“Mi hijo vivirá para cumplir una misión muy grande”

El bebé nacido prematuramente hace casi tres meses recibe atención en el hospital Shriners de Galveston, Texas.

México

José Ángel García García tiene buena estrella porque en 71 días de nacido ha salvado su vida en dos ocasiones. La primera, gracias a una incubadora, después de un parto prematuro tras seis meses de gestación. La segunda, hace una semana, al ser rescatado de los escombros del Hospital Materno Infantil de Cuajimalpa. Fue el único bebé que sufrió quemaduras y gracias a la oportuna intervención de la fundación Michou y Mau, en este momento es atendido en el Shriners Hospital en Galveston, Texas, donde evoluciona favorablemente.

“Fue el último niño que sacaron de los escombros”, relata la abuela Rosa María, quien narra la hasta ahora breve vida del más pequeño de sus nietos. Su hija es Sonia García, tiene 32 años y estudió hasta la secundaria; es madre soltera de dos pequeños de seis y tres años, pero el parto de su tercer hijo —José Ángel— fue difícil, pues nació el 26 de noviembre en el baño de la precaria vivienda que habitan en la colonia La Papa, en Cuajimalpa.

“Le vinieron los dolores en la madrugada, ella bajó al baño y fue cuando me dijo que ya se había aliviado. Imagínese la impresión. Entonces pedimos el apoyo de una patrulla y ambulancia y fuimos aquí al ‘Hospitalito’”, dice. El recién nacido fue dado de alta después de un mes y entregado a su familia, quien lo llevó a su “casa” ubicada en la calle Ocotal; un espacio de dos metros por uno donde solo cabe un colchón, una televisión y dos tablas de madera en las que acomodan la ropa que usan. Son las únicas pertenencias de los García.

“Donde vivía antes no podía pagar la renta y me fueron quitando mis cosas: cama, estufa, refrigerador. Llevamos dos meses aquí, el espacio nos lo prestó un vecino que no cobra renta. No tenemos trabajo, nos ayuda la señora Araceli, dueña de una cocinita donde ayudo haciendo mandados o lavando trastes. Ella nos da comida para los niños. Los vecinos también se han portado muy bien porque nos regalan despensa o lo que pueden”, dice.

José Ángel no tiene una sola fotografía y un día antes de la explosión enfermó porque la leche se le fue a un pulmón. Su mamá lo llevó de nuevo al “Hospitalito” y si fue una de las 73 víctimas del accidente, fue porque ocho horas antes los médicos no tuvieron ambulancia para trasladarlo a otro nosocomio especializado.

Desde Galveston, Texas, Sonia cuenta cómo vivió aquel día de la explosión: “Encontré a mi hijo en el Hospital ABC, estaba en calidad de desconocido y lo identifiqué vivo por sus señas particulares. Nos realizaron una prueba de ADN. La fundación Michou y Mau nos ayudó y al mediodía del viernes ya estábamos en Shriners. Mi hijo evoluciona favorablemente, es un milagro. Tiene 30 por ciento de su cuerpo quemado, no 90 como dicen. El martes le quitaron el tubo de respiración, ahora solamente está con oxígeno, los pulmones están limpios, en la sangre no ha salido nada malo y por fuera está muy bien”, explica vía telefónica.

La presidenta de la fundación, Virginia Sendel, precisa que José Ángel fue el único bebé con quemaduras y que por ello solo tramitaron visas humanitarias para él y su madre.

En realidad iban a viajar la madrugada del viernes pero él no se encontraba estable y hubo que esperar. A las nueve de la mañana el vuelo partió del aeropuerto de Toluca y en pleno aire José Ángel tuvo un problema respiratorio que debió ser atendido con prontitud por los neonatólogos que viajaban abordo de la aeronave.

“Es una cosita de menos de dos kilogramos, hasta ahorita le está echando todas las ganas y hay muchos ofrecimientos de gente que quiere ayudarlos, aunque tiene que estar al menos tres meses en recuperación. Sonia no está sola, se acompaña con otros papás mexicanos que tienen a sus hijos quemados en Shriners. Entre todos hacen una hermandad muy especial”, precisa Sendel.

Tranquila y confiada

En efecto, Sonia se escucha tranquila pero ante todo agradecida. “Nunca imaginé que pasara esto, pero es una decisión de Dios y no podemos reclamarle, él sabe por qué hace las cosas. José Ángel es eso, un ángel que tiene una misión muy grande en el mundo ¿Cuál? No lo sé, pero siento que será algo muy bueno”, dice confiada.

A pesar de las buenas noticias, los días de la abuela Rosa María no son ni serán fáciles. Por eso su rostro expresa evidente preocupación mientras cuida a sus otros dos nietos.

“Ahorita lo que pido es que me echen la mano con una vivienda, es lo único que solicito, que llegue mi llamado al presidente Peña Nieto para ver si nos ayuda: o trabajo o cuido a los niños, no puedo hacer las dos cosas. Tengo que salir adelante para apoyar a Sonia”, dijo.