ENTREVISTA | POR EMILIANO BALIRINI CASAL

Enrique Metinides Fotógrafo

Desde que empezó a laborar a los 11 años, captaba imágenes en las que no solo se apreciaban los asesinatos y accidentes que ocurrían en la Ciudad de México, sino tambien el contexto; trabajó durante 37 años en el diario La Prensa.

“Si un policía nos trataba mal, lo llamaban para darlo de baja”

Ciudad de México

A pesar de ser una gloria del periodismo policiaco, si Enrique Metinides (quien nació en el DF en 1934) volviera a nacer no sería fotógrafo. La razón: desde que empezó a trabajar profesionalmente lo atropellaron dos veces, tuvo un infarto, se rompió seis costillas, estuvo involucrado en 19 volcaduras de coches y motos, quedó atrapado nueve horas debajo de las vigas de un edificio que se derrumbó en la colonia Moctezuma y estuvo perdido en el Popocatépetl durante tres días, entre otros accidentes.

Su casa está llena de imágenes y recuerdos de su trabajo cubriendo la nota policiaca. Incluso, tiene un cuarto donde guarda 3 mil carritos de juguete con la forma de ambulancias, patrullas y camiones de bomberos, que le han enviado de distintas partes del mundo.

En la sala y la recámara hay álbumes en los que guarda las fotografías que lo hicieron famoso desde que empezó a trabajar a los 11 años. Metinides captaba imágenes en las que no solo se apreciaban los asesinatos y accidentes, sino también el contexto.

Desde que dejó de trabajar en La Prensa —diario en el que permaneció 37 años—, en 1997 hasta la fecha, se ha dedicado a exponer su obra en España, Inglaterra, Alemania, Dinamarca, Austria, Estados Unidos, Argentina y México.

Esta vez habla de sus inicios y cómo ha cambiado la forma de hacer fotografía policiaca.

¿Cómo inició su trayectoria?

Tenía ocho años. Vivía en la calle de Vizcaínas, a la vuelta del cine Teresa. Me iba a San Juan de Letrán —hoy Lázaro Cárdenas—, donde había un cine en cada calle, y me metía a ver películas cómicas, de episodios policiales. Al mismo tiempo, mi papá tenía un negocio de cámaras fotográficas y rollos sobre la avenida Juárez. Cuando lo quitó y puso un restaurante, me regaló una cámara Brownie, con ella me iba al cine y retrataba la pantalla. Pero fue a los nueve o diez años que empecé a fotografiar los carros chocados que estaban afuera de las delegaciones. Esas fotos se las llevaba a los policías que acudían al restaurante que mi papá tenía al lado de la comandancia. Ellos me invitaron a trabajar en la delegación fotografiando muertos, detenidos y asesinos.

“A los 10 años, Antonio Velásquez, reportero de La Prensa, me preguntó por qué tomaba esas fotos, al responderle que se debía a que las coleccionaba, me dijo que lo fuera a ver al diario y me propuso trabajar como su asistente. Íbamos a Lecumberri, retrataba a los presos y hacía reportajes; después nos trasladábamos al Hospital Juárez, donde existía el forense y podía fotografiar heridos y muertos; más tarde, a la Estación Central de Bomberos, que estaba en Independencia y Revillagigedo, donde se encontraba el jefe de la policía y el Servicio Secreto. Lo que más me llamaba la atención es que en esa época la policía trabajaba uña y carne con la prensa. No era como ahora, que no dejan trabajar a los reporteros: hoy, los agreden, no les dan información, les mienten. 

“Cuando había un incendio, los bomberos nos dejaban subir a sus camiones. A mí, como niño, me cargaban en sus hombros y me metían hasta lo más difícil del siniestro. Por supuesto, el fotógrafo que estaba conmigo no tomaba las mismas imágenes que yo, y las mías eran las que se publicaban. Me iba con el periódico a la escuela, se lo enseñaba a los maestros y alumnos y los profesores me llevaban de la mano a presumir con el director. En 1960 ingresé a La Prensa. Fui fotógrafo de la primera época de Alarma, de la revista Zócalo y Crimen”.

¿Alguna vez pensó cubrir otra fuente que no fuera la policiaca?

No. Nunca me quisieron mandar a nada. Desde el principio me agarraron para la cosa policiaca. En La Prensa fui el encargado de la fuente. Ahorita hay un accidente y mandan a diez fotógrafos a trabajar en un mismo caso, en la época en que trabajaba, estaba solo. A todos los periódicos se les iban las notas y nosotros les enviábamos imágenes.

¿Cómo ha variado la fotografía policiaca en México?

Erróneamente se cree que la nota es el ensangrentado, el muerto y el cadáver. La nota que llamo policiaca es el secuestro, el derrumbe, un choque, una inundación, una nevada, aunque no haya víctimas. Cuando el toro se brincó la barrera en la Plaza México, se convirtió en nota policiaca. Antes, los delitos en el Distrito Federal se archivaban y se les daba una copia a los periodistas, las oficinas de prensa tenían una copia de todas las actas que se levantaban en las delegaciones, los reporteros leían las síntesis informativas para ver cuál era el mejor caso del día y lo trabajaban juntos. Los boletines que se hacían eran para todos. Si el nombre del asesino estaba mal, todos los medios lo publicaban mal. Todos llegaban al lugar del crimen, cada quien trabajaba por su lado, después se cruzaba información, y se resolvían los casos de delincuencia gracias al periodista, porque éste había entrevistado al bolero, quien se acordaba de las placas del coche de los asesinos.

¿Cree que deben trabajar en conjunto la policia y la prensa?

Claro. Nosotros le dábamos mucha publicidad a la policía, a toda la corporación. Demostrábamos que estaban trabajando. El Ministerio Público, el patrullero, el bombero y el paramédico eran amigos de la prensa. Si un policía nos trataba mal, hablabas con su jefe y lo mandaban a llamar para darlo de baja. Ahorita, pregúntale a cualquier persona qué opina de la policía. Distintos fotógrafos me han venido a platicar que tienen que llegar a la Cruz Roja en helicóptero o que no pueden grabar frente al edificio.

¿Cómo trabajan actualmente los reporteros de la ‘fuente’ policiaca?

De milagro. Fui el primer fotógrafo que tuvo un radio donde se escuchaba la frecuencia de la policía y las claves de la Cruz Roja. Un día el jefe de la Policía de Caminos nos mandó llamar para darnos las claves que tenían. Antes, en los diarios aparecían los nombres de los patrulleros, de los comandantes, de quienes dirigían las investigaciones. Hace poco compré los periódicos y la nota principal sobre un accidente carretero tiene dos cifras diferentes: en uno, que hay ocho muertos, y en otro, siete fallecidos. Hoy nadie les da información. Muchos de los créditos que se les da a las imágenes que se publican en la actualidad en los periódicos dicen especial o cortesía, es decir los medios se la compran a la policía.

Sus imágenes se conocieron en el mundo por su estética…

En Londres me dijeron que mi trabajo era artístico. Cuando pasamos de la fotografía de blanco y negro a color, lo primero que me dijeron fue: “Enrique, no queremos una gota de sangre en tus imágenes, haber cómo le haces”. Al día siguiente, me tocó cubrir el crimen de un arquitecto importante, me di cuenta enseguida que había que publicar el hecho. Se me ocurrió tirarme al piso y se logró perder la sangre. Otro ejemplo se dio un día que iba en mi coche y escuché por la radio que habían asesinado a tres mujeres. Llegué al mismo tiempo que la policía. Tomé la fachada de la casa donde había ocurrido el siniestro, después capturé la entrada de la casa y un perico, finalmente me encontré con tres retratos de las mujeres y también los fotografié, eran señoras de entre 80 y 90 años a las que asesinaron para robarles sus joyas, les destrozaron el cráneo y las mataron a tiros. Cuando  llegué al periódico tuve una junta con el director, el reportero y el que formaría la plana. La imagen que les gusto fue la del perico, la publicaron en primera plana y como pie de foto le pusieron: “El testigo del crimen”. Mis imágenes son artísticas porque retrato la bala, el perico, el gato asesinado, el árbol más antiguo del Bosque de Chapultepec, lo que estaba alrededor del crimen.