Jóvenes consiguen trabajo en elecciones, pero no votan

En la casilla de La Ciudadela, en la delegación Cuauhtémoc, jóvenes participan como encuestadores o representantes de partidos políticos, pero no están interesados en votar. 

Ciudad de México

Afuera de la casilla electoral de La Ciudadela, en la delegación Cuauhtémoc, José Ángel espera paciente a cazar a alguna persona que le quiera decir por qué partido votó. Es encuestador y tiene 18 años. Debería estar votando, pero dice que no lo hará si no le da tiempo, que no sabe de política y que es una pérdida de tiempo "porque de todos modos ponen al que quieren".

Es medio día y por el patio de la La Ciudadela cruzan adultos de más de 30, mujeres con hijos y maridos mayores de edad agarrados de las manos, pero ningún joven. José Ángel, un chico moreno con la lengua perforada y la mochila de la casa encuestadora que lo contrató en la espalda habla con a la gente con el dedo entintado; algunos se detienen, otros ni siquiera lo voltean a ver.

"No sé de política ni me gusta. Es la primera vez que voy a votar, pero no creo que vaya porque estoy trabajando, y creo que hay casillas especiales, pero no sé dónde están y mi trabajo acaba a las 6 de la tarde, cuando esto ya se acabó", dice.

José Ángel nunca ha votado y éste, que podría ser su primer voto, seguramente no pasará. Dice que casi toda la gente que sí se ha detenido a contestar la encuesta son señores, porque los jóvenes "piensan lo mismo: ¡Ay, no! Para todo te ven la cara".

Junto a él pasan dos mujeres escoltadas por sus cuatro hijos, no traen nada en las manos más que una llaves y la credencial para votar. Atrás un señor de traje voltea a ver a su esposa y señala la entrada de la casilla, pero no deja de hablar por el teléfono. Casi nadie se detiene a contestar la encuesta.

Apoyado de una muleta con el brazo izquierdo y de la mano de su esposa con el derecho, Paulino Arbesú y Rodríguez, de 76 años, atraviesa la plaza. Sale contento, porque dice que cumplió con su voto, pero asegura que las cosas no van a cambiar o que al menos no lo harán mientras él esté vivo.

"No creo en la democracia, pero trato de creer, de ser un ciudadano mexicano que aporta su forma de ser a un México que piensa que va a cambiar, no que está cambiando. Ahorita va a seguir habiendo corrupción y los políticos van a seguir prometiendo, pero no van acumplir nada", dice.

Está seguro de que a los políticos no les importa la gente. Su esposa asiente con la cabeza. Suena bachata en el fondo y dos comerciantes bailan entre puesto y puesto ambulante que abarrota La Ciudadela. "Velos", dice Paulino, "ahí siguen aunque nos hemos quejado". Su esposa señala al parque, también hay ahí indigentes, y nadie hace nada.

Como ellos, atraviesan unos 25 adultos la plaza rumbo a la casilla de votación. Luego de 30 minutos, por fin dos jóvenes aparecen en la entrada. Caminan por el patio hacia la entrada custodiada por cinco policías. Los dos muestran unos gafetes. Son representantes de un partido.

"No podemos dejar pasar a nadie que sea ajeno. Es para protección de los que vienen a votar", dice uno de los uniformados.

Los dos jóvenes salen después de cinco minutos y pasan de largo a José Ángel, el encuestador. Los dos tienen 18 años, son votantes primerizos, pero no vinieron a votar sino a vigilar la elección. "Vamos a ir, si nos da tiempo", dicen los dos. Uno viene de Azcapotzalco y otro de la Miguel Hidalgo.

Los dos pensaron en anular su voto porque, como dicen sus amigos, "siempre ponen al que quieren", pero decidieron que no lo harían. José Ángel también piensa que las elecciones no son "derechas" y que "no sería una pérdida de tiempo (ir a votar) si lo manejaran legalmente, pero yo creo que por quien votes van a hacer que gane el PRI", dijo.

Cuatro policías resguardan la puerta del Deportivo "Gumersindo Romero" en la delegación Benito Juárez. A un lado, una joven de 18 años espera a que salgan los votantes, pero la mayoría de los vecinos de la colonia Letrán Valle siguen su camino. A su lado pasa Juan Carlos, de 27 años, con camisa de cuadros y lentes.

Juan Carlos es el primer joven que entra a la casilla en media hora. Dice que es la tercera vez que vota y que lo hace porque "uno tiene que escoger el candidato que más le parezca que propone hacer un cambio, uno tiene que informarse lo mejor que pueda y confiar en que voto a voto igual forma parte de un cambio".

Sin embargo, Juan Carlos cree que muchas de las propuestas que escuchó en los medios son "disparates", pero que decidió más "por las acciones y la reputación de un partido, porque las propuestas no distan mucho una de otra".

En su silla de ruedas, la señora Angelina Sánchez, de 94 años, atraviesa la cancha de basketball del deportivo hacia las urnas. "Hay que venir a votar, para que no te engañen", le dice a una de las funcionarias de casilla.

Ha pasado más de 65 años en la colonia Letrán Valle y sabe que las cosas con los políticos no cambian, pero "hay que venir, no me gusta que nadie decida por mí", dijo y señaló un poste doblado. "Lleva un año así, señorita, y así va a seguir, no importa quien gane".