Pocos pero aguerridos

Cinco meses ya de la desaparición de los 43 y en la marcha se lanzaban las mismas consignas, sobre todo la de "vivos se los llevaron, vivos los queremos" y todas las culpas contra el Estado.
Encabezado por los padres de los 43 normalistas, el contingente se movilizó por Reforma para llegar a Los Pinos.
Encabezado por los padres de los 43 normalistas, el contingente se movilizó por Reforma para llegar a Los Pinos. (Reuters)

Ciudad de México

Pocos pero aguerridos eran los integrantes de esta marcha, que lanzaban las mismas consignas, sobre todo la de “vivos se los llevaron, vivos los queremos”  y todas las culpas contra el Estado; atrás del camión, cuyo dueño es el Movimiento Proletario Independiente, que siempre aporta megáfonos y oradores, caminaban padres y madres, curtidos de tanto peregrinar durante cinco meses en la búsqueda de sus 43 hijos, con la idea bien clavada en sus corazones de que los “chamacos”, como también los llaman, están en algún lugar; y más atrás, un grupo de jóvenes, algunos de indumentaria negra y embozados, pintaban letreros con botes de spray, empezando por la base del Ángel de la Independencia, sellado con frases de protesta, hasta en los carteles de una exposición en las rejas de Chapultepec, donde bosquejarían: “muerte al clero".

La gresca sería al final, durante la retirada, frente a la estación Sevilla del Metro y parte de la Zona Rosa, donde granaderos y policías preventivos encapsularían a jóvenes que pretendían entrar al subterráneo.  La mayoría de los manifestantes, sin embargo, ni siquiera se percataría de la pelotera ni del arresto de cinco presuntos, cuyos camaradas argumentaban inocencia y denunciaban arbitrariedad de los granaderos, frente a quienes, cara a cara, reclamaban su comportamiento; pero los policías permanecían impasibles, aferrados a sus escudos, listos para cualquier acción. 

Pocas eran las novedades en consignas y lemas de la multitud que aguardaba desde las 16:00 horas en los alrededores el Ángel de la Independencia, sobre Paseo de la Reforma, donde surgiría la convocatoria de bloquear las próximas elecciones e ir, si es posible, colonia por colonia, según uno de los oradores, quien lanzaba consignas desde el templete ubicado en la Calzada el Chivatito, entre Molino del Rey y Paseo de la Reforma, donde los disertantes, encabezados por Vidulfo Rosales, abogado de los padres de familia, anunciaban la Novena Acción Global por Ayotzinapa.

Y ahí estaban las madres y padres, con las fotografías de sus hijos Jesús Jovany, Magdaleno Rubén, Abel García, José Ángel, Antonio Santana, Adán Abrajan, César Manuel y Martín Getsemany, entre otros. “Para nosotros no hay una verdad histórica; para nosotros, la lucha sigue, pese al linchamiento mediático”,  añadió Vidulfo, quien invitaba a corear: “¡porque el color de la sangre jamás se olvida!”

María de Jesús, madre de un desaparecido, aseguró: “este gobierno sabe dónde están nuestros hijos”. Y Mario, padre de otro estudiante, Manuel, originario de Tlaxcala, reflexionó: “otra vez, después de cinco meses, ya no sabemos qué hacer con este gobierno para que nos entregue a nuestros hijos”.

El último orador, un joven, advirtió: “ya estamos cansados de que nos mientan; si es necesario dar la vida y hacer la revolución (…), porque nosotros somos los nuevos guerreros…” Lo dijo casi frente a los carteles con las figuras de Lucio Cabañas Barrientos y Genaro Vázquez Rojas, adheridos en las rejas de Chapultepec, con dos letreros: “Ayotzinapa, cuna de la conciencia social; Ayotzinapa, hay memoria”.

Y entonaron “Venceremos”.

Más tarde, a eso de las 19:30, granaderos detenían a cinco jóvenes, quienes, según versión oficial, pretendían entrar al Metro con botes de spray. Los compañeros de los manifestantes, mientras tanto, encaraban a los policías. “¡No veníamos haciendo nada; veníamos pacíficos!”, reclamaba un joven. “¿Tienes hijos, tienes hijos; qué pasaría si le hicieran lo mismo a tu hijo, bola de putos?”

Y ellos, impertérritos.

Los empleados de limpieza comenzaron a borrar las pintas hechas por encapuchados, entre las que estaba la del Ángel de la Independencia con tinta roja: “La justicia llegará cuando la sangre del burgués empiece a correr”.