Nos siguen pegando abajo

Sacan todo, aprovechan para robar dinero, joyas, relojes, electrodomésticos. Con todas sus fuerzas grita, pide ayuda, ningún vecino, esos hombres cabrones que existían en los 90 quizá ya no existen.
Silla de ruedas.
(Jesús Martínez)

Ciudad de México

Deseaba levantarse, sin lograrlo se tambaleó violentamente, su cuerpo cayó cerca de la puerta. Ella no puede caminar, la silla de ruedas está lejos, no tienen intención de ayudarla, está en el piso gritando, suplica una y otra vez que al menos le permitan vestirse, se niegan, son varios hombres, la sacan de la cama arrojándola al piso. Su esposo trata de ayudarla, golpes. Encerrado, sin poder hacer nada. “Entraron sin orden”, dice un vecino. La justicia es un susurro que se diluye, lo vuelven a golpear, cae. Sombras, deslizándose por toda la casa. Rompen todo, pisotean todo a su paso. Da lo mismo, son sólo un par de viejos. Pasan por encima de él. Lo están golpeando, no se detienen, a ella la ponen en la silla de ruedas, al patio, ahí la ponen mientras empiezan a cargar todo hacia la calle, los mira llorando en silencio. Sacan todo, aprovechan para robar dinero, joyas, relojes, electrodomésticos. Con todas sus fuerzas grita, pide ayuda, ningún vecino, esos hombres cabrones que existían en los 90 en la colonia Doctores quizá ya no existen,  ninguno sale a defenderlo: agachones.

Miedo, la constante: miedo. Una adolescente sabe que “no debería pasar, porque somos personas, no tenemos dinero, la verdad no tenemos dinero, también sentimos, sufrimos”, es la única que se compadece de la vecina que tiene más de 75 años, discapacitada, gime, su rostro es cetrino, abandonado, nadie se compadece. Dos encargadas de la diligencia: Elsa sonríe superficialmente, dice algo sobre lo sucio que está el patio ¡Son sucios, esto es un mugrero!, se lo merecen por no pagar. Burla, desprecio, jamás se ha preocupado por la escasez de agua del edificio, ríe estúpidamente. Los ambiciosos son cómplices del horror de ese dios minúsculo sin un gramo de estilo llamado dinero. Creen que son parte del progreso, piensan que se codean con el poder por estar cerca de eso: del dinero. Ignoran que un día serán desechadas por la voracidad de aquel al que sirven.

¿Cuándo empezó todo acá? Años, poco a poco avanza la destrucción. Recientemente el edificio ubicado en Doctor Lucío y Navarro, A1/Centauro, del  Conjunto Residencial Morelos, colonia Doctores, sufrió daños debido al  temblor del 18 de abril de este año. La señora Tapia, valiente vecina de ese edificio, pidió a las autoridades que no digan que ha sido desalojado, mientras quede un habitante resistiendo queda una esperanza, no tienen adónde ir, como miles de personas que están expuestas a la ola de desalojos en la colonia Doctores. ¿Por qué? El proceso destructivo de la gentrificación, proceso que quita su identidad al barrio, sus habitantes se van al no poder pagar los servicios. Enfrente del 184 ocurre lo mismo, el número 185 de Vértiz tendrá el mismo destino: destrucción. Praxis, fundada en octubre de 1981 por Carlos López Barrios, el único bastión cultural será derrumbado, en este barrio existen más casas de droga que bibliotecas o editoriales, barrio al que se le negó la cultura, con contratos vigentes algunos vecinos saldrán.

La violencia contra animales no humanos está ligada a la violencia contra los animales humanos, la cadena de violencia contra los más vulnerables pocas veces se rompe, hay que educarse desde antes de nacer o evitar salir de la nada. Siguen golpeando, dos “mujeres” observan, no dirán nada, perciben sueldo mensual, cumplen órdenes. Una oportunidad, respeto, tiempo, justicia, eso piden los vecinos de Doctor Vértiz 184, amenazados de ser desalojados, ¿cómo?, con violencia, ¿quién? Una persona que se ostenta como la secretaria del dueño del inmueble, muchos vecinos jamás han visto al dueño, ella cobra la renta, ¿obtienen recibos cada vez que pagan su renta? No. ¿Tienen miedo? Sí, pese a eso son mujeres fuertes a pesar de su condición vulnerable. Tienen ataques de pánico, están esperando la orden de desalojo. En mi país donde el dios ambición, dinero e impunidad gobierna. Piedras, palos, puños y botellas nada pueden contra el dinero, demandas, abuso policiaco legal en este país cuando se trata de lanzar a los “jodidos”. Se esforzó, no logró levantarse, no puedo defenderme, estoy encerrado en un diminuto espacio, escuchando la violencia. Horas de espera afuera de un departamento al que le soldaron las puertas, se escuchan gemidos del que dejaron vivo y herido. Los cerrajeros abren la puerta. Voces, silencio, oscuridad.

Una voz: “Viejo: ¿cómo estás? Te voy a ayudar”, un rescatista valiente, sus ojos profundos, tranquiliza mis oídos, intenta sacarme de ahí, estoy asustado, por eso gruño, cada vez que tratan de sacarme voy al rincón, siempre al rincón, una casa impregnada de porquería, orines, miseria: mi casa de madera vieja, hules y fierros. ¿Conoces la desconfianza? Tengo más de cuatro años sin ver a casi nadie. Resisto. Me atacaron con palos y tubos. Los vecinos desde arriba vieron, algunos gritaron, nadie los detuvo ¿Qué hice? ¿Cuál es mi delito? Otra voz: “Politraumatismos, tiene tres tumores reventados de aproximadamente diez centímetros de diámetro, contusión pulmonar, desnutrición severa, infección ocular”. Maltrato animal humano y no humano jamás están separados. Unidad de Rescate Animal, un programa de la Fundación Antonio Haghenbeck y de Lama IAP acudió, fue la  Brigada de Vigilancia animal el enlace que salvó al que quedó solo en un departamento sellado tras un desalojo violento. ¿Quién ordenó sellarlo? Jésica, la mujer con la que me comunican, le da igual el perro, “hice mi trabajo”.

La irresponsabilidad de millones de seres humanos como Jésica es penosa y delictiva. La desgracia de los animales callejeros es terrible. Todavía se ordenan redadas y matanzas para “limpiar” las calles de perros y gatos que están ahí gracias a un ser humano. Esta ciudad destina demasiado presupuesto a ofrendas de Día de Muertos inservibles que acaban en la basura, ojalá lo destinaran a programas sociales o darle presupuesto a la Brigada de Vigilancia Animal. ¿Dónde está el presupuesto para la policía a favor de los animales? Los que pierden siempre son los que no hablan, los vulnerables, los olvidados en azoteas o zotehuelas, eternos encadenados debido a la normalización de la violencia. ¿Tienes un perro encadenado o condenado al traspatio? Deberías darlo en adopción responsable, es maltrato, ya se considera delito en el artículo 350 Bis: “Al que intencionalmente realice actos de maltrato o crueldad contra cualquier especie animal no humana, causándole lesiones evidentes, sin que pongan en peligro la vida del animal, se le impondrá de seis meses a dos años de prisión y de 50 a 100 días de multa”, es obligación ciudadana denunciar el maltrato. El problema de este jodido mundo es la falta de amor. El patrón exige que lo saquen de su propiedad. “¿Cómo es posible que tarden más de una hora en un rescate?, quiero que lo saquen”. El dueño del inmueble tiene una voz fría: “No se meta en problemas, puede estar en un problema ya si no salen ahora mismo, déle prisa al rescate, ya dejé que mi  cerrajero abriera, les di permiso de rescatar a ese animal, ¡sáquelo ya, de inmediato!”. Le informo el estado lamentable del perro, su indiferencia es desquiciante.

Nos siguen pegando, muy abajo, tan bajo que apenas podemos defendernos. Lluvia, sol, falta de: alimento, atención médica, amor, respeto, los espacios reducidos, azoteas y zotehuelas inmundas son la realidad de millones de perros en la Ciudad de México, ¿por qué?, un ser humano maltratado difícilmente conoce otro patrón, repite el horror. Mueve la cola, sus ojos son bondadosos, tiene sangre en todo el cuerpo, eso hace que su cuerpo parduzco se vea negro azulado, ojos amarillos relucen en el negro día del desalojo con violencia. No es un caso aislado o raro, sucede a cada momento, cualquier edificio de la ciudad tiene un caso de maltrato animal humano y no humano.

Los desalojados están  detenidos, acusados de agresión, quieren trasladarlos a un penal. ¿Cómo? ¿En qué momento perdimos la compasión? Decidido me saca, pone sus manos cuidadosamente en mi cuerpo, toma mi cabeza, me habla de forma cariñosa: “Por favor sálvenlo”, dice llorando un niño. Los curiosos se arremolinan sin aportar nada, solo lástima, ¿de qué sirve la lástima? Jamás fue tan larga la noche. La mañana llegó, sin futuro, el futuro no existe, puto futuro, te presentas con promesas rotas siempre. Hoy llegó la notificación, debo irme de lo que fue mi hogar, libros y recuerdos, no poseo nada más. Salgo a comprar un jugo, los muebles del desalojo del 184 siguen sobre Vértiz, son objetos tristes de una vida dura y gastada. En Doctor Martínez del Río, sigue en pie la resistencia. Regreso a casa. Prendo el radio, Charly García me advierte sobre los hombres de gris. Nunca un cielo tan azul fue tan triste.

*Escritora. Autora de la novela ‘Señorita Vodka’