol o en el Metro, las altas temperaturas son el principal reto del día.


Tortas al vapor

14:00 horas.

Temperatura exterior: 28°C

Temperatura interior: 33.8°C

Jornada de trabajo: 12 horas, 5 días a la semana.

Ángel Cortez se dirige a su trabajo sin que los 25 grados de las 10 de la mañana le afecten. Camina por Balderas hasta llegar a la esquina Artículo 123; ahí abre la puerta de una caseta de menos de dos metros cuadrados, hecha de lámina y pintada de blanco. Es un puesto callejero de tortas.

Es su rutina desde hace 10 años; se apura a prender el comal y tener todos los ingredientes a la mano. Para las dos de la tarde el termómetro afuera del local marca 28 grados, pero en la cocina ambulante de Ángel la temperatura llega a 33.8 grados.

“Ya me acostumbre a esto, aquí paso 12 horas diarias y me tomo como tres litros de agua, pero a mí me gusta mucho bromear y platicar con la gente, el calor no me pone de malas”, dice.

Para lidiar con el calor al que se expone día a día, Ángel toma medidas como usar camisetas de manga corta, telas ligeras y colores claros.

“Casi siempre las camisas son blancas,  y nada más, ¡ha! Y también uso pantalón y ropa interior”, comparte provocando risas entre sus comensales y demostrando lo antes dicho.


Terminator on fire

13:00 horas.

Temperatura exterior: 27°C

Temperatura interior (dentro del traje):31°C

Jornada de trabajo: 8 horas, 5 días a la semana.

A un costado del Sanborns de los Azulejos, en la peatonal Condesa, Luis Giovanni Martínez de 28 años saca de una maleta un suéter y se lo pone pese a los 27 grados centígrados y el sol que cae al filo del medio día.

Lo siguiente es meter los pies en un par de enormes botas de plástico y colocarse en todo el cuerpo aditamentos del mismo material; es un traje que emula a uno de los robots de la película Terminator 4 Salvation.

Antes de ponerse la máscara de látex, Giovanni toma el sensor del termómetro digital y lo coloca dentro del pectoral de plástico. El resultado: 31 grados centígrados.

“Todavía falta que me pegue bien el sol, va a subir más el calor aquí adentro del traje porque no hay forma de ventilarse”, comparte.

El trabajo de Giovanni es hacer un performance con el personaje e invitar a los turistas y paseantes a tomarse fotografías; la jornada laboral es de 8 horas y comienza a la una de la tarde.

“Ya tengo bien calculado todo, nada más es como una hora, hora y media de sol, ya para las dos y media de la tarde comienza a caer la sombra, pero es como hasta las cinco de la tarde cuando ya hace sombra completa y que la temperatura adentro del traje empieza a bajar”, dice.

Para rendir la jornada laboral, Giovanni come antes de ponerse el traje, bebe a lo largo del día dos litros de agua, evita fumar y a penas concluye el turno toma refresco y cena.

“Es como un sauna, es un trabajo de mucha resistencia”, comenta segundos antes de ponerse la máscara y concluye disculpando, “ya con todo el traje puesto no puedo hablar, soy Terminator (ríe), no, la verdad si hablo con la máscara puesta siento que me da más calor”.



Fotos soleadas en Bellas Artes

13:00 horas.

Temperatura exterior: 28-31°C

Jornada de trabajo: 12 horas, 5 días a la semana.

A medio día el sol abrillanta las paredes del Palacio de Bellas Artes y hace el mismo efecto en la explanada. Ahí está Alejandro Mejía Sánchez enfocando con su cámara para sacar un perfecto recuerdo de una visita en este referente turístico.

Viste camisa de manga larga, lentes de sol y una gorra; no es un turista, es un fotógrafo independiente que desde hace ocho años se dedica a tomar fotos a los visitantes de Bellas Artes.

“A últimas fechas he notado que ha caído una radiación más fuerte, todavía más que el año pasado, en la primavera no se había sentido tan fuerte el calor como en esta ocasión” comparte.

Para lidiar con las altas temperaturas y el impacto del sol, Alejandro se cubre lo más que puede, e incluso en algunas ocasiones coloca una sobrilla, pero comparte que se limita a hacerlo “por estrategia comercial”.

“El problema con la sombrilla es que como que la gente no lo ve muy bien que digamos, no lo acepta, lo confunden con ambulantaje y pues yo aquí soy fotógrafo autorizado, mire”, dice al tiempo que muestra un permiso de la delegación.

“Yo ya estoy acostumbrado al sol, al principio me costaba un poco de trabajo. A mí no me pone de malas a lo mejor porque estoy acostumbrado, el problema es la gente, que el sol pone de malas a los clientes y aunque tenga yo muy buena iluminación para la foto, luego salen con cara de enojados”, comparte.