Maestro de cepa enseña a los niños a "volar solos"

Humberto González, profesor de Lengua y Literatura Española, fue formado a su vez por maestros de la talla de Antonio Ballesteros, Arqueles Vela, Ciro González Blackaller y Alfonso Sierra Partida.
Humberto González, estudio con los grandes pedagogos y locutores del país
Humberto González, estudio con los grandes pedagogos y locutores del país (Cortesía Humberto González)

Ciudad de México

"Como decía José Martí: uno debe estar donde es más necesario, ayudar al que menos tiene, al que menos puede, pero con hechos no con palabras", así resume su vida el profesor Humberto González.

González es un maestro normalista de pura cepa, que ha luchado por más de 50 años por sembrar en las mentes de sus alumnos el deseo de superarse. Reconoce que la labor más entrañable que puede tener un maestro es preparar a los niños para el futuro.

"Era mover consciencias, enseñar para que los niños pudiera volar solos, para que no se quedaran mediocremente en un estadio, sino que tuvieran siempre el deseo de continuar", dice.

Esa actitud no es fortuita, durante su formación en la Escuela Nacional de Maestros y en la Normal Superior, tuvo como maestros a Antonio Ballesteros y Usano, Arqueles Vela, Ciro González Blackaller y Alfonso Sierra Partida.

"Salíamos muy bien preparados los maestros normalistas; hubo brillantes maestros que eran catedráticos verdaderos, me consta porque yo lo viví, eran muy apasionados de la pedagogía."

González llegó siendo un adolescente a la carrera magisterial y supo entonces que, al menos, tenía que estar al nivel de sus profesores. "Son buenos paradigmas que imitar", recuerda.

Sin embargo, para este oriundo de la Costa Chica de Guerrero, el interés de aprender nació de las enseñanzas de su disciplinado y amoroso padre. "Siempre decía: yo no los quiero aquí de borrachos, ni de campesinos ni de peones".

En su natal Copala, la educación era un lujo. Humberto fue enviado a estudiar en el internado 21 Adolfo Cienfuegos, de Tixtla, para concluir sus estudios de primaria.

"Fue duro, la ausencia de mis queridos padres. El trauma de encontrarte solo sin mamá y papá, pero estaba el incentivo de mi padre, que de ser peón llegó a convertirse en presidente municipal".

En el internado se dio cuenta que son los valores que aprendes en casa, más la disciplina, lo que te ayuda a salir adelante. Él, que había aprendido a leer a los 9 años con el silabario de San Miguel, no sabía que estaba en camino de convertirse en profesor de Lengua y Literatura Española.

"Antes te enseñaban valores, disciplina, orden, lo que no se haga en la primaria va a ser muy difícil que se haga más tarde, los hábitos de hacer deporte, la cultura, el arte. Decía mi mamá: la educación se mama y los principios morales y éticos en primera instancia están en la casa, lo demás es complemento."

En la década de los sesenta, este admirador de Salvador Allende, sintió el llamado de todo lo que significara compromiso social, y cuando fue asignado a la primaria El Molinito, que se encontraba al interior del Campo Militar Número 1, fue el momento de comenzar a cambiar el mundo.

"Allí estudiaban los hijos de personas que se dedicaban al sexo servicio, hijos de militares. Yo llegué con mucho cariño por los niños, llegué platicar con las mamás, las quería educar pero ellas ya estaban adiestradas en otras actividades".

Así transcurrió un año, hasta que fue asignado al Centro Escolar Benito Juárez, ubicado en la calle de Jalapa 272, en la colonia Roma. Tras un lustro, pasó a dar clases en el sistema de telesecundarias.

Recuerda que como profesor de primaria, percepciones siempre han sido muy limitadas económicamente. Aunque cree que lo más duro es la incomprensión de la sociedad, cuando el maestro no es valorado en su justa dimensión.

"Es difícil porque la escuela se considera como guardería y que una mamá o papá tengan dos o tres días a tus hijos en casa los abruma, ya no ven la hora de que regresen a clases, ven a la escuela como depósito."

Acostumbrado a nadar contracorriente, Humberto estaba convencido de que lo importante era dejar huella. "Todavía me encuentro a mis alumnos y me reconocen, me saludan. Porque de todo he cambiado, menos de mi integridad y de mi color, soy costeño".

La vida le tenía más lecciones y le enseñó que la educación no se limita a las aulas. De la mano de Álvaro Gálvez y Fuentes, Luis Ignacio Santibáñez, María del Carmen Millán y Jesús Elizarrarás, aprendió el poder de la palabra: González se convirtió en locutor.

En las instalaciones de Radio Educación, que se encontraban entre Circunvalación y Tabiqueros, en la colonia Morelos, Humberto aprendió las artes de grabar y producir radio, mientras se desempeñaba como locutor de la estación.

Pero para González enseñar no solo era una vocación, sino una forma de enfrentar el mundo, y en 1975 se convirtió en instructor del personal del Instituto Mexicano del Petróleo, lo que lo llevó a recorrer los más de 30 centros de capacitación que tiene Pemex en la zona petrolera del país.

A sus 70 años, Humberto se siente tranquilo y feliz. Ha logrado emular a los grandes que fueron sus maestros y sigue regresando al mundo lo que ha aprendido cuando, como terapia ocupacional, sigue dando cursos cuando lo invitan.

"Es como decía Salvador Allende, a quien yo admiro mucho: hay jóvenes viejos y viejos jóvenes".