CRÓNICA | POR ELIA CASTILLO

“En los albergues hace más frío y me lleno de piojos”

Cada noche brigadistas recorren las calles para convencer a los indigentes de acudir a un centro, donde recibirán abrigo y comida.

El proyecto inició en noviembre pasado y culmina el último día de febrero de 2014.
El proyecto inició en noviembre pasado y culmina el último día de febrero de 2014. (Daniel Cruz)

México

Para Urbano Vázquez, un albañil proveniente del Estado de México, la falta de trabajo lo ha orillado a quedarse en la calle, pero prefiere pasar la noche bajo un puente de Tlalpan que ir a un albergue, porque “luego hay un montón de piojos”.

Él es uno de los cientos de indigentes que pernoctan en diferentes vialidades o parques de la Ciudad de México, por lo que es persuadido a refugiarse en alguno de los 10 albergues que ofrece el Gobierno del Distrito Federal en esta temporada invernal.

Urbano se niega a recibir una cobija para que el frío sea menos severo. Señala que no le gustan esos centros porque “ya se ha llenado de piojos muchas veces y además hace más frío ahí que en la calle.

“Es que dan la comida bien fría y luego te tocan lugares donde hace un chingo de frío; aquí (en la calle) consigo cobijas me tapo y ya”, asegura.

Aquí comienza la labor de Jorge Mancilla, coordinador de la brigada nocturna del Instituto de Asistencia e Integración Social (Iasis), quien intenta convencerlo de aceptar la propuesta. Pero Urbano prefiere quedarse ahí, entre los matorrales, en una cama que acondicionó con las cobijas que le han dado en diferentes ocasiones y las propias.

El recorrido de los brigadistas continúa por los bajopuentes, donde por lo menos 15 personas rechazan ser trasladadas. Mancilla explica que no se les puede obligar, porque la Comisión de Derechos Humanos los respalda.

Desde el 1 de noviembre a la fecha, los operativos nocturnos del Iasis se realizan como parte del programa A frío invierno, calor humano, con el que han trasladado a mil 600 personas a alguno de los albergues con capacidad para 800, donde reciben una cama, cobijas y comida caliente.

Uno de ellos es la Casa del Estudiante, ubicada en la calle Sur 65ª, colonia Viaducto en la delegación Iztacalco. El equipo de seis personas recorre las calles de la ciudad a bordo de una camioneta Van blanca, cargada de cobijas para tratar de convencer a las personas en situación de calle de que se refugien o, en su defecto, les dejarán una manta para cubrirse.

De esta manera tratan de impedir que haya decesos a causa de las bajas temperaturas. Este programa, creado por el gobierno capitalino en coordinación con la Secretaría de Desarrollo Social, inició en noviembre y culmina el último día de febrero de 2014.

La labor sigue a las 22:00 horas, cuando el frío es casi insoportable debido a la entrada del frente 21. La población permanece resguardada en sus casas; sin embargo, para muchos esto no es posible.

Uno de los puntos donde hay un gran número de indigentes jóvenes es el puente que conecta la terminal de autobuses de Taxqueña con avenida Tlalpan; el panorama es aún más devastador.

Una pareja de 20 y 21 años duerme en el filo de este puente. Los autobuses pasan frente a ellos a escasos 30 centímetros. Con tres bebés de uno, dos años y seis meses, Brenda García y José Martínez pasan la noche sentados; ella sostiene a uno de sus hijos con una mano y en la otra lleva un papel con “activo”.

También se niegan a ir al albergue, porque no les gusta estar separados y ahí los apartan. “Es que ahí nos dividen y nosotros queremos estar juntos, con nuestros bebés”, señala José mientras insiste en no ser grabado por la cámara de televisión.

Después de un rato de labor de convencimiento, los jóvenes acceden a ser llevados al refugio; minutos después cambian de opinión, ya que aseguran que pasarán más frío.

Los albergues funcionan las 24 horas para la población fija; es decir, aquella que se registra y puede entrar y salir las veces que quiera. O bien de 5 de la tarde a 8 de la mañana para aquellos que son rescatados de la calle.

La última visita es a la glorieta de Insurgentes, donde Ramón Fuentes Morales acepta una cobija, aunque al preguntarle si quiere dormir en el albergue no lo piensa y accede. No regresa la manta, porque se la lleva a uno de los adolescentes que se encuentra en las mismas condiciones: “Es su regalo de Año Nuevo”.

Aquí terminó la jornada de la brigada, con una sola persona a bordo de la camioneta.