Entre caos y gritos de desesperación supo que estaban a salvo...

Diana y Alfredo recordarán esta tragedia junto con el nacimiento de su hija; bebé y madre fueron de las primeras rescatadas.
Labores para retirar escombros de la clínica.
Labores para retirar escombros de la clínica. (Jorge Carballo)

Ciudad de México

Cuando Diana Cardozo dio a luz a una pequeña de 2 kilos 900 gramos, jamás se imaginó que convalecería en dos hospitales en menos de 24 horas. Era una de las pacientes del Hospital Materno Infantil Cuajimalpa; había llegado la noche del martes.

Su hija, a la que quiere bautizar como Allison Sofía, nació poco antes de las 8 de la mañana del miércoles. La bebé, de mejillas rosadas y piel rojiza, dormía tranquila en el área de cuneros antes del accidente.

El jueves, a las 7 de la mañana, una pipa de gas explotó en el estacionamiento de la clínica donde convalecía Diana, lo que recordará junto con el nacimiento de su hija. Ella y su pequeña fueron de las primeras personas en ser rescatadas de entre los escombros.

Posteriormente fueron trasladadas al Hospital General de Balbuena y su estado de salud se reporta cómo estable; la joven mamá solo presenta una lesión en la ceja derecha. Allison Sofía está intacta; con sus menos de 36 horas de nacida, resistió el impacto del estallido que acabó con 70 por ciento del hospital.

Más de cien personas se encontraban en la clínica al momento de la tragedia, entre consultas, alumbramientos y actividad cotidiana. Alfredo, esposo de Diana y papá de Allison, se enteró de lo sucedido a través de los reportes televisivos.

Como pudo llegó al hospital de Cuajimalpa, la destrucción que vio provocó el peor de los pensamientos; el caos era absoluto: ambulancias, paramédicos, gritos desesperados que solo desalentaban al joven padre.

De alguna forma supo que su familia estaba a salvo; no recuerda cómo ni quién le informó que las mujeres más importantes de su vida estaban bien. De Cuajimalpa se trasladó con todo y suegros a la zona de Balbuena, donde le confirmaron las buenas noticias.

Esperó unos minutos en la sala de Urgencias y, como dicen por ahí, el alma le volvió al cuerpo cuando le dijeron que Diana y Allison estaban sanas y salvas. La noticia no solo le cambió la vida, también le demostró que hay que vivir eternamente agradecidos.

En otro lado del hospital que recibió a madre e hija después del siniestro, se encontraba Carlos Chávez, chofer de la pipa que provocó la tragedia. Su estado de salud se reportó como estable a lo largo de todo el jueves y su situación legal está por determinarse.

Su familia se encontraba en el exterior del hospital esperando noticias. Con ellos no se pudo hablar, pues las preguntas de decenas de reporteros provocaron su enojo.

La madre y hermano del chofer se enteraron del siniestro como la mayoría de la gente, a través de los medios de comunicación. El reporte médico solo los calmó un par de horas, pues entrada la noche el Ministerio Público de la procuraduría capitalina los convocó para interrogarlos. Los familiares se limitaron a exigir un trato justo por parte de la autoridad y que la empresa de gas no los use como chivos expiatorios.