[El Santo Oficio] El circo de los animales

'Biografía del circo' se vuelve un libro triste en estos días cuando los circos con animales han sido prohibidos en México.
El circo se ha quedado por ahora sin animales.
El circo se ha quedado por ahora sin animales. (Héctor Tellez)

Ciudad de México

El cartujo lee Biografía del circo, de Jaime Armiñán, publicado por la editorial española Pepitas de calabaza. Lo hace de noche, a la luz de una vela, en el rincón más apartado del monasterio. Imagina la música, las luces, los colores, los artistas, los fenómenos, los animales... todo el universo circense está aquí, en este libro editado por primera vez en 1958, cuando en nuestro país —y en muchos otros— no existían los próceres de lo políticamente correcto ni menos aún los vividores del Partido Verde Ecologista de México, abanderados de causas tan nobles como la pena de muerte.

"El circo es tan antiguo como el mundo", dice Armiñán. Pero él no se ocupa de rastrear sus orígenes, sino arranca su historia a finales del siglo XVIII, cuando comienza el circo moderno con un número de caballos amaestrados. Con sus pasos, sus bailes, su extensa variedad de movimientos, cautivaron al público e inauguraron una tradición.

Cuando le preguntaron al británico Bertam Mills (1873-1938), uno de los grandes caballistas de todos los tiempos, cuál era su secreto para amaestrar a los corceles, respondió: "Sólo necesito paciencia, comprensión, zanahorias y azúcar. Pero sobre todo paciencia... ¡No hay otro camino!".

Jaime Armiñán (Madrid, 1927) es un amante del circo, lo conoce por dentro y por fuera. Por eso desmiente la presunta crueldad de los domadores de animales salvajes: "El domador no puede ser malo con las fieras, porque ellas son su trabajo, su vida y su seguridad", afirma convencido. Sin embargo, admite: "Claro que la regla general tiene excepciones, porque el mundo está formado de buenos, rubios, malos, crueles, tontos, gordos y listos...".

En estos días, cuando los circos con animales han sido prohibidos en México y los biempensantes y los bribones camuflados de ecologistas celebran su "triunfo", sin pensar en el futuro de esos mismos animales ahora desempleados, sin un lugar —"santuarios" les llamaron— a dónde ir, Biografía del circo se vuelve un libro triste.

Como los payasos, los funámbulos, los trapecistas y los acróbatas, los animales son el alma del circo. Nadie con un poco de corazón puede estar de acuerdo con su maltrato, pero para eso deberían existir leyes severas para protegerlos en vez de condenarlos al abandono.

"Yo no he conocido un solo caso de domadores que maltrataran a sus discípulos", escribe Armiñán, quien agrega: "Aunque en realidad los haya en el circo. Pero también existen padres que matan a sus hijos", y no por eso a todos los padres, indiscriminadamente, se les despoja de la patria potestad.

El circo, por ahora, se ha quedado sin animales. Pero el circo de los peores animales continúa imparable en la arena de la grilla, en la defensa de demagógicas causas, mientras proliferan, por ejemplo, las granjas de pollos y las fábricas de huevo donde impera la sevicia, pero nadie las voltea a ver. De seguro por no ser políticamente rentables.

Queridos cinco lectores, con el mar en el horizonte, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.