Pérez Prado: 25 años de ausencia

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Musicópata (Especial)

Ciudad de México

Hoy 14 de septiembre se cumplen 25 años de la muerte del genial Dámaso Pérez Prado, El Rey del Mambo, cuyas obras ricas en texturas sonoras y síncopas de irresistible provocación al baile siguen vivas en nuestra cultura popular.

Los amantes de la música tropical saben que Pérez Prado alcanzó popularidad mundial con temas como el “Mambo No.5”, “Que rico mambo”, “Mambo No.8”, “El ruletero” y docenas más. Pero conviene saber que a pesar de ser el monarca del vibrante ritmo él no inventó el mambo. Los orígenes del ritmo deben acreditarse a los cubanos Arsenio Rodríguez y Orestes López, quienes combinaron el danzón con el swing. Pérez Prado, fascinado con la sugerente síncopa instrumental lograda por sus colegas, evolucionó el concepto hasta depurar una fórmula de gran atractivo universal.

Al incorporar el jazz al mambo Dámaso se encontró con la resistencia del establishment musical de Cuba. Nadie quería contratarlo pues se decía que estaba adulterando la música tradicional. Ante la incomprensión de sus paisanos, en 1948 el maestro se embarcó en una gira que lo llevó hasta México, país en donde se quedó a vivir.

El público se fascinó con el mambo. Contratada por la RCA Víctor, la orquesta de Pérez Prado —con músicos mexicanos— entró al estudio el 12 de diciembre de 1949 y grabó las primeras piezas que tomaron por asalto el ánimo del público y dieron inicio formal a lo que pronto llegaría a ser “la locura del mambo”.

La vida urbana se asomó en sus mambos. Hubo piezas para el taxista, el bombero, el maletero, el voceador y otros personajes citadinos. La escena estudiantil se reflejó en el “Mambo universitario”, el del Politécnico y el de la Escuela Normal. El deporte fue materia de piezas como el “Mambo del futbol”, y las muchachas recibían silbidos al compás de “La niña Popoff”.

El público estadunidense descubrió a Pérez Prado en 1950. El maestro emigró y allá produjo álbumes clásicos como:Voodoo Suite, Habana 3 a.m., y Exotic Suite of The Americas. Su éxito fue grande y 1954 fue declarado en Estados Unidos El Año del Mambo gracias al enorme impacto de su versión al tema “Cerezo rosa”.

Pero conforme su popularidad crecía entre el público anglosajón su imagen fue disminuyendo ante la comunidad latina. En 1958, Pérez Prado tuvo su último hit: “Patricia”, que llegó al primer lugar de popularidad y fue tema de la película La Dolce Vita, de Federico Fellini. Intentó popularizar otros ritmos como El suby, El pau-pau, La chunga y El dengue, pero no logró entusiasmar a los jóvenes, quienes prefirieron el novedoso chachachá. A principios de los setenta el maestro regresó a la Ciudad de México, donde residió hasta que la muerte se lo llevó, el 14 de septiembre de 1989, a la edad de 72 años.

Hoy, a 25 años de su muerte, la gente sigue bailando al compás del ritmo que él consagró. No en vano el público lo coronó como Rey, título de realeza musical que pocos alcanzan. Ojalá hoy, entre festejos de Independencia y en una especie de fin de semana largo, podamos elevar un pensamiento de gratitud para el genio cubano cuyas obras aún nos hacen gozar.