El plantón de la CNTE que nunca acaba de irse

Maestros de Oaxaca hacen de ese ícono de la ciudad su segunda casa; ahí comen, duermen, conviven y buscan formas para cubrir sus necesidades básicas.

Ciudad de México

Por una semana, maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación de Oaxaca hacen del Monumento a la Revolución su segunda casa: ahí comen, ahí duermen, ahí pasan el tiempo. Es su cuartel de lucha en la Ciudad de México contra la reforma educativa y la evaluación docente.

MILENIO entrevistó a maestros durante la marcha del Ángel de la Independencia al Hemiciclo y a los que montaron guardia en el campamento en el Monumento a la Revolución mientras sus compañeros protestaban en la caminata. La lucha de los maestros implica una lucha por acostumbrarse a la comida, al suelo en el que duermen, a la lluvia, a los indigentes que rondan el campamento y a estar rodeados de policías.

Verónica tiene 37 años y los últimos 15 ha sido maestra. Actualmente da clases a 30 niños de tercer grado en una primaria en Huajuapan de León, Oaxaca. No recuerda las veces exactas en que ha venido al plantón, donde está una semana y después regresa a Oaxaca. Cuando ella llega, otro profesor viene.

El miércoles pasado Verónica llegó a la Terminal de Autobuses de Pasajeros de Oriente, Ciudad de México, con su esposo desde hace 19 años, y sus maletas para instalarse por una semana en uno de los campamentos de la CNTE en el Monumento a la Revolución.

Una semana después, la maestra marcha sobre avenida Paseo de la Reforma con una sombrilla roja y platica que en las noches casi no dormía. "Ve mis ojeras. Los policías me intimidan, se paran alrededor de los campamentos y ahí están. No se mueven. Anoche, tenía miedo de que fueran a desalojarnos".

Ella y su esposo durmieron en una casa de acampar que compraron en Bodega Aurrera por 199 pesos, "no nos la paga la CNTE, como dicen por ahí".

Entre gritos de protesta alrededor, Verónica explica que cuando llovía le ponían a la casa de acampar un plástico grande de 25 pesos debajo de la base de la tienda y sujetaban las puntas a unos lazos con unas pinzas para la ropa. Si corría el agua, pasaba entre el suelo y el plástico, así no se mojaba nada.

Eso era afuera. Adentro ponían un cartón, luego una sábana y después los cobertores con los que se cubrían del frío. A veces el cansancio hacía que cayeran dormidos, pero "siempre con el oído alerta".

"Por ejemplo, esta madrugada se escuchaba ruido de los bomberos, ayer se metieron borrachos al campamento y nos pidieron alimentos, pero si vieran cómo estamos. Aun así sale aunque sea para el pan. Antier llegó un hombre que había asaltado, dijo, a unos niños 'fresas'. Llevaba esclavas, cadenas, pero no le compramos. Ni cómo, ni nos han pagado", contó.

Para comer hay distintos grupos: unos maestros se organizan y traen tlayudas, frijoles, anafres, sal, licuadoras, vasos y platos desechables. Aquí compran garrafones con agua y lo que les haga falta. Así es como hacen la comida.

Otros salen a comprar comida con los comerciantes, pero "a veces les da diarrea", asegura Verónica, quien recurre a la tercera opción: una señora nos invita a comer a su casa. "A veces comemos frijoles con epazote, carne de puerco en salsa y tortillas de esas gordas y masudas". Para los oaxaqueños no hay nada como las tlayudas que dicen sí están cocidas y delgadas hechas a mano.

El esposo de Verónica también es maestro de primaria. Ambos tienen dos hijas: una de 17 años que cursa la preparatoria y otra de 11 que va a la primaria. Las niñas se quedan con la abuela materna mientas sus padres marchan contra la reforma educativa.

Los maestros van al baño de los estacionamientos donde les cobran de 4 a 10 pesos. Hay vecinos que les dan permiso de pasar al baño sin cobrarles, cuenta Verónica.

Para bañarse tienen dos opciones: ir a un baño público donde les cobran 40 o 45 pesos o van a las instalaciones del Sindicato Mexicano de Electricistas, donde les cobran 10 pesos.

Los profesores llevan una maleta con más de cinco camisas, playeras o blusas y dos o tres pantalones para cambiarse durante la semana que están en el plantón.

Para entretenerse llevan revistas, periódicos, libros, rompecabezas de 500 piezas, lotería, serpientes y escaleras y usan taparroscas o piedras para jugar.

Verónica dice que mientras estuvo en el plantón extrañó las manitas que la abrazan de la cintura y las risas de sus alumnos que le dicen "qué bueno que ya vino, maestra".

Mientras la maestra está en la marcha, unos compañeros le cuidan sus cosas en los campamentos del Monumento a la Revolución. Aureliano es uno de los profesores que se quedaron en la Plaza de la República a montar guardia. Él es director de una primaria en la localidad de San Francisco Yovego, en el municipio de Santiago Camotlán. Sus compañeros se organizaron y llevaron artículos para la hora de la comida.

Llegó por la mañana y regresará a Oaxaca el viernes por la noche. Su campamento está en la Plaza de la República, donde una lona roja cubre los garrafones con agua, las cajas con las tlayudas, los desechables, la licuadora, la botella con Coca-Cola, el hule espuma, cartones y cobijas que yacen en hilera, junto a unas mochilas que son usadas como almohadas.

En el campamento unos compañeros de Aureliano tienen una extensión de donde jalan la luz y cargan los celulares o lo que quieran usar, mientras de un lazo cuelgan cobijas y toallas.

A un lado del campamento de Aureliano está el de Italletzi, quien tiene 25 años y cursó la maestría en Educación en Puebla. Hace menos de un año entró a dar clases en Tuxtepec, Oaxaca, y es la primera vez que se manifiesta en el plantón de la Ciudad de México. Antes lo hizo en la ciudad de Oaxaca, donde "es más caro que aquí. Acá comes en todo el día con 56 pesos, allá solo te alcanza para una torta y un refresco".

"No es un gusto dormir en el suelo, no comes a tus horas, aguantarte alimento, te privas de gustos, de antojos, tenemos que ahorrar para el pasaje de ida. Es complicado, es pesado; es necesario", menciona.

Ella y otros dos maestros montaron guardia mientras sus compañeros se fueron a marchar del Ángel de la Independencia al Hemiciclo a Juárez; en cuanto regresaron se fue a Oaxaca porque mañana regresa a dar clases. Otro maestro se hizo cargo de sus grupos mientras estuvo en el DF, expresó.

Quien también regresa a su comunidad es el maestro de secundaria, Mario Cruz, quien después de la marcha camina por la Plaza de la República con una mochila al hombro y una bolsa en cada mano.

Mario es uno de los profesores que regresará a clases mañana; 40 por ciento regresa a las aulas, el 30 por ciento está en el plantón en Oaxaca y el resto en el plantón de Revolución. Antes de irse se detiene, baja sus bolsas y saca su celular para tomar una foto del Monumento con las multicolores carpas donde los maestros hacen su lucha.

Verónica, Italletzi y Mario ya se van de la ciudad para llegar a clases en sus comunidades, se llevan sus maletas, pero antes advierten: "al terminar el ciclo escolar se viene el plantón masivo. Venimos todos los maestros".