¿Por qué es tan importante Semana Santa en Iztapalapa?

Año con año, los vecinos de esta delegación se organizan para representar esta celebración litúrgica, pero ¿sabes por qué es tan famosa a nivel mundial?
La última cena en la 171 representación de la Pasión de Cristo, 2014.
La última cena en la 171 representación de la Pasión de Cristo, 2014. (Cuartoscuro)

Ciudad de México

Miles de personas y turistas se amontonan en la explanada Cuitláhuac para verlo. Es 18 de abril de 2014 y el calor es insoportable pero él resiste los gritos y llantos de la gente que lo mira cargando una cruz gigante de madera mientras se dirige hacia el Cerro de la Estrella para ser crucificado. Él es Eduardo Guzmán, quien encarna a Jesús en la 171 representación de la Pasión y muerte de Cristo en Iztapalapa.

Considerada como una de las festividades más importantes a nivel mundial, la escenificación de esta fecha tan importante para los católicos en México inició en el siglo XVI como forma de evangelizar a la población indígena.

“También se actuaban pasajes bíblicos. Hay referencias en documentos del siglo XVIII donde explican que se hacían representaciones sobre todo del Viernes Santo y del lavado de pies a 12 indígenas. Era una manera de inculcar la religión católica con base en actuaciones bastante dramatizadas e impactantes”, explica Beatriz Ramírez, cronista de Iztapalapa.

Sin embargo, la celebración en este sitio tiene un origen distinto. Ramírez, quien es responsable del archivo histórico de la delegación, dice que hay distintas versiones sobre cómo los habitantes decidieron entregar sangre, sudor y lágrimas para la organización y creación de todos los elementos de la obra.

“La más difundida es que en septiembre de 1833 una epidemia de cólera morbus azotó a la comunidad, provocando la muerte de gran parte de la población. Para detener esta enfermedad, se cuenta que las personas hicieron una procesión al santuario del Señor de la Cuevita. Días después, los decesos disminuyeron; este hecho coincide con los datos del registro de defunciones de ese año”, narra vía telefónica para MILENIO.

Aunque la propagación de este mal se detuvo, fue hasta 1843 que iniciaron las representaciones en Semana Santa. A partir de esa fecha, ni la guerra cristera detuvo la celebración. En 1944, la obra salió de las iglesias locales para realizarse en las calles y explanadas de la demarcación. Su fama se extendió por todos los rincones de la República Mexicana y el mundo, sobre todo después de la entubación del canal de la Viga.


Los personajes

No cualquiera puede ser Jesús, María o Herodes en Iztapalapa. Para obtener cualquier papel de esta exitosa obra, los requisitos básicos consisten en ser originario de cualquiera de los ocho barrios de la delegación (San Lucas, San Pablo, San Pedro, San Miguel, San José, Asunción, Santa Bárbara y San Ignacio); ser mayor de edad; no estar casado; no tener tatuajes ni perforaciones; no fumar, beber o drogarse y demostrar que es católico a través de la fe de bautismo, la realización de la confirmación y primera comunión.

“Cada año, el Comité Organizador lanza la convocatoria y hace casting, eligiendo a los que mejor se adapten físicamente al personaje. Por ejemplo, para ser Jesús los hombres deben apegarse a las características del personaje que, aunque sean ciertas o no, son requeridas. Necesitan una voz fuerte, que se entienda lo que dice”, afirma Beatriz.


A pesar de que los papeles principales no pueden reelegirse, hay algunas personas y familias que han desempeñado el mismo rol durante un largo tiempo. Ejemplo de ello son Jorge Ávila Domínguez, quien lleva 40 años siendo Heraldo y la familia Guerra, quienes por cinco distintas generaciones han representado a Poncio Pilatos, según datos de la página del Comité Organizador de Semana Santa en Iztapalapa A.C.

La preparación para la gran fecha es muy importante y la Casa de los Ensayos cobra una vital importancia. Desde hace 70 años, la familia Cano ofrece su hogar para que los actores repasen sus libretos y según Alejandro Cedillo, quien vive desde hace casi 30 años en Iztapalapa, el estudio del guión dura todo el año. “Este lugar también ha servido como escenario para algunas escenas de la obra”, cuenta en entrevista para MILENIO.

Respecto al acondicionamiento físico, Daniel Agonizantes Buendía, quien este año encarnará a Jesús, debe caminar dos días a la semana por el Cerro de la Estrella con un madero de peso similar al que cargará en la cruz de 130 kilos, además de realizar diariamente ejercicio para obtener una condición física adecuada.

“Los soldados romanos también entrenan. Mes y medio antes de la fecha acuden a la Base de la Policía Montada, donde les prestan los caballos que utilizarán durante la representación para que aprendan a montarlos. Días después acuden los clarines para hacer ruido durante el entrenamiento, con el propósito de que los equinos se acostumbren a ese sonido y no se asusten. También truenan cuetes”, cuenta la cronista.


¿Quién financia la Gran Fiesta?

Esta magna obra considerada en 2012 como Patrimonio cultural intangible de la ciudad de México, requiere de una gran cooperación económica y en especie por parte de los pobladores.

En el primer rubro, la delegación aporta gran cantidad de dinero y desde hace algunos años, coloca las estructuras metálicas y de madera que se requieren en los escenarios, el sonido, las luces, el cuerpo de vigilancia y los servicios médicos. “Los miembros del Comité Organizador también otorgan dinero, al igual que los nazarenos, quienes compran distintivos que cuestan 25 pesos y de este modo, ayudan a obtener recursos”, afirma Beatriz Ramírez.


Mientras tanto, hay algunas personas que donan su trabajo para que la representación sea impecable. Uno de ellos es Roberto Guillén, presidente de Comité Organizador quien se encarga de diseñar los escenarios y su familia crea el vestuario para algunos de los personajes.

“La cruz de madera era regalada por Ángel Juárez Cabrera, quien falleció hace unos meses. Probablemente en esta ocasión su hijo sea quien continúe con la tradicional. La corona de espinas fue elaborada durante 22 años por Teodoro Narciso Reyes Neria hasta que falleció; está hecha de las espinas más grandes del árbol de huizache. Ahora es forjada por su hijo Marco Antonio Reyes. Este aditamento es un regalo del Comité a quien realice el papel de Jesús”, narra la cronista.