CRÓNICA | POR SUSANA IGLESIAS *

La noche garibaldiana y el fantasma de Malcolm nieto

Eje Central Lázaro Cárdenas - Centro Histórico

Cuando la noche se acaba, lo más importante es no necear, porque de la necedad surgen las tragedias. Nunca una tarjeta de crédito o débito, jamás una identificación. Nunca en efectivo más de lo que planeas consumir, nunca menos.

"Vivo como un hombre muerto. Esa gente de la calle 116 y ese hombre de Chicago, el problema mío se resolverá con muerte y violencia”
"Vivo como un hombre muerto. Esa gente de la calle 116 y ese hombre de Chicago, el problema mío se resolverá con muerte y violencia” (Arturo Fonseca)

México

Eje Central es el desfile nocturno de hombres que viven como muertos. "Vivo como un hombre muerto. Estoy marcado. Esa gente de la calle 116 y ese hombre de Chicago, el problema mío se resolverá con muerte y violencia". Malcolm X lo sabía, no dudaba que moriría a manos de la violencia, declaró esto antes de morir en Harlem por cuatro balas en el pecho. La muerte es un sentimiento de identidad del mexicano, vivimos cerca de ella, la respiramos a cada paso. Y así como Malcolm X murió acribillado, tampoco tuvo "suerte" Malcolm Latif, su nieto, que paseando por Tepito se encontró con La pálida, transmutada en dos mujeres que lo invitaron a un bar sobre el Eje Central, The Palace. Acudió al lugar con un amigo, invitó más de veinte bebidas a dos bailarinas, al llegar la cuenta por mil 200 dólares no pudo dar crédito.

La noche garibaldiana te cobra caro todo, cada cerveza costaba 280 pesos, y no intuyó que el table dance del Eje Central no se parecería en nada a los strip clubes de su país. Es posible que una cuenta llegue por diez mil o quince mil pesos, e incluso más en sitios como éste. Y nadie podría creerlo, Eje Central: sus piojosos y derruidos giros negros parecen una invitación para beber barato, es un espejismo que te puede costar la vida. Los nombres para invocar la vena fantasmal que atraviesa esta infernal ciudad siguen vigentes, dejó de llamarse "Niño perdido" y "San Juan de Letrán" para hacerle honor a un ex presidente. ¿Decadencia? Sí, no una decadencia extrema. Las piqueras que adornan esta arteria, esas que permanecen inmóviles, han estado ahí desde que tengo memoria, muchas de ellas con otros nombres logran sobrevivir ante cada episodio violento que ocurre.

Mayo nueve del año 2013. Lo que ocurrió esa madrugada marcó al Eje y a Garibaldi. La antesala al cierre de algunos giros negros fueron dos asesinatos: en la calle de República de Cuba el 26 de enero del mismo año, y días antes, el 12 de enero en República de Chile y Cuba matan de una golpiza a otra persona. ¿Las cámaras capitalinas? ¿La policía? Nunca sabremos dónde estaban, todo ocurrió sin que nadie interviniera. ¿Quién estaba vigilando? En el 2009, junio 29 (nueves como una cábala mortal), los asesinatos de los luchadores La Parkita y Espectrito Junior, en el hotel de paso Moderno, nuevamente puso al Eje y a Garibaldi en una cacería de brujas. Policías cerrando bares, detenidos, operativos, interrogatorios callejeros, miedo, paranoia, fierro, dinero moviéndose, corrupción: un clásico mexicano. ¿Por qué tenemos un eje violento? El Eje Central atraviesa la ciudad de punta a punta, es enorme, sus redes se extienden de centro a sur, no hay tregua, de día o de noche es peligroso en la misma medida. The Palace cobró durante mucho tiempo consumos excesivos a sus clientes, de ahí la importancia de preguntar cuánto cuesta una bebida. Pidiendo y pagando: un consejo para los devotos de la decadencia.

Cuando la noche se acaba, lo más importante es no necear, porque de la necedad surgen las tragedias. Nunca una tarjeta de crédito o débito, jamás una identificación, si acaso te gusta jugar al héroe, avisa a algún amigo cercano sobre los infiernos a los que piensas descender. Nunca en efectivo más de lo que planeas consumir, nunca menos, la amabilidad con todas las personas que trabajan en estos infiernos puede salvarte la vida o no, russian roulette. En estos sitios sórdidos, las personas que te sirven pueden ponerte en el paraíso o en la boca del lobo. Los que saben sugieren no dejar de observar todo lo que se mueve a tu alrededor, de preferencia hay que ocupar la mesa más cercana a la salida o la mesa del fondo, que es la de zona de confianza, la de los clientes habituales. Lo recomendable cuando vas solo es no sonreír, beber duro, directo, no mostrarse sorprendido o animado con lo que sucede alrededor. Se trata de divertirse un poco y saber retirarse a tiempo, esa es la regla dorada en estos tiempos violentos: saber retirarse.

The Palace estuvo clausurado, solo tenía permiso de vender alcohol con alimentos, pero en la realidad operaba como putero. Reabrieron con la promesa de arreglar todas las fallas, así fue como el destino llevó a Malcolm Latif al Eje Central. Soy garibaldiana, esa es mi nacionalidad; por eso cuando alguien me dice chilanga, defeña o cualquier cosa me da igual, porque la nacionalidad garibaldiana la obtuve a punta de derrotas y triunfos. Amo y odio al Eje, no puedo vivir lejos de Garibaldi, hay noches que pido a los mariachis que me toquen "Las golondrinas", porque ya no voy a volver. En mi experiencia de piqueras, puteros, fondas caguameras, trastiendas que son bares, hoyos clandestinos y bares, puedo asegurar que nadie te agrede gratuitamente, es tu attitude, como dice Misfits, es tu comportamiento el que puede salvarte o condenarte. No estoy justificando a los que asesinaron a Latif, pero no encuentro sorprendente que alguien pierda la vida en esta zona, tampoco estaba en un museo, estaba en uno de los sitios más sórdidos y calientes de esta ciudad.

A veces el turista no mide consecuencias, los tipos realmente duros no compran la compañía de una mujer y por lo general acaban mal. Negarte a pagar una cuenta en esos lugares es como negarte a pagar por tu vida, así que piénsalo antes de intentar salir de tu rutina Godínez. Eje Central es muy peligroso: la culpa no es de nadie visible, es claro que desde el 1 de diciembre de 2013 un eje salvaje y sus venas aledañas (calles) empezaron a escupir muertos de forma escandalosa. Ni diez policías puestos en cada esquina podrían controlar la locura de un eje que fue fundado entre sangre y parranda. Le temo más a un policía que está dispuesto a extorsionarme que a un adicto que me pide 20 pesos para una piedra. La delegación niega los giros negros, los vecinos de la zona sabemos que están en todas partes, que abren y cierran con nuevos y viejos nombres, que esto sucede desde que tenemos memoria, que el problema no es que existan, el problema es la falta de tacto de algunos turistas que se atreven a querer vivir la noche mexicana sin conocer dónde están parados.

¿Se acuerdan de Kerouac? Aquel beat mimado que rondaba el Barrio Chino ingenuamente. Su novela Tristessa, que muchos consideran una gran estampa del Centro Histórico, es una falsa y horrenda postal urbana vista a través de los ojos de un novato nocturno. Eje Central no tiene espacio para los espíritus budistas. ¡Gracias, Jack, por participar! Tu Tristessa no es un personaje budista, no está atrapada en un conflicto existencialista, es una puta drogadicta. Tenemos problemas con nombrar, nos duele, nos atemoriza y nos gana el impulso de autocensura cuando nombramos. El adoquín y el empanizado de los edificios no nos salvarán. Malcom Latif fue brutalmente golpeado, nunca más volvió a levantarse, y aunque dos personas están detenidas, esas personas no son las únicas culpables de su muerte, porque detrás existe un profundo y complejo problema de corrupción fangosa. ¿Quién merece la copa de la casa, quién la de la muerte? A más de ocho meses no existe justicia. En lo marginal existe una belleza fantasmal deslumbrante; si no me creen, asómense al Palace, dicen los franeleros a los que se les ha aparecido muchas veces el fantasma de Malcom Latif pidiéndoles en inglés que lo ayuden.

* Escritora. Autora de la novela Señorita vodka (Tusquets).