"Trabajamos el arte hecho luz": David Di Bona

Hoy concluye el reconocido Festival Internacional de las Luces, evento artístico donde la iluminación sobre los viejos muros se transformó en una experiencia estética cercana al cine.

Ciudad de México

David Di Bona es el director y fundador del Festival Internacional de las Luces México, que culmina hoy en la capital del país luego de cuatro días de proyecciones, iluminación, escenografías y efectos reales y virtuales que prácticamente inundaron de luz buena parte del Centro Histórico. El argentino, radicado en México desde hace 13 años, estudió sociología en la Universidad de Buenos Aires y luego en la Universidad del Cine de la capital bonaerense. Tras un recorrido por varios países latinoamericanos, Di Bona vino a dirigir esta segunda versión, más extendida y prolongada, de lo que se ha convertido en una genuina fiesta de luz.

¿Cómo saltas del ambiente puramente cinematográfico al Filux?

En realidad, tiene muchísimo qué ver. El tema del cine es básicamente la luz y muchas otras cosas y facetas. El cine es la creación de espacios virtuales en donde la luz tiene una preponderancia fundamental. A partir de esa idea de transformar los espacios con la luz, en este caso los espacios virtuales, escenográficos, siempre me llamó mucho la atención cómo con dos luces puedes contar toda una historia, por ejemplo, en una obra de teatro. Siempre me llamaron mucho la atención las escenografías que no son propiamente escenografías, sino que están planteadas a partir de la luz. Entonces, a mí me llamó poderosamente la atención cómo con dos focos puedes transformar un espacio por completo. A partir de esta reflexión, comencé a indagar más sobre este tema. Viajé a varios festivales de la luz en el mundo y comencé a crear un concepto específico para México.

¿Cuál es el origen de estos festivales? ¿Hay alguno en específico o algo concreto que haya provocado la existencia de todos los demás?

Para mí, un parteaguas fue el Festival de Berlín, que surge de la iniciativa privada y de instituciones, incluyendo el gobierno berlinés. Y digo esto porque la mayoría de estos festivales son financiados por las ciudades, pues son muy costosos. Tal vez por eso en el Festival de las Luces de Lyon (La Fête des Lumières), que es una especie de Festival de Cannes pero de la luz, por ejemplo, el apoyo total de la ciudad se debe al origen religioso de este gran acontecimiento. Al parecer, todo comenzó con una leyenda o un milagro que sucedió con la virgen. La gente comenzó a poner veladoras en las ventanas de sus casas y, desde entonces, todos los 8 de diciembre, desde hace más de 100 años, hay una tradición llamada Gracias María (Merci Marie) en donde le agradecen de esa manera a la virgen por aquel milagro.

¿Fue así como surgió la idea de traer esos conceptos a la ciudad de México?

No. Simplemente fui a ver de qué se trataba y a ver la luz, el manejo de la luz. Pero me quedé reflexionando sobre la cosa de la identidad. Digo, yo ya había trabajado en varios festivales de cine y una de las cosas que tienes que trabajar primero es la identidad. ¿Por qué uno más, si hay tantos festivales? De esa manera se empieza a trabajar para diferenciarse del resto. Este punto de partida es importante. Por eso comenzamos a trabajar con la identidad de nuestro propio proyecto. Originalmente no iba a ser así: de la luz. Solo teníamos en mente un pequeño recorrido, en algunas calles, y ni siquiera en la Ciudad de México, sino en Oaxaca. En principio, el público caminaría por algunas calles cercanas, muy pocas, y eso era todo...

Me explico. La idea que yo tenía era la de la deconstrucción cinematográfica. Es decir: en lugar de estar sentados frente a la pantalla viendo cómo pasan los 24 cuadros por segundo, acá era salir y caminar por algunas calles y ver esos 24 cuadros en 24 fachadas distintas. Entonces, ahí el espectador ya deja de ser alguien que está sentado y pasivo y se convierte en un transeúnte que va armando su propia película al ir viendo esas fachadas. Obviamente, hacer eso es muy ambicioso, muy complejo. Pero, al menos, tomamos esta idea de la deconstrucción del cine para reflexionar que tenía que haber algo más.

¿Qué otra cosa artística tenías en mente al inicio?

Pensé en las paredes de México y en los muralistas. A partir del muralismo nos dimos cuenta que estas paredes están hablando. Estos muros con ese arte de gran formato, ese arte que crean colectivos y personas, y en el caso de México, por los grandes muralistas Rivera, Orozco, Siqueiros, que plasmaron ciertas situaciones sociales del momento histórico que les tocó vivir. Esto me dio la idea de las paredes hablando vivamente.

Entonces, por un lado está la deconstrucción del cine y por el otro la tradición del muralismo.

Así es. Y en nuestro caso, es pensar el muralismo virtual, pues nosotros no vamos a pintar las paredes de ningún modo. Las proyecciones, las luces o las velas son nuestros materiales. Filux fue este año un recorrido, como si fuera una cinta cinematográfica, y aclaro que no es contar una historia necesariamente así, pero se podría decir que es un filme y que tú vas viendo cuadros y tú vas haciendo tu propia película.

Cuéntanos un poco cómo lograste aterrizar estas ideas. ¿Cómo tradujiste estos conceptos tan complejos y abstractos a la vez para este festival mexicano por segundo año consecutivo?

Tengo que aclarar que el festival es internacional. Los elementos mexicanos estuvieron ahí por el espacio del Centro Histórico de la Ciudad de México, pero nosotros tenemos presencia en una red internacional de festivales de la luz, viajamos a varios de ellos durante todo el año, y es así que se arma una curaduría. Con la curaduría comenzamos a ver y a analizar varias piezas, algunas son proyecciones, otras son esculturas, otras son cosas hechas solo con velas, etcétera. Pero Filux, por ejemplo, tuvo también la participación este año de artesanos del Museo de Arte Popular.

Por supuesto hay artistas especializados en la luz ya consagrados, que también estuvieron presentes exponiendo su arte. Filux tuvo ese espacio público y esas calles, que nos proporcionó la ciudad, y también espacios privados, cerrados y patios coloniales, como San Idelfonso, la sede de la SEFI (Sociedad de Exalumnos de la Facultad de Ingeniería de la UNAM), en fin, esos espacios del antiguo barrio universitario que la UNAM y su Fundación nos cedieron durante los cuatro días que duró el festival.

¿Por qué el cambio de Oaxaca a la Ciudad de México? lo pregunto pensando que México tiene muchos otros centros históricos, también importantes y hermosos.

A veces no me gusta responder a esta pregunta porque mi respuesta es muy tonta (risas). Nada, porque me gusta mucho Oaxaca y ahí empezamos. Ahora bien, esto fue una idea primigenia por aquello de que solo teníamos contemplado un recorrido muy pequeño, muy controlado... y Oaxaca nos brindaba eso, además de su magia especial. Pero bueno, ya que tenemos bien cristalizado el proyecto, preferí enfocarme desde al año pasado en la Ciudad de México, en su Centro Histórico. Se me vino la idea de una calle, Regina, por ejemplo, por aquello que ya te platiqué acerca de la deconstrucción. Pero con el tiempo se fueron sumando actores, aliados, y luego el gobierno del DF abrazó el proyecto, pues supo entender de qué se trataba y tuvo la sensibilidad para colaborar en el sentido de las calles, los accesos a los recintos, la inclusión de la Fundación UNAM fue el mismo caso, también se sumó Conaculta, Bellas Artes, el Laboratorio Arte Alameda, en fin... todos se fueron agregando, y entre todos creció y fuimos armando este amplio recorrido. Por eso, la primera emisión de Filux 2014 cobró unas dimensiones que no nos esperábamos. ¡Asistieron 2.5 millones de personas! Se rebasó completamente nuestra capacidad y todo.

Háblame sobre el Foro del Filux y del gran aporte mexicano al tema de la luz.

Fue un foro gratuito al que te tenías que inscribir. Se realizó el viernes 8 y el sábado 9 de mayo en el Museo Franz Mayer. Ahí se reunieron latin designers, artistas y gente que gestiona el patrimonio cultural e histórico, etcétera. Y bueno, aparte de estos artistas, tuvimos la presencia este año del director de La Fête des Lumières, y también vinieron el director del Festival de Jerusalén y el del Festival de Helsinki.

Por otro lado, este año es El Año Internacional de la Luz, declarado como tal por la Unesco. Por eso, este año es especial. Una de las promotoras de este año especial ante semejante instancia fue una doctora, la doctora Ana María Cetto, que es mexicana. Esto, como bien dices, es muy importante mencionarlo, pues ella está trabajando en el proyecto del Museo de la Luz, que sería un museo único en el mundo. El Museo de la Luz, si todo sale bien, estará en Ciudad Universitaria. A finales de este año comienzan a construirlo. Ella estuvo precisamente en el foro y nos habló de este museo y de otras actividades relacionadas con este Año de la Luz.

¿Qué puntos contempló el recorrido del Filux?

Los espectáculos se presentaron desde el jueves 7 y culminan a este domingo 10 de mayo, de las siete de la tarde a las 12 de la noche. Hubo grandes espectáculos, por ejemplo, en el Zócalo hubo globos monumentales hechos de helio y luz, hubo proyecciones en el Museo de San Idelfonso, el Palacio de la Autonomía, la Plaza de Santo Domingo, la Alameda Central, y una muy hermosa en el Palacio de Bellas Artes. Tuvimos además los alebrijes de luz, que estuvieron en la Alameda, hechos por los artesanos del Museo de Arte Popular. Llamó mucho la atención una obra que se ha presentado en el Festival A-Part, del sur de Francia, y que nos mandaron de allá, son unos cuadros en homenaje a los trajes de luz de los toreros hechos con fibra óptica. Tuvimos también un holograma en la Sinagoga Histórica Justo Sierra, una obra realizada por un artista que lo que hizo fue revivir a Ilse Weber, una víctima del holocausto. La proyección holográmica la revive haciéndola cantar una canción de cuna y, en fin, tuvimos muchas piezas más. Como ves, hubo mucho arte hecho luz en el Centro Histórico de la gran Ciudad de México, ahora a preparar el Festival del año entrante.