La marcha en la que 'El Peje' prometió cerrar la boca

López Obrador bebe agua, se tropieza, ve de lado a la muchedumbre, ignora a Martí Batres, pero no dice nada: ni una palabra.
MArcha de Morena
(Especial)

Ciudad de México

AMLO —con su cabello blanco, con sus dedos largos, con su corazón delicado— comienza a marchar a las 11:05 del Ángel de la Independencia. La novedad es el concepto de silencio: al convocar a una marcha silenciosa, Andrés Manuel López Obrador, se entiende, ha prometido —por fin— cerrar la boca. Aunque el recuerdo de su voz nos persigue como una condena; qué fácil es cerrar los ojos y reproducirla en la cabeza: su timbre agudo de poco volumen, el titubeante fraseo, acento tabasqueño, la expresión obstinada, el color macilento del sonido... y las larguísimas pausas entre palabras a veces tan contundentes que los mexicanos nunca podremos olvidar: "frijol con gorgojo" o "¡chachalaca!".

AMLO marcha, bebe agua, se tropieza, ve de lado a la muchedumbre que lo sigue, firma un autógrafo de malas, acelera el ritmo, le da la mano a un hombre que grita "¡antes morir que doblegarnos", estornuda, ignora a Martí Batres, parpadea, pero no dice nada: ni una palabra.

Dos dirigentes de la sección 22 —Rubén Núñez y Francisco Villalobos— están en prisión acusados de operar con recursos de procedencia ilícita. AMLO dice que no es cierto. Que les sembraron pruebas falsas. Que el gobierno federal busca desprestigiar a los maestros de México para privatizar la educación.

AMLO —con su camisa blanca, con sus piernas esbeltas, con sus pequeños ojos oscuros— marcha para que cese la represión, para replantear la reforma educativa y para que liberen a los maestros encarcelados. AMLO marcha cada vez más lento: está cansado; el sudor resbala por su frente. De pronto, una idea rara: los pejelagartos no han cambiado en los últimos 100 millones de años; su resistencia es impresionante: son fósiles vivientes.

Casi mediodía. Luz lechosa y un cielo sin sol que amenaza con lluvia. Listones entrelazados color arcoíris trazan la figura de un corazón dentro de un condón gigante —solitario recuerdo de la marcha a favor del orgullo gay— que está tirado sobre Reforma, a la altura de Belgrado. AMLO lo pisa sin darse cuenta y se enfila hacia el templete que ha sido instalado en la glorieta a Colón.

AMLO marcha con una expresión extraña. Cuando habla, sus facciones se encienden al ritmo de las palabras: si su discurso es amoroso, adquiere formas sonrientes y suaves; si es violento, se le afila como cuchilla la mirada. Ahora que AMLO calla, su cara es más abstracta: luce serena, pero de pronto crispa la boca y crispa la frente, y entonces parece irritada.

Otra idea rara: los pejelagartos son depredadores voraces: se hacen los muertos para engañar a sus víctimas y luego tragárselas por la cabeza; si han sobrevivido tantos años es por su asombrosa capacidad de adaptarse a las aguas más inhóspitas.

II

Atrás de AMLO no para la fiesta. Nadie parece respetar el silencio de su líder. La imagen de una muchedumbre silenciosa que marcha con ropa blanca, las manos abajo y la boca cerrada adquiere una brutal contundencia poética. Su poesía es representar una indignación masiva —tan poderosa que no pueda ser ignorada— y dejarla muda para que en su silencio se reflejen las injusticias y así, puras, sin intervenciones, se proyecten en toda su maldad hacia el mundo. Pero esta muchedumbre es ruidosa, y su ruido está lleno de palabras rabiosas. Atrás de AMLO la muchedumbre insulta a Salinas, a Mancera; muestra pancartas con la imagen de Peña Nieto degollado.

III

Afuera de una cafetería desde donde se ve el templete sucede —a la una de la tarde— una escena curiosa:

Un grupo de siete jóvenes con cachuchas beisboleras se rola un cigarro de mariguana. Uno de ellos vacía una botella de cerveza y la tira en la banqueta. Una mujer le pide que por favor la recoja; que esto es una manifestación, no una fiesta. El muchacho se burla: le dice "estirada" y "vieja burguesa". Ella recoge la botella en silencio y la tira en un basurero. Tiene el cabello blanco acomodado en una cola de caballo. Lleva pants blancos; la cara sin maquillaje. Se llama Victoria Estrada Morales.

—¿Por qué marcha?

—Soy maestra de literatura. La mera sospecha de que el gobierno encarceló ilegalmente a dos maestros me indigna. No puedo quedarme sentada.

—¿Defiende a la sección 22?

—Eso es otra cosa. Creo que en la CNTE hay partes podridas, que en sus filas hay criminales con máscaras de maestros. Yo defiendo el oficio de enseñar y la educación pública gratuita

La voz de Victoria —grave y segura— es sepultada por el ruido de una muchedumbre que grita. Un ruido iracundo que contamina la indignación de una maestra de literatura.

IV

El silencio fue mentira. AMLO sube al templete y, a las 13:43, se traiciona: abre la boca. Y su voz —su voz que nos persigue: timbre agudo de poco volumen, el titubeante fraseo, acento tabasqueño, la expresión obstinada, el color macilento del sonido... y las larguísimas pausas entre palabras— comienza a filtrarse lenta e implacable en los corazones de sus seguidores.