Los rockabillies reviven el pasado

Jóvenes de 18 años en adelante visten chamarras de cuero, faldas holgadas y usan copetes, acompañados de tatuajes y perforaciones; ahora llenas las pistas de baile con vueltas y música en vivo.
Las parejas compitieron por un premio.
Las parejas compitieron por un premio. (Daniel Cruz)

Ciudad de México

Sesenta años, después el rocanrol reaparece en las pistas de baile de la ciudad, y los capitalinos aparecen ataviados con tenis, copetes y faldas circulares, pero ahora con tatuajes, piercings y coloridos mechones.

La tribu de músicos y seguidores son conocidos como rockabillies y aunque ya llevan varios años en la Ciudad de México y otros estados, ahora jóvenes veinteañeros se suman a este movimiento y acuden a los bailes convocados en las redes sociales.

“La nostalgia que podemos escuchar en todos los sonidos del rockabilly hace que se reúna mucha gente, no solo es música, sino un estilo de vida”, afirma Kike Cadillac, vocalista del grupo Los Black Jacks.

El grupo comenzó hace cuatro años con algunas tocadas en el Distrito Federal, Monterrey, Guadalajara y Toluca, además de otros países, como en Estados Unidos, Italia y España. “Esta música cuenta con un gran número de seguidores, cuyo sentido de pertenencia es el rock and roll y swing”, explica Kike.

La pista de baile del salón Codavonga, en la colonia Roma, es la sede del cuarto festival Rockcalavera con DJs y bandas de este género (mexicanos, colombianos y norteamericanos) que tocaron para 500 jóvenes de la capital y otros estados.

“¡Está increíble, me hace sentir vivo! Aprendí a bailar en la calle con las abuelas y abuelitos”, dice con emoción José Manuel Cadáver, un joven de 25 años, para quien la camisa y saco no son un estorbo al momento de bailar y sudar.

“Me gusta el género y soy la rara de la familia”, confiesa Irma Adriana, la joven neoleonesa de vestido a motas rojas, con quien todos quieren rocanrolear gracias a su perfecta caracterización de los sesentas.

“A mis hermanos sí les gusta la música grupera y norteña, pero a mí me gusta el rockabilly porque me la paso bailando en un ambiente muy sano. Para aguantar el baile prefiero tomar agua en lugar de cerveza”, explica la chica de 26 años. Aunque claro, caguama en mano, no todos piensan como ella.

El copete de Érik, alías Tamagochi, tiene de ocho centímetros de alto. Hecho en cinco minutos con crepé y un mucho de spray. “Tengo 16 años y aprendí pasos en las fiestas familiares. En realidad solo sé bailar eso y por eso me dicen que vivo en el pasado”.

Los Rockin Bandidos, cuyos integrantes tienen 18 y 22 años, consideran una satisfacción tocar como las bandas de hace 50 o 60 años. Nos gusta rescatar un género que todavía sigue aportando mucho”, afirma su vocalista Antonio Rebel.

Aquí nadie recuerda el punchis, punchis, el tecno ni el perreo. Por eso las parejas brincan, vuelan y giran al ritmo del rockabilly.

Un concurso de baile prende el ambiente. Daniela y David ganan el primer lugar y su esfuerzo se ve recompensado con mil pesos más los elogios del jurado: precisión y ritmo. Felices, los ganadores se abrazan. “¡Me  gusta porque cuando bailo se me olvida todo!”, dice la triunfadora.