La Cuaresma, entre pescados y mariscos

Filetes, ceviches, cocteles, paella y sopas, acompañados de michelada con clamato, los platillos favoritos.
Los diversos sitios ofrecen menú variado.
Los diversos sitios ofrecen menú variado. (René Soto)

Ciudad de México

Los manjares de mar y agua dulce pueden encontrarse en la vieja Viga, un lugar ya conocido por casi todos, de modo que es mejor desviar los pasos y recalar en otros comederos, donde es costumbre saborear platillos, sobre todo en temporadas cuaresmales; y habrá que aterrizar en los mercados de Mixcoac, en el sur, y de Azcapotzalco, allí donde se disputan el origen de las quesadillas de pescado, también llamadas pescadillas, famosas porque las regalaban a clientes, pero los dueños optaron por cobrarlas debido al abuso de golosos y gorrones.

Y hacia allá van los ávidos, ya sea a bordo de autos particulares, taxis o Metro, estación Mixcoac, sobre avenida Revolución, sin importar abrirse paso entre banquetas atiborradas de comerciantes ambulantes y sortear prendas colgadas, cual lianas en la selva de concreto, mientras topan con baches y otros viandantes, pero bien vale la pena, lo saben, para luego descubrir puestos de comida que dan a la calle, como si estuviera en la Costera Miguel Alemán, y leer la carta adherida en láminas:

Filetes, ceviches, coctel de camarón, paella, empanadas, sopas y ostiones, acompañados de michelada con clamato. Miembros de familias moquean mientras saborean su caldo de camarón; otros exprimen botellas de salsa Tabasco sobre filetes de pescado empanizado. Para los que no creen en cuaresmas también hay carnitas, pero lo que hoy prevalece son pescados y mariscos al por mayor, con gente ansiosa, aunque hay lugares donde se arremolinan más, como sucede en Los Güeros.

—¿Lo que más vende?

—Vuelve a la vida, camarones al mojo de ajo, campechanas y coctel de camarón —dice Jesús, El Güero menor, mientras escucha a Juntos y Felices, un trío de jóvenes que interpreta Lamento Boliviano, de Los Enanitos Verdes.

Al negocio Ostiones La Roca no le va igual, pues todavía falta para llenar el local, donde presumen que comenzó la tradición de ofrecer a los clientes un consomé de camarón y dos quesadillas, mientras esperaban su turno.

"Lo hacíamos porque era tanta la gente, que no la podíamos tener esperando, pero después nomás venían a tomarse un refresco", por lo que suspendieron esa atención, recuerda Juan, quien habla del mercado de San Pedro de Los Pinos, sobre la misma ruta, que tiene buena la calidad de mariscos, algo que nadie lo puede desmentir.

Y más hacia el norte, en el mercado de Azcapotzalco, los preponderantes, por no hablar de monopolio, son Los Jarochos que, con varios locales y mucha clientela, están por encima de Los Delfines; y es que con los primeros también nació la tradición de obsequiar quesadillas de pescado, pero desde hace unos años empezaron a cobrarlas.

Y aunque Los Jarochos tienen una variedad de paltillos exclusivos y mucho más clientes adictos a su estilo, Los Delfines, mientras tanto, no se rinden.

También hay opciones para degustar postres, de manera especial en la puerta de la vecindad marcada con el número 50 de avenida Azcapotzalco, donde hay una escarapelada mesita de medio siglo, entre marañas de puestos callejeros, sobre la que se acumulan gelatinas endulzadas con rompope casero.