Sepultan a Ángela, bebé asesinada hace un año

En el Día Internacional contra el Maltrato Infantil, la bebé tuvo un nombre, un lugar propio de sepultura, flores y un adiós del presidente de un tribunal de justicia y de un gobernante.

Ciudad de México

A Ángela fueron extraños quienes la procuraron. La cuidaron con esmero, le escogieron un nombre y le compraron flores. Lo tuvieron que hacer cuando ella ya había muerto. A poco más de 18 meses, conoció las últimas consecuencias del maltrato infantil.

En el sepelio de Ángela nadie lloró. No hubo juguetes ni dulces, ni risas. Solo hubo silencio y dos hombres de negro hicieron guardia junto a su ataúd.

Fueron el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, y el presidente del Tribunal Superior de Justicia capitalino, Edgar Elías Azar, los únicos que le dejaron flores. 

El Día Internacional contra el Maltrato Infantil, Ángela recorrió desde el centro de la ciudad hasta las afueras, en Naucalpan, Estado de México, para llegar a una tumba lejos de la fosa común.

Por ley, como nadie ha reclamado el cuerpo que fue encontrado en una maleta el 23 de marzo de 2015, debía ir a la fosa común, pero el presidente del tribunal se negó y, con recursos propios, dio a Ángela un lugar para ella sola.

Elías Azar lució taciturno toda la mañana. Supervisó el trabajo de los sepultureros que lo hicieron sin ruido de llantos, sin lamentos, sin nada.
Antes, en una ceremonia breve, llena de peritos, jueces y magistrados, Elías Azar describió a la bebé:

“Ángela será el bullicio de la ciudad y su vida, de muchos que nos movemos y que anhelamos y trabajamos muchos sueños cada día, Ángela estará en el follaje de nuestros árboles que se mecen cada noche, Ángela no será pensada como la pequeña que estuvo con nosotros los últimos meses sola y sin lazos. Ángela estará siempre acompañada por los habitantes de esta ciudad”, leyó con pausas para evitar que se notara el quiebre de su voz.

El presidente del tribunal pareció tomarlo personal. Se vistió de luto, un traje negro, la corbata a juego.

Más de una vez pareció contener el impulso de tocar el ataúd, como si quisiera dar un último cariño.

Certeza, solo de su muerte

En marzo del año pasado la bebé fue encontrada en la calle de Berlín, en la colonia Juárez, sin nada que la identificara y hasta ahora nadie la ha reclamado.

Tuvo un altar discreto, casi perdido en la zona donde la abandonaron. Algún vecino indignado puso flores en lo que había sido su tumba improvisada. Su carita fue difundida varias veces en boletines, pero nada, hasta ahora nada.

Su lápida sí tuvo su nombre. Uno inventado, que le pusieron por cariño, por llamarla de algún modo. También grabaron el año de su muerte, el único dato preciso que tuvieron de ella.

Bajaron suavemente el ataúd. Como tratando de mecerla. Lejos, un rehilete de colores hacía las veces de despedida. No era de Ángela, era de otros niños que a propósito o de casualidad estaban junto a ella.

Las lápidas tenían los nombres de André, Brandon, Jonathan y Santiago, que también se fueron pronto, que también murieron cuando niños, sin cumplir los dos años.

Terminó todo y Elías Azar sigue sin darse por vencido, todavía pide ante las cámaras y micrófonos que alguien la reconozca. Apela a los abuelos, los tíos, los vecinos. A cualquiera que extrañe pasitos primerizos en algún pasillo.

Pidió que quien quiera que la conozca vaya por ella. Que no se quede sola.