Entre pláticas, café y selfies se realizó el simulacro en el DF

Los poco más de 15 minutos que duró el macrosimualcro en el DF fueron aprovechados por muchos para fumar un cigarro, hablar por teléfono o comprar el desayuno.

Ciudad de México

Faltaban dos minutos para las 10:00 cuando la música de los organilleros que ambientaba la Alameda Central dejó de escucharse, empezaron a sonar alarmas de patrullas y ambulancias y desaparecieron los autos de avenida Juárez, Puente de Alvarado y Eje Central.

Un minuto más tarde, en punto de las 10:00, entre gritos que pedían mantener la fila y agilizar el desalojo, personal de los Juzgados Familiares del DF, de la Secretaría de Relaciones Exteriores y de la Torre Latinoamericana salió rumbo a la explanada de Bellas Artes y la Alameda.

Sonaba la alerta sísmica, era hora del simulacro conmemorativo del 29 aniversario del sismo de 8.1 grados Richter de 1985, que dejó 20 mil personas muertas y daños en dos mil 831 inmuebles.

Nadie decía dónde debía ponerse la gente, cada uno sabía dónde estaba su punto de reunión y una vez ahí, la prioridad era saludar a los colegas de pisos diferentes o a los amigos que no se veían desde la mañana. El simulacro fue la excusa perfecta para intercambiar noticias del trabajo, chismes, conversar sobre la familia, decidir a dónde ir a comer o simplemente contar algún chiste.

La orilla de la Alameda se llenó como si se tratara de una multitudinaria protesta, pero en vez de carteles con consigas había letreros en los que se leía: MP, piso 2, piso 3, defensoría. Muy diferente fue el desalojo del edificio del SAT, donde la gente se aglutinaba en un sólo lugar sin elementos que diferenciaran un área de otra.

Mientras el personal de los edificios de la zona era evacuado, para otros no había simulacro. La fila de los juzgados seguía creciendo y los que ya estaban formados se quejaban del tiempo que tendrían que esperar para ser atendidos.

Los cajeros bancarios se llenaron y las conversaciones de los cafés cercanos continuaban como si nada. En las inmediaciones de la Alameda los corredores seguían con su ejercicio y las parejitas continuaban acarameladas en las bancas.

En Paseo de la Reforma los carriles dejaron de ser para vehículos y fueron ocupados por cientos de empleados de oficina, estudiantes, amas de casa y funcionarios públicos, quienes salieron de los inmuebles en torno a esta avenida, unos caminando rápido, otros platicando, y algunos más con el vaso de café en la mano.

Durante poco más de 15 minutos, empleados de la Secretaría de Desarrollo Social, del Senado de la República, de la Comisión Federal de Electricidad y de distintos edificios sobre Reforma tomaron un descanso del trabajo, hablaron por teléfono, fumaron un cigarro o compraron el desayuno. No faltaron los que tomaron fotos y las compartieron en redes sociales.

Antes del reingreso a los edificios hubo pase de lista, el cual se demoró por las pláticas y selfies de los participantes en el simulacro.

Poco a poco elementos de la Policía de tránsito reabrieron las calles donde hubo cortes viales, no sin escapar de uno que otro automovilista que tocó el claxon a modo de protesta. La gente regresó a los edificios y otra vez sonó el organillo.