El barrio de Jesús, todo para su niño Dios

Las personas llegan con sus niños en los brazos envueltos en sábanas, cobijas o rebosos, muy bien abrigados, como si los cuidaran de no pescar un resfriado. Caminan entre los puestos y preguntan ...

Ciudad de México

Entre las calles de Jesús María y Manzanares, en la parte no turística del Centro Histórico, esa que sigue siendo “el barrio”, como cada año, en la víspera de la fiesta de la Candelaria, cientos de comerciantes van a vender ropa confeccionada por ellos mismos; ropones, túnicas, vestidos, trajes, todo para su niño dios.

Las personas llegan con sus niños en los brazos envueltos en sábanas, cobijas o rebosos, muy bien abrigados, como si los cuidaran de no pescar un resfriado. Caminan entre los puestos y preguntan por los precios. Hay para todos los gustos, desde faldones sencillos hasta otros que parecen vestidos de quince años en miniatura.

María Ester Cendejas Lozada, vendo ropa de niño dios.

¿Hace cuánto tiempo vende aquí?

Tiene como 20 años.

¿Usted comenzó el negocio?

No, fue mi mamá.

¿Usted hace la ropa?

Sí, la hacemos.

¿Desde qué fecha comienzan a trabajar?

Desde junio.

¿Cuántos trajes hacen para la temporada?

Por arriba de 100 por modelo.

¿Cuántos modelos tiene?

Como diez.

“Pásele, pásele; todos viene con accesorios” grita un vendedor. “Pregunte sin compromiso, todos vienen con alas y guaraches” grita otro.  Hay tantos modelos como los de la muñeca Barbie. San Judas, de la Sagrada Familia, de los Olivos, del Rosario, Chinelo, Atocha, Nazaret, Justo Juez, Belem, Ángel de la Guarda, de la Salud, el Papa, Niñopa, la Santísima Trinidad, Pescador, Mariposas, la Fe y el Trabajo, lo Diez Mandamientos, y un largo etcétera. 

Me llamo Margarita Ayala, vendo ropa de niño dios.

¿Usted hace toda la ropa?

Sí, nosotros fabricamos.

¿Cuánto tiempo tiene vendiendo aquí?

30 años, mi mamá me traía a vender.

¿Alguna vez le han pedio algún vestido raro?

Me pidieron el “El Niño de la Calle”

Los precios varían de acuerdo al tamaño del festejado, desde los 15 hasta los de 60 centímetros, que son los más grandes. Hay sillitas de madera, urnas, moisés y hasta caballos para poder exhibirlos.

Soy Patricia Díaz, vendo vestimentas de niño dios

¿Desde hace cuánto vente usted?

Desde hace unos 40 años

¿El negocio es de usted?

No, le ayudo a mis cuñados.

¿Cuál es el traje más raro que le han pedido para vestir un niño Dios?

Los de los futbolistas.

¿Cuál futbolista le pidieron?

¡Uh!, no me sé los nombres.

En el lugar no sólo hay sastrerías y talleres de confección, también están los puestos de reparación para esos niños que no han tenido demasiada suerte y han perdido una mano, un dedo, un ojo: los niños dios que han caído en el cumplimiento de su deber. Como ese pobrecillo al que le están serruchando una mano, el especialista ha dicho que de no amputarla se corría el riesgo de que dañara toda la estructura y entonces sí, sería imposible salvarlo.

Rubén González García, soy reparador de niños dioses.

¿Cuánto tiempo lleva reparando niños dios?

Tengo más de 34 años.

¿Este oficio dónde lo aprendió?

De mi papá

¿En esta temporada cómo cuantos niños repara?

Del diario, del diario, unos 100 niños diario.

¿De qué material es la pasta con la que los repara?

Es este, pues ora sí que pasta de yeso, también los pinto con laca.

¿Por qué cree que la gente prefiere reparar su niño que comprar uno nuevo?

Pues por el tiempo que tienen con su niño, en este caso por decir, cómo este, me la trajeron orita para repararla, podrían comprar una   nueva, pero como ya tienen tiempo con ella, pues prefieren mejor mandara a arreglar.

A espaldas del Convento de la Merced, el tianguis del niño dios trabajará horas extras hasta el próximo domingo 2 de febrero, día de la Candelaria, el día todos los niños estrenarán ropa, zapatos y accesorios.