Masaryk, pesadilla para los peatones

Las obras de mejoramiento urbano convirtieron las banquetas en montones de cascajo y tierra, para avanzar, los capitalinos tienen que esquivar la maquinaria y los automóviles.

Ciudad de México

Las obras de rehabilitación de Masaryk tienen una semana de haber comenzado y el corazón de Polanco, aunque empolvado y ruidoso, parece no perder vitalidad. Desde muy temprano los automóviles comienzan a circular por la avenida sin mayor contratiempo, sin embargo para los peatones la historia es más complicada.

Un carril de Masaryk, con dirección al norte, está cerrado. Prácticamente todas las banquetas desde Arquímedes hasta Moliere son montones de cascajo y tierra, resguardadas por vallas plásticas de color naranja.

Para caminar, las personas tienen pequeños pasillos sobre la calle, reguardados por las vallas, de aproximadamente un metro de ancho. En otros tramos, se puede avanzar en un pasillo del mismo ancho, pegado a los edificios y directamente sobre la tierra.

Algunos de los locales que se ubican sobre la calle, han dejado un paso para que sus cliente al menos puedan llegar a las puertas, como el tramo que va de Galileo a Aristóteles. Sin embargo, de Eugenio Sue a Tennyson no existe ese espacio para acercarse a los locales.

En el tramo que va de la Fontaine a Calderón de la Barca, donde se encuentra uno de los mejores restaurantes del mundo - el Biko- el acceso es prácticamente imposible. Para avanzar hay que caminar sobre los escalones de Plaza Zentro o sobre la calle.

Los escombros se acumulan cuadra a cuadra, aunque hay cuadrillas de trabajadores en todas ellas, algunos equipados con perforadoras para levantar la carpeta asfáltica y lo que queda de banquetas.

Con todo, la gente continúa caminando sobre esta importante artería, que ha sido comparada con la Quinta Avenida de Nueva York. Y aunque el acceso es difícil, los comerciantes aseguran que los clientes siguen ingresando a los locales.

Alfonso Martínez, chófer de uno de los taxis del sitio que se ubica en el cruce con Anatole France, dice que la dinámica de la colonia no ha cambiado en casi nada. "Nuestros clientes de las calles aledañas todavía llegan caminando, pero la verdad es que las obras tienen muy poco tiempo. Habrá que esperar".

De acuerdo con los baristas del Starbucks que está en Pasaje Polanco -enfrente de Musset- la hora más complicada sigue siendo la de la comida. "Llegan los clientes de siempre, pero con los obras, sí se complica un poquito el tráfico. Desde del mediodía y como hasta las dos", dice la chica sonriente que no quiere dar su nombre.

Ingresar a la zona conocida como Polanquito es lo más complicado hasta el momento, debido a que allí se concentran muchos de los restaurantes del lugar.

"Habrá que esperar al fin de semana, que es cuando verdaderamente llega mucha gente, porque abren los antros y los restaurantes se llenan", dice uno de los meseros de Garabatos.